domingo, 4 de noviembre de 2012

Él nunca llegará a ella




El año académico había sido una basura. Sin duda, Freddie se rindió a inicios de Octubre. Sus pensamientos eran vagos, al contrario que su pasión desmedida por Nerea. Él suponía que estos casos se solían ver mucho a finales de la educación secundaria. Un cócktail mal digerido de arrogancia, alcohol, sexo e inmadurez era la mezcla perfecta para el fracaso escolar, o esa era la escusa que les gustaba poner a los profesores, alumnos y padres para enmascarar la falta de rendimiento.
Los últimos días siempre son extraños pero agradables. Al no haber más materias por estudiar, aquella última semana se convierte en un trámite en el que la gente se limita a hacer vida social, mientras los profesores informan a los alumnos que materias necesitan recuperar.

Freddie esperaba a un extremo de la clase, como si esperara una condena que sabe cuando y cómo pagará. Por la ventana puede ver como las hojas de los árboles se mueven por el viento y como el humo de los porros que se estaban fumando unos compañeros suyos se dispersaba.

Poco a poco el aula se fue quedando vacía. Podía escuchar como las chicas de la última fila (unas cotorras que siempre reían y eran el hilo musical del curso, hablaban de como un participante de un reality show se había encamado con una) habían formado un debate junto al resto de la clase.

Desde hace unos días, su relación con Nerea había cambiado. No por ninguna discusión, ni tampoco por infidelidades (como suele ser común a esas edades), simplemente empezaba a caer en cierta rutina. Sin embargo, esto a él no le importaba, tan solo quería estar con ella y punto.

-Tengo que decirte que tu rendimiento en matemáticas ha bajado de una forma drástica, creo que aun podemos salvar el curso, pero tendrás que hacer estos ejercicios- le dijo el profesor.
Joan era un hombre de mediana estatura y barba prominente, en ocasiones el resto de compañeros le llamaban "papa pitufo". No era un mal profesor, pero sin duda su metodología había quedado algo antigua con los tiempos que corren.
-Te juro que nunca había visto un caso tan drástico como el tuyo, ¿Se te ha muerto alguien? - preguntó mientras le miraba fijamente a los ojos.
-No, nada de eso- respondió Freddie sin dudar.
-Pues parece que estás en otro mundo desde hace unos meses, ánimo, aun puedes salvar esta materia- dijo poniéndola la mano en el hombro- resuelve estos ejercicios, es una manera de subir la nota.

Al salir del instituto, vio como sus compañeros se dispersaban en grandes grupos a distintos sitios. El no encajaba demasiado en ninguno de ellos, y de pronto abrió los ojos.
Freddie había sido abandonado por él mismo y aparte de él, también había abandonado los estudios, a su familia y a sus amigos, todo para meterse en una historia con una chica con la que nada valía. Una relación en secreto que tarde o temprano le dejaría a él en un desierto, absolutamente solo.
Fue extraño sentir como unas palabras de un profesor le habían devuelto a la realidad "parece que estás en otro mundo". Una frase tan corta y rotunda que hería, como un llamado claro del mundo real que se lo decía claramente.
Empezó a ver algunas fotografías de sus amigos en redes sociales, en fiestas, cumpleaños, botellones y en todas él tenía claro el mensaje que interpretaba "Estamos aquí. ¿Donde estás tú?

Freddie, al igual que el humo, se había dejado llevar por el viento. Durante los últimos meses, el había estado fingiendo no estar con nadie mientras se encontraba con Nerea por las noches. Ella no quería que nadie se enterase, no quería dar explicaciones, no quería dárselas a nadie, ni a ella, ni a él. Por muchos intentos de Freddie de normalizar la relación, todo conducía a un callejón sin salida.

Pero ahora, era urgente parar.
Mientras Freddie regresa a casa en bicicleta, sintiendo como el viento acaricia su pelo, siente como lo que sentía por Nerea se iba apagando, como una vela en invierno. Asume la ruptura con Nerea como si se hubiera producido en esa corta conversación con ese profesor.

En casa, empieza a leer los problemas de lógica, nada del otro mundo. De repente, para en el apartado 5.
"Supongamos que entre dos personas, A y B, hay dos metros de distancia. Y A quiere acercarse a B, pero en cada paso ha de cubrir exactamente la mitad de la distancia total que le resta para alcanzar a B"
Como un auto reflejo, Freddie empieza a escribir.
"El primer paso es de un metro, el segundo de medio metro, el tercero de un cuarto de metro. Cada paso de A hacia B será más pequeño, y la distancia se irá reduciendo en una progresión eterna, pero lo sorprendente es que, mantenida la premisa de que cada paso sea equivalente a la mitad de la distancia total que los separa, por más que avancé, por más que luche, A nunca llegará con B"
Empieza a sentir un temor en el pecho, una fuerza extraña le oprime la caja torácica mientras termina esa frase. Puede que ese ejercicio ayudara a explicar la teoría de los limites que cambió la historia de la ciencia, pero Freddie se dio cuenta que esa respuesta se había convertido en una carta de despedida. La misma carta que dudará en dejarla en el buzón de Nerea.
En esa carta, el intenta explicar de una manera lógica que la historia entre ellos se había acabado. A nunca llegará a B.


5 años después, Freddie volvería a casa de Nerea sin avisar. No entró, tan solo dejó la carta que no tuvo valor de dejar hace unos años. El tiempo se había encargado de distanciarles hasta tal punto de que se habían vuelto desconocidos.
Da un último vistazo al portal y se retira por la larga calle que le llevaba hasta un parque que siempre le trajo recuerdos.
De pronto, recordó a todos esos amigos que ahora ya no están, o que simplemente son una imagen pequeña en una red social que le felicitan en los cumpleaños, cumpliendo un protocolario saludo con iconos y símbolos de exclamación.
Esos recuerdos le producen cierto escozor dentro del pecho, sin embargo, es placentero. Era como si hubiera una pequeña herida cicatrizándose, una marca en la piel que quieres acariciar y reconocer, disfrutar por todo lo que significa para él. Ahora que aún puede sentirlo y recordarlo.
La memoria es muy traicionera, y entierra a las personas sin miramientos, sin pausa ni prisa, como si fueran fotografías sin papel o un video sin imágenes.
Freddie se monta encima de su bicicleta y se dirige al nuevo sitio en donde estudiará el presente año, eran las 9 de la mañana y quedaba una hora para entrar dentro del recinto.
-Y ahora, ¿A donde voy?
Él ríe mientras vuelve a pedalear, disfruta del viento en su rostro y del dolor que siente en el pecho, porque es posible que, pronto, ese dolor y ese viento desaparezcan.


Inspirado en la teoría de distancias en el libro de David Trueba- Saber perder. 

martes, 30 de octubre de 2012

Ya no te quiero.

De pronto me vi sentado en aquel banco en medio del parque. En ocasiones pensé que ese sitio estaba encantado, ya que muchas cosas importantes en mi vida habían sucedido allí. Desde el primer amigo, el primer beso, la primera borrachera, mi primer cacheo policial y sobretodo, ella.
Ella es era una chica especial que entro en mi mundo cuando menos lo esperaba y deseaba. No me confundáis, no soy un cascarrabias ni un amargado, pero el amor me ha dado muchísimos problemas en mi vida.
Siempre que me enamoraba de una chica estaba:
-Loca
-Idiota
-Obsesionadas con sus ex.
-Con ex obsesionados con ellas.
-O una mezcla de lo anteriormente dicho.

En todos los aspectos, mi vida sentimental se basaba en el querer y no poder por causas del azar o destino, como si de una canción de un compositor con trastorno bipolar se tratase.
Entonces apareció ella, en una de esas fiestas de barrio en los que grupos teloneros de segunda fila llaman a sus seguidores para darle ambiente a la fiesta y clientes a los numerosos vendedores de bebidas alcohólicas.
Entre esa multitud, estaba ella. Formando parte de una inmensa cola liderada por un hombre fornido y con perilla mal afeitada rellenando vasos gigantes de cerveza a un precio módico.
Jugaba con su pelo mientras observaba el móvil constantemente, como si de una conversación de vida o muerte se tratase, movía los dedos con gran rapidez. La típica amiga de un amigo que es prima de otro amigo en común, así la conocí.

Después de 4 o 5 encuentros "accidentales" en los que nos encontrábamos en las mismas fiestas empezamos a salir. Creo recordar que empezó un 15 de octubre. A partir de ese día podría decir que estaba en el punto perfecto de toda relación. Ese punto en el que encuentras una estabilidad extraña dada nuestra edad, en la que los momentos felices lo saboreabas y los amargos los superabas. Donde los celos los notabas como muestras de afecto incontrolable y no como un sentimiento posesivo-obsesivo.
Si algo no olvidaré de esos días, son sus rebeldes rizos que se colaban entre mi camiseta (más de una vez encontré algún que otro pelo en ella antes de meterla en la lavadora) y sus extraños ojos (entre azules y verdes) que sentía que podían llegar a hiptonizarme y dejarme más idiota de lo que ya estaba.

Ese periodo de mi vida duro 634 días. Como en la mayoría de parejas, llega un momento en que la pasión desaparece y se vuelve rutina y decidimos dejarlo.
No por nada, no por nadie, solo nosotros sabíamos la realidad. Simplemente no queríamos hacernos daño, había llegado un momento en el que, si bien ya no sentíamos pasión el uno por el otro, había quedado un sentimiento distinto pero importante.

Pasaron los meses y dejamos de vernos. Ella pronto empezaría un erasmus y se iría a Londres una temporada, y decidí en un arrebato proponerle vernos en el parque en donde nos conocimos (después de ver una comedia romántica)

Y allí estaba yo, en esa fría tarde en la que el sol tintaba de naranja las ventanas de los edificios. Rodeado de niños jugando, abuelos hablando y camellos traficando en alguna esquina.
Ella apareció con aquellos ojos idiotizadores y esos rizos aplastados por una gorra hibernal. Tan guapa como siempre había sido y con el gesto de incomodidad que nunca había podido ocultar cuando estaba en una situación que le producía nervios.

-Así que te vas ¿verdad?- le dije al verla sentarse.
-Yo tampoco me lo creo- respondió ella acomodándose el pelo en los hombros- estoy emocionada.
-Los viajes son importantes- respondí mirando a un par de niños pelear delante de la atenta mirada de un abuelo, quien acudía a separarlos.
-No idiota, lo digo por tu llamada- dijo ella.
-Debí anularla, fue un arrebato.
-Esta bien, es extraño todo esto.
-¿Qué habría pasado si no hubiéramos roto?- le pregunté después de un largo silencio.
-No lo se, quizás no podríamos estar hablando como ahora.
-Quizá.
-Seguramente no, el alargar las cosas cuando no tiene sentido suele romperlas- dijo ella mirándome con esos enormes ojos.
-¿Sabes? - le dije interrumpiéndola- la gente no suele tener la oportunidad de ponerle un bonito final a una historia.
-¿A que te refieres?- preguntó ella.
-Piénsalo, desde pequeños somos unos buscadores de historias- le contesté- en los cuentos de hadas, en las películas, en las series y canciones, en las personas, en nosotros mismos.
-Tiene sentido- dijo suspirando- ¿no cambias eh? siempre tan rebuscado.
-Supongo que vernos ahora es una buena manera de acabar, mejor que por una red social o un mensaje corto en un teléfono móvil.
-¿Eres feliz?- me preguntó de golpe.
-Eso son pequeños momentos, uno no puede ser feliz siempre.
-Creo lo mismo, te estaba probando, quería saber si te habías amariconado con el tiempo- dijo con aquella amplia sonrisa que le caracterizaba.
-Eras la chica- le dije mirándole a los ojos- siento haber dejado de sentir lo que sentía por ti.
-Lo mismo te digo.
-Algún día encontraremos a alguien y quizá tengamos que repetir esta escena con otras personas- le respondí.
-Eso no lo sabemos, igual resulta que es para siempre- dijo ella mirando al suelo mientras pasaba un dedo entre un mechón de su pelo.
-Supongo que si.
-Espero que tu próxima novia no deje pelos en tu camiseta- dijo ella riendo.
-Te adoraba.
-¿Cómo?- preguntó ella descolocada.
-Pues que te adoraba por esas cosas- le respondí- era como tener tu olor conmigo y en ese momento, me encantó tener tus pelos en mi camiseta, sobretodo por que eras tu la que los dejaba.
Ella soltó una de esas pequeñas risas que se apago al instante, al igual que la mía. Nos tocamos las manos y jugueteamos con ellas un poco, como hacíamos hace unos años.

-Oye, me voy ya, tengo que arreglar un par de cosas en casa- me dijo soltándome la mano- me alegra saber que te va bien.
-No hay problema, cuídate mucho y no te vuelvas alcohólica- le respondí dándole dos besos y viendo como caminaba a paso ligero pero constante por el camino de la derecha, que daba a la calle en donde estaba la parada de bus.
-Oye- le dije dando un grito.
-Dime- dijo ella alzando la voz.
-Espero que te vaya bien.
Ella soltó una sonrisa que aun tardo en olvidar. Ha pasado un tiempo desde aquel día y sigo manteniendo un buen recuerdo de ella y de ese parque. Normalmente los parques y los meses no suelen marcar nada en el transcurso de una vida, sin embargo, en ese parque y en ese frío mes, pasó algo que no suele pasar.
Pasó algo que la gente no suele tener la oportunidad de hacer, ponerle un bonito final a un libro.

sábado, 13 de octubre de 2012

Me echarás más de menos a mí que al perro ¿verdad?



Tanto Ana como Raúl estaban intentando estudiar usando la larga pero efectiva metodología de estudio de él. Se basaba en cortar unos papeles del mismo tamaño y escribir en una cara una posible pregunta del examen y en la otra la respuesta, de esta forma estudiaban, intentando hacer de esa asignatura algo lúdico.
-¿En serio crees que esto tiene sentido?- preguntó Ana mientras amontonaba un puñado de pequeños papeles en el centro de la mesa en donde estaban sentados.
-Si, siempre me funciona, verás como aprobamos- respondió mientras escribía con una minúscula letra las respuestas en un lado del papel.

La tarde paso lentamente, la casa de Raúl estaba sola, lo cual invitaba a un ambiente intimo entre él y Ana. Eran pareja desde hace unos 4 años, desde que acabaron un ciclo medio de administración. En pocos meses empezaron a salir y poco más tardaron en afianzar lo que ninguno de los dos buscaba, una "relación abierta"
Aunque estaban intentando estudiar, lo cierto es que un pensamiento les carcomía a ambos desde hace meses y ninguno tocaba el tema para evitar tomar decisiones apresuradas. Ana se iba de erasmus a Londres en verano y no volvería en 4 meses, lo cual hacía que un cambio en la relación se cernía entre ambos.

-¿Qué pasó con tu perro?- preguntó Ana al ver que la cama del pequeño perro de la madre de Raúl no estaba en la esquina.
-Pues mi madre lo ha llevado a casa de una amiga suya- respondió Raúl- se ve que esta deprimida y dicen que los perros ayudan con estas cosas, me da rabia que se lo lleve y haga con él lo que quiera.
-¿Y se quedará ahí para siempre?- dijo Ana sorprendida.
-Pues no lo se, creo que no, he criado prácticamente a ese perro, no pienso abandonarlo en manos de una cuarentona- respondió Raúl.
-¿Hace cuanto que lo tienes?
-Mas o menos 6 años.
-Y nosotros llevamos casi 4 años.
-Si, parece increíble ¿verdad?- dijo Raúl.
-¿Increíble por qué?
-Nada, por el tiempo que ha pasado desde que nos conocimos.
-Y me iré de erasmus dentro de poco...-dijo Ana tocando el tema por primera vez en meses.
-Pues si, será una pena- dijo Raúl.
-Bueno, sabes que nuestra relación siempre ha sido abierta- dijo Ana.
-Si, lo sé, sin compromiso.
-¿Me echarás de menos?
-Pues claro que lo haré mujer, pero tu diviértete.
-Perdona, ¿has dicho que me divierta?
-Si, es tu erasmus has de disfrutarlo.
-¿Y tu que harás? ¿Disfrutarlo también?
-Supongo.
-¿Disfrutarás que no este contigo?
-Supongo que si.
-Eres imbécil- dijo Ana sin cortarse un pelo al decirlo.
-¿Por qué?
-Has dicho que disfrutarías mientras yo no este.
-¿Y que hago? ¿Llorar?
-Joder, si es que mírate- dijo Ana mirándole de arriba a abajo- te da igual, si es que te has enfadado más por lo del perro que por lo de mi erasmus.
-Pero joder, a mi perro me alegra los días todas las mañanas.
-Vete a la mierda.
-No, perdona, no he querido decir eso.
-Entonces si el perro te importa y te has enfadado por que una cuarentona se lo ha llevado a casa, igual yo tendré un amante cuarentón millonario en Londres.
-Pues tú verás lo que haces- dijo Raúl enfadado.
-Mírate, pero si te has enfadado- dijo Ana riéndose- entonces tu podrás disfrutar de tus chicas aquí ¿y yo no puedo buscar un cuarentón millonario?
-¿A donde narices quieres llegar?- preguntó Raúl.
-¿Qué seremos cuando empiece el erasmus?
-No tengo ni idea Ana.

Se hizo un silencio en el salón que nadie se atrevía a parar, quizás nadie tenia nada mejor que decir.

-Tan solo quiero saber cuanto te importa esta relación- dijo Ana
-Mucho- dijo Raúl.
-Pues no lo parece.
-Por tu parte tampoco, si es que por eso tenemos una relación abierta- dijo Raúl- Nos queremos, pero tampoco nos queremos a niveles que no podamos vivir.
-¿Te acuerdas de esa película donde un millonario le ofrece a una pareja 1 millón de dólares a cambio de acostarse con la chica?
-Si, me suena pero no la he visto.
-¿Aceptarías 1 millón de dólares por mi?
-Bueno, tendría que hablarlo contigo y quizás hacemos un negocio.
-Desde luego a veces creo que no eres más idiota al expresarte por no ser un mono- dijo Ana.
-Oye, que al menos compartiríamos el dinero, no sería todo para mí.
-Solo faltaría, a mi me follan y tu tan campante- dijo Ana.
-¿Te lo quieres llevar todo? Joder, serías mi chica- dijo Raúl indignado- ¿Y por qué estamos discutiendo esto? No creo que ningún pirado pagase un millón de euros por acostarse con alguien.
-¿Crees que no lo valgo?- dijo Ana más indignada aun.
-Si lo vales, pero con la crisis que esta cayendo igual pide un descuento.
-Pero joder, no soy una puta, no hago carnet por puntos idiota.

Después de quedarse en silencio una vez más, se vieron cara a cara, en una mesa llena de pequeñas hojas cortadas sin saber que decirse, tanto que llegaron a la conclusión de que ambos querían lo mismo, pero no sabían como decirlo.

-No me divertiría- dijo Raúl.
-No te entiendo- dijo Ana.
-Que no pienso divertirme mucho cuando tú ya no estés, ni me hace gracia lo del cuarentón, ni lo del millonario amante.
-No pienso estar con nadie allí mientras tengamos esta relación....abierta- dijo Ana mirándole a los ojos y sonriendo.
-Ni yo pienso liarme con ninguna chica hasta que vuelvas- dijo Raúl.
-Pero... ¿Y si nos ofrecen 800 000 euros? Yo lo vería bien.
-Sería cosa de hablarlo.
-Me echarás más de menos que al perro ¿verdad?
-Que si
-¿No estarás con nadie hasta que vuelva?
-No lo haré.
-...Eres una nenaza- dijo Ana mientras ordenaba los pequeños papeles esparcidos por la mesa.
Vete a la mierda Ana- dijo Raúl riéndose.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Enamorarse a mi modo

*Yo me enamoro *Tú pasas de mí *Él te besa. *Ella me dice "yo ya te lo dije..." *Nosotros somos amigos. *Vosotros sois algo más. *Ellos, mis amigos, ya me avisaron. *Yo me jodo viendo vuestras fotos en Face. *Tu lloras *El te deja *Ella , mi gran amiga, me dice que lo veía venir *Nosotros terminamos hablando de tu mal de amores *Vosotros volvéis a los 3 días *Ellos, mis amigos, se ríen pensando en lo patética que es la situación. *Yo intento pasar de ti. *Tu intentas llamar mi atención. *El se va liando con cualquier chica *Ella me cuenta que se lío con él. *Nosotros no podemos mantener una conversación normal. *Vosotros os engañáis en público diciendo que sois felices *Ellos, mis amigos, se ríen mientras fuman psicotrópicas hierbas. *Yo ya no siento que me muevas la tierra *Tu empiezas a dejar de sentir atracción por él. *El vive tranquilo, tampoco le llegaste a importar mucho. *Ella me dice que él es un chulo descarado y ese es su encanto. *Nosotros nos distanciamos poco a poco *Vosotros cortáis simplemente por cambiar de dinámica. *Ellos y yo nos vamos de fiesta, no más dramas. *Yo conocí otra chica *Tu conociste otra chica también. *Él se rapa la cabeza y se pone 10 pircings en la cara *Ella detesta su manera de poner labios de pato en las fotos. *Nosotros nos contamos como nos fue. *Vosotros ya no os habláis *Ellos, mis amigos, se empiezan a distanciar. *Yo deje de ver a aquella chica. *Tu te enteras que tu chica te fue infiel *El desaparece de la clase, de la calle, de la vida. *Ella me cuenta que tuvo un accidente. *Nosotros vamos a visitarle. *Vosotros ya no sentís nada el uno por el otro, como mucho lástima. *Ellos me dicen que tienen algo que contarme *Yo te veo y no siento que me aceleres el pulso *Tú crees que lo mejor fue no ser nada más. *El se va a vivir al extranjero *Ella, mi amiga, decide que es momento de cambiar de aires y se va a Italia. *Nosotros dejamos de vernos y nos convertimos en simples recuerdos. *Vosotros tenéis algún que otro correo electrónico de vez en cuando *Ellos, mis amigos, me confiesan que son gays *Yo les dije que ya lo sabía. *Tú me encuentras una noche en una discoteca *Yo te vuelvo a mirar. *El alcohol nos hace decir y hacer locuras. *Nosotros despertamos en una casa completamente vacía. *Yo miro al techo y no me explico nada, pienso que igual el destino no esta escrito, que nada tiene sentido, que debe haber un sanguinario escritor en esta historia. Pienso que me siento protegido. Quizá sea el azar, quizá fue el alcohol, quizá fue el alcohol de garrafón. No se si es la resaca o el amor, pero me sentí extraño y confuso, rodeado de una enorme sensación. Pienso que el calor que siento a su lado puede ser explicado por la ciencia como fiebre y por la religión como dios, Pero seguramente es solo la calefacción.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Sandra. Quinta fila a la izquierda, al lado de la ventana.

El destino de las personas es algo tan variable como los dados en una mesa de apuestas ilegal (sin trileros de por medio). Nunca sabes que resultado puedes sacar o a que caminos te puede llevar, es imparable. Como si de una hoja al viento se tratara, nuestras vidas se dejan llevar con la fuerza de nuestras decisiones que tarde o temprano nos terminan guiando a senderos inimaginables. Sin embargo dicen que el azar no deja de ser controlable, que en nuestra mano esta decidir cual es el camino que vamos a recorrer. Ese era el caso de Sandra, quien se resistía a pensar que su futuro dependía de el resultado aleatoria de una carambola en su vida. Ella se debatía el significado de esto último desde su habitual sitio en el aula. Desde inicio de curso se sentaba siempre en la quinta fila a la izquierda, al lado de la ventana. Siempre la quinta por ser su numero de la suerte y siempre al lado de la ventana por su pasatiempo favorito desde que empezó la secundaria, que era ver a la gente del otro grupo en clase de gimnasia o saber el momento exacto en el que la gente va saliendo a la hora del patio. Sandra era una chica muy madura para su edad y con más autocontrol de lo que normalmente eran el resto de su compañeras. La mayoría de estas aun tienen pájaros en la cabeza y ocupan gran parte de su tiempo a pensar en sus amores imposibles (amores imposibles que les dan un motivo para pensar en todo menos en sus problemas de verdad). Ella tenía claro que incluso sin ser mayor de edad, ella no estaba en el grupo adecuado. Se sentía una adulta en un envoltorio equivocado, una mente madura en un cuerpo aun no madurado. Lo que le hacía en ocasiones muy infeliz. Sin embargo, sus deseos siempre habían sido etéreos para ella o para los demás. Mientras el resto de chicas ejercían su libertad sexual recién estrenada, ella se limitaba a decir que no esperaba a ningún hombre para darle el placer sexual que necesitaba, pero esto era una careta. Alguna mañana se paraba delante del espejo y se observaba desnuda después de la ducha. "Bien, esta es quien soy" se decía mientras examinaba su largo pelo caoba caer sobre sus pechos que, a desgracia de ella, aun no habían crecido lo suficiente para sentirse bien. Se imaginaba que muchos chicos tenían el mismo complejo delante del espejo mientras tenían una regla al lado del pene. Le gustaba su cuerpo, pero le podía gustar más. Ella sabía que gustaba a varios chicos y se dispuso a comprobárselo en alguna noche de fiesta en la que su espalda había impactado fuertemente contra la cama de alguno de esos tantos chicos que intentó tener sexo con ella. Mientras el ansioso chico intentaba quitarle el top sin éxito, ella sentía por primera vez una excitación verdadera, mucho más intensa que la que había sentido aquella tarde de domingo cuando se quedó sola en casa. Lamentablemente para ella, ese chico con más ganas que tacto no era el indicado para ella. Sandra lo comprendió cuando el chico, guiado por su nerviosismo, rompió el top por la espalda y le magreo un pecho con una fuerza desmesurada, cosa que le costó una de las patadas más fuerte que dio Sandra en su vida. Todos estos pensamientos pasaban por esa cabeza mientras el tiempo pasaba y el concierto de sillas chirriando señalaba el fin de la hora. Mientras ella jugaba con su pelo antes de salir y observaba como los estudiantes de bachillerato salían, un chico le miraba desde el otro extremo de la clase. Tal chico se la pasaba mirando todas las clases desde que llego a ese instituto. Le cautivo sus extraños ojos grises y su manera de estar tan distante en el mundo y parecer tan cercana cuando te miraba. Mientras esto pasaba, Sandra jugueteaba con su pelo sin dejar de mirar el patio. Sabía que sus labios no tocarían los de otro compañero o compañera de clase, no quería complicarse tanto la vida, por cual intentaba no tener ningún contacto más allá de lo típicamente correcto. Ella seguiría siendo ella. La distante, la distraída, la pensativa, la que no se siente en el cuerpo correcto, la que maduró antes de tiempo, la que por la ventana mira. La chica de la quinta fila.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Primer día- Una nueva historia

Mientras caminaba hasta mi nuevo instituto (y llegaba tarde, como bien marcan mis cánones) buscaba una canción en el iphone que acompañara el momento. Como ya he dicho en distintas ocasiones, creo que la vida es como una buena serie de TV, y por tal necesita una buena banda sonora en el capitulo piloto.

De pronto veo rostros conocidos sin conocerse, como cuando vas a una librería y pasas por enormes escaparates con distintas portadas. Seguramente los había visto por las calles pero no eran más que parte del decorado de las calles de Barcelona.
Una típica mañana normal de finales de verano, en una calle común en un día cualquiera, pero no lo era.
De eso me di cuenta al entrar por las puertas de ese edificio, creo que fue al ver la cara de algunos de ellos. Unos se conocían de cursos anteriores y ya eran un grupillo antes de entrar, el resto (como yo) iban por libres y lanzaban miradas furtivas y curiosas alrededor de los rostros, buscando el momento adecuado para mirar sin ser vistos.
Nos hicieron pasar a un enorme salón en el cual nos fuimos sentando haciendo la típica "formación del primer día". Y con esta formación me refiero a buscar el sitio adecuado lejos de la mesa del profesor. Los mejores sitios suelen ser los costados y en el medio. Si vas al final de todo, serás de los primeros que el profesor hará sentarse delante para "llenar las sillas".
Estar en el medio también tiene la ventaja de que estás lo suficiente mente lejos de profesor como para que no sospeche que tienes el teléfono móvil en el cajón del pupitre. Sin embargo, me senté adelante del todo, al lado de una ventana, como siempre he hecho en todas las clases que he podido.
Poco a poco la sala se fue llenando de nuevas caras y alguna que otra risa, sobretodo por la parte en donde estaban sentados los que ya se conocían de antes.
Yo por mi parte, y creo que más de la mitad del resto buscaban algo que mirar sin saber como iniciar una conversación, como yo.
Supongo que la mayoría estábamos igual de incómodos. Fue entonces cuando empecé a analizarlos lentamente.
Tengo la mala costumbre de examinar a la gente y a raíz de eso, intentar imaginarme su historia. Lo hago desde que tenía 12 años, cuando entre en primero de la ESO. Fue una mañana de marzo en la que me los presentaron. Un barbudo y viejo profesor de mates (que sería mi tutor los dos primeros años) me presentó en el grupo C. Y mientras hablaba sobre lo cordiales que debían ser conmigo, miraba a las personas de la primera fila. Uno era un chico algo despeinado y con tirabuzones en el pelo, podía distinguir sus ojos verdes a través de las gafas. Tenía un gesto divertido, como si le hiciera gracia lo que escuchaba. Me lo imaginaba riendo con sus amigos, no me lo imaginaba triste de ninguna forma. El agujero que lucia en el codo de su camiseta de manga larga me hizo pensar que seguramente tenía un skate o bicicleta con la que había tenido más de un accidente.
Al lado de él, no había nadie sentado, al igual que en la última fila, donde había un chico con un flequillo al más puro estilo adolescente de Disney, muchos granos y una mirada que evitaba mirarme, claramente no me invitaba a sentarme a su lado.
Entonces el chico del pelo despeinado se levanto y me dijo que me sentara a su lado. Desde ese día, me siento seguro en la primera fila y al lado de una ventana. Sobre este chico solo puedo decir que fue un gran amigo, con sus pros y sus contras, pero tengo un buen recuerdo de él, aunque ahora tan solo sea un cuadro de 64x64 en Facebook.

Vi una chica a 3 o 4 mesas de mi con unos ojos azules impresionantes que miraba su móvil, seguramente leía alguna actualización en una red social o hablaba por mensajes con alguna otra amiga. También vi una chica morena de top verde y frondosos rizos que miraba curiosa al resto de compañeros. Al otro extremo de la clase, un chico con una camiseta de un grupo inglés "The Kooks" que se le veía muy entretenido hablando con su vecina de la mesa de atrás.
Justo detrás de mí había un chico rubio que miraba detenidamente la carpeta que nos acababan de dar por estar en ese centro. Parecía igual de nervioso que yo y sin saber que decir.
Si algo he aprendido estos años es que hay que romper el hielo pronto con la gente nueva, ya que luego el hielo se hace más duro y es más difícil de romper, incluso en aquella mañana de finales de verano en las que el sol aun daba sus últimos coletazos de calor.

Cuando los profesores empezaron el discurso protocolario, se hizo el silencio total de la clase, lo cual hizo que las miradas entre todos fueran inevitables. Mis ojos de cruzaron con el del resto e intenté sonreír, creo que necesitaba hacerlo y era lo más recomendable, hice lo que me habría gustado que hicieran conmigo.
Mientras hablaban de como se organizarían los grupos de clase, pensé que este era el inicio de un año en el que todas esas personas, esas personas que son libros empezando a escribir un nuevo capitulo.

No les conozco, no tengo ni idea de como son más allá que su aspecto físico, pero creo que me caerán bien. Llamadme idiota, pero creo que lo se por sus miradas. Las cartas están en la mesa y el prorrogo ha sido escrito, ahora solo queda ver lo interesante que puede ser esta historia. Su historia, mi historia, nuestra historia.




viernes, 7 de septiembre de 2012

6 de septiembre/ Un día normal, un día más.



Carlos es el chico promedio. No muy alto, no muy bajo, ni guapo, ni feo, normal. El siempre pensaba que era la típica cara que salía de extra en alguna película de bajo presupuesto. Una de esas personas sin rostro que forma parte del decorado de una escena romántica.
No busca el amor ni ser amado, prefiere no arriesgar. "Estoy bien como estoy ¿Debo cambiar?" es la frase que se repetía mil veces mientras hablaba con aquella loca Irlandesa con la que mantenía un contacto durante ya 5 años por Internet.
Había tenido la oportunidad de tener una relación estable con una chica, pero la rehusaba. Esa chica en cuestión se llamaba Laura.
Laura era la hija de un matrimonio vasco-aragonés que decidió mudarse a Barcelona a inicios de los años 90 en busca de un futuro mejor. Su padre era un amante de los cómics de Marvel, dueño de un pequeño bar en el extrarradio de la ciudad y su madre era una guapa secretaria que trabajaba en un despacho de abogados, con una enorme colección de muñecas de porcelana que en parte heredó de una hermana muerta en un accidente.
Carlos y Laura se conocieron en un cumpleaños de un amigo en común. Se quedaron hablando sobre lo horrenda que les parecía la última película de una trilogía cinematográfica.
Laura era una chica fría, algo distante y de mentalidad relajada. No se tomaba las cosas con prisas, pensaba que no siempre se necesitaba estar demostrando afecto en palabras o en actos. Para ella todo eso se podía demostrar tranquilamente en una tarde viendo la TV o simplemente dejando espacio entre ambos, lo suficiente para que no le diera asco.
Carlos era feliz con ello, no eran nada, no estaban obligados a nada y eso es lo que más libertad le daba. Sin embargo, cuando la veía no sabía bien como actuar, le incomodaba.
Ellos dos se conocieron el 6 de septiembre del 2011, 1 semana antes de empezar sus respectivas clases. y pasado un año, apenas tienen contacto.
¿El motivo?
Pues el motivo de siempre, Carlos.
Carlos era la antitesis de aquella frase de Belle and Sebastian. "Colorea mi vida con el caos de los problemas". Laura empezó a sentir más de lo que el podía asimilar. La idea de tener una pareja le producía una indigestión emocional que no le dejaba respirar en las noches, en las que no podía dormir tranquilo.

Poco a poco fue dejando de hablar con Laura de manera sutil, sin éxito. En estas cosas nunca puedes hacerlo de tal manera. Laura lo aceptó y siguió con su vida 3 semanas después de unas tensas conversaciones en las que ella hacía preguntas y Carlos solo daba excusas. La cuerda se rompió.

Carlos conoció por una red social a una chica de Irlanda. Agradable, guapa y parecía tener muchas cosas en común con él, lo cual le daba muchísimos temas de conversación. No buscaba más que eso, y el hecho de que Irina viviera tan lejos hacía que no se produjera el incomodo momento de verse cara a cara.

Laura empezó a salir con otro chico y Carlos sintió celos durante 48 horas antes de demostrar su olímpica habilidad para quitarle importancia a todo.
Carlos era un Peter Pan más, alguien que prefería aceptar la mierda y no pedir nada más por miedo a algo diferente.
Esta historia ha durado 1 año entero en escribirse. La historia de Carlos, la historia de los Carlos de este mundo puede que se este volviendo a escribir. Si has de arriesgar, hazlo. Si te equivocas, lámete un poco las heridas, levántate y vuélvelo a intentar, no te quedes atrapado en tu monotonía. Puede que te esperé algo mejor o peor, pero distinto.
No tengas miedo, fracasa, levántate y si fracasas de nuevo, fracasa mejor.
No seas Carlos
No seas uno más.





martes, 28 de agosto de 2012

El buen amante

Como Adán y Eva, nosotros también tenemos siempre una tentación. Por mucho tiempo que pase eso seguirá siendo así, asúmelo. Siempre existirá una persona que hará el papel de la manzana prohibida, pero es parte del ser humano.
Es fácil pensar:
"Menuda zorra entrometida"
O también:
"Es un traidor roba-novias"
Comprendo que lo digan, pero me jode el desprecio que le dan. Es decir, no es fácil ser el amante, y todos los que hemos estado en esa situación lo sabemos y como todo, hay buenos y malos amantes.
Y cuando digo esto no lo digo por sus buenas o mala intenciones, hablo de como llevan su rol (cosa que no se hace con facilidad, queridos)

Paso1- El contacto:
Era una tarde normal, en un sitio normal con una chica normal, pero todo cambio en cuanto puso la mano sobre la mía. Era extraño, ya que además de ser una chica algo cortada, también era de tener un nulo contacto físico con los amigos. Ella tenía novio en aquellos días del 2009, un compañero de clase con el que salía desde hace 4 meses, pero como toda relación de hoy en día, tenia sus altibajos.
Esa tarde nos liamos. Lo invitaba el momento y los impulsos que ambos teníamos. Me encantaba enredar mis manos en sus cabellos y el olor a manzana que desprendía.
Después de separar nuestras bocas, un incomodo silencio nos hizo soltar una risa sin sentido, ya que sabíamos que teníamos que aclarar que había pasado y entonces dijo.
-Me gusta estar contigo, pero estoy enamorada de él.
"Bien, al menos es sincera" pensé. Fue entonces cuando vi la practicidad de mi situación. Me gustaría seguir besándola, seguir quedando con ella a escondidas e incluso follar como leones si se da el caso. Más allá de lo poco ético que le pueda parecer a la gente o a mi mismo, es lo que deseaba.

Paso2-Proceso.
Lo pasábamos realmente bien ya que ambos sabíamos lo que buscábamos y sabíamos lo que queríamos. Ella le quería a él , yo solo quería sexo con ella y mantener la amistad que teníamos, era sencillo y los remordimientos míos eran nulos (en el fondo, se que soy mala persona). Una de las claves de todo era una buena planificación, ya que solo nos encontrábamos en momentos en que ella tenía completa libertad de movimientos y yo una gran discreción. Hasta ese entonces, éramos felices dentro de nuestras posibilidades.

Paso3-Putrefacción
"Tenemos que hablar" (si, la temida frase)
Así empezó ella, con esa lapidaria frase en el portal de mi casa. La chispa se acabó, lo que había ya no esta y que simplemente quería dejar de verse íntimamente conmigo, fue entonces cuando cometí el gran error del amante primerizo.
Todo lo poco que pensé que me importaba ya no era así. Ahora la necesitaba y quería tenerla a mi lado, inclusos llegué a sospechar que la quería (gran error). Es simplemente el “culo veo culo quiero”
Aquí la regla más importante de los amantes, y es que da igual lo mucho que tu corazón luche, tienes que tener claro que eres un amante y que no llegará a más. Cuando uno de los individuos rompe esa regla, empiezan los problemas.

Paso4-Fin
En mi caso me quedé callado y me tragué lo que sentía. Era lo mejor para mi y para ella sin duda, pero el acto reflejo es intentar destruir esa relación a base seducir de nuevo a la chica (o chico) de turno. Cuando esta persona decide cortar el lazo que le une a su amante, normalmente no lo hace de forma tajante, no deja la puerta cerrada del todo.
Cuando hay tanta pasión de por medio, se empiezan a cometer errores. Impulsos que hacen que todo lo bien planificado que teníais los horarios para verse deje de serlo. Todo empieza a desmoronarse hasta que se hace la tragedia. La tercera persona se entera de esa relación y se va todo el carajo para todos.

La gente se centra en lo malo que es el adulterio, y si, no es bueno, pero tampoco me atrevo a juzgarlo. Como diría una chica a la que leo normalmente "tienen la razón, pero no toda la razón"
No soy una persona que crea en la religión, creo en la humanidad, y la humanidad nos ha demostrado 1 y 1000 veces que no es buena.
Estamos condenados a comer el fruto prohibido, hacer lo correcto y lo incorrecto, a vivir bajo una falsa moral por la simple razón de que nos hace sentir vivos.


domingo, 26 de agosto de 2012

Twitter

Solo recordaos que tengo Twitter, siganme los buenos (y malos)!
https://twitter.com/SlainteNan

miércoles, 22 de agosto de 2012

Hola, yo también he sido una mala persona.

Me niego a pensar que la gente se limite a ver las cosas como negro o blanco, pero siempre pierdo esa batalla.
Todo es lo que es. Tanto haces, tanto eres. Tanto dejas de hacer, tanto deja de ser. En este mundo esta claro que existe el bien y el mal en las personas. A todos en nuestra vida nos ha tocado tratas con alguna mala persona. Esa clase de personas que después de una mala jugada, te has dado cuenta que es lo más despreciable que has conocido y prefieres no saber más de él.
Vale, bien.
Es lógico hacerlo, yo mismo lo he hecho alguna vez. El problema es que me ha tocado ambos papeles. Yo también he sido el malo de la película, al igual que cualquier persona que pueda estar leyendo esto.
Aquí os dejo el camino base, por si sois de los que nunca han matado una mosca (No te lo crees ni tu)


1- El nuevo malo.
Si, a partir de ahora eres el malo de la película. El que no aparecía en la escena final de la misma, ya que el valiente héroe se había encargado de deshacerse de ti. No eres nada, y lo poco que eres es despreciable para ti y para los demás.
A partir de este punto, hay 2 clases de malos. Los malos que de verdad lo son, y los que simplemente la han fastidiado. Y aunque a muchas personas les cueste verlo, no todo es blanco o negro.
En mi caso si, cometí un craso error que me definía a mi como un cabrón integral (el primer paso es admitirlo, pequeño inútil) y por muchos argumentos que tuviera, ninguno era escusa para tal estupidez.

2- Retiro.
Decides apartarte del la escena del crimen y de los implicados. No te sientes a gusto contigo mismo y tampoco con los demás. El momento de tener la manta en la cabeza, envolverte en ella y crear un capullo en el cual puedas refugiarte hasta escampar el temporal.
Piensas, piensas mucho, puede que demasiado. Te replanteas que podrías haber hecho para no estar en esta situación (nada, claramente, estas cosas caen por su propio peso)

3-El perdón.
Si tienes algo de bueno en ti, tarde o temprano lo terminas pidiendo. Quizás solo para estar en paz contigo mismo, pero lo necesitas. En mi caso escribí una carta pidiendo perdón de todas las maneras posibles, al que recibí una respuesta poco positiva.
Que no podía volver a confiar en mí, tampoco quería tener ningún tipo de contacto conmigo y que no me lo iba a perdonar.

4-Resignación.
Ya intentaste todo lo humanamente posible. Pediste perdón, aceptaste tus errores, educadamente se lo has hecho saber a esa persona y has cumplido su deseo de no volver a hablar con ella. En ese momento empiezas a ver el final del túnel. No se acaba el mundo por el rechazo de una persona y tampoco por no ser "una buena persona" para un grupo de gente.

5-A vivir.
Si no eres una mala persona de por si, pasas por este particular camino hasta volver a la normalidad absoluta. Algunos obtienen el perdón, otros (como yo) no lo recibimos y tenemos que vivir con ello siempre. Puede que para algunas personas tu seas una mala persona, un mentiroso, lo peor que pueda existir y la persona con menos ética en este mundo. Sin embargo, aunque no puedas cambiar la opinión que tenga esa gente, o esa persona en particular, si puedes cambiar como te verán en el futuro las próximas personas que conozcas.
La vida sigue, para todos. Todo lo pasado termina siendo un recuerdo, un mal trago, una mala pasada, una más.


martes, 14 de agosto de 2012

Te quiero, pero no me agradas.

Hola

Puede que esta carta nunca la llegues a abrir pero, es que tengo que decirte algo que no puedo aguantar dentro y llevo mucho tiempo queriendo decírtelo.
Odio tus jodidas pecas. No es nada personal, pero es que no me gusta tu cara. Parece que tuvieras cacao esparcido por el rostro y cuando lloras pareces una ensalada de frutas con trocitos de fresa. Tampoco me gustan tus ideas paranoias sobre el futuro. No me gusta tener planificado lo que haré dentro de 6 años, ni 2, ni 1, Dudo seriamente que quiera saber que haré en 6 meses. En cambio tú planificas cada instante de tu vida y además esperas que yo participe en ella sin contar lo que deseo o no.
Ah, y tu hermano. Tu hermano es un idiota.
¿Sabes lo mucho que me cuesta mantener una conversación con ese depravado? Todo lo conduce al mismo tema. Es como un soliloquio sobre lo mucho que le agradan las felaciones, incluso sospecho que se las hace a si mismo.
Te deseo la muerte cuando evitas tener una charla seria conmigo. Siempre sales con ocurrencias o simplemente tonterías para no hablar del tema, me evitas, me rehúyes, me desesperas. Idiota. 
También detesto que bebas más que yo. Creo que bebo moderadamente, pero tu en cuento ves una botella te transformas en un viejo borracho londinense. Luego soy yo el que te lleva a casa y tengo que aguantar tus vomiteras (haces ruidos de dinosaurio acatarrado cuando lo haces)
Me has hecho dar alergia a los vampiros con todas esas películas de "Crepúsculo" que me has hecho ver, estoy harto del vampiro metrosexual ese. Nunca antes había deseado tanto que un hombre lobo se comiera a un protagonista.
Créeme que detesto cada uno de tus mensajes crípticos del Whatssap. Las caritas tristes, los puntos suspensivos, los mensajes con doble lecturas, las fotografías que me envías para darme celos. Me estás volviendo loco.
Y loco tendría que estar para seguir contigo, y sigo aquí, tal imbecil escribiendo todo esto.
Para mi desgracia, te quiero.
Y no suelo decirlo a menudo, es más, evito decirlo porque hoy en día la gente lo dice con tanta ligereza que ha perdido todo su valor, pero no encuentro otro motivo para que me haga aguantar todo esto.
Odio tus pecas, sin embargo las echo en falta.
No me importa planificar un futuro a medio o largo plazo si eres la que esta junto a mi, eso me desespera, pero me agrada. (¿soy masoquista?). Me haces reír diciendo tonterías y por mucho que me hagas rabiar por no poder charlar contigo de forma serie, me alegras el día. Y aunque hagas sonidos de velociraptor después de una borrachera, eres mi velociraptor, eso me llena.
Por tu culpa miro el teléfono cada 5 minutos comprobando si tengo un mensaje nuevo, para así poderme comer la cabeza pensando en ti.
(No digo nada del vampiro metrosexual ni de tu hermano, me siguen pareciendo idiotas los dos)

Sin duda no eres la persona que habría deseado tener en mi vida, sin embargo eres la persona que quiero en ella.

Enviado el 24 de Marzo del 2010

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Respuesta:

Un Velociraptor?
Hemos terminado.



Enviado el 25 de Marzo del 2010







miércoles, 8 de agosto de 2012

Día 1 después de muerto - El nuevo ejecutor


(Voy a experimentar con la fantasía, a ver que tal)

Primera misión.
 Sneak Peak


Desperté como si de un sueño se tratase. Estaba en un salón con una calurosa chimenea que iluminaba la estancia. El ruido de la madera quemándose fue lo que seguramente me hizo despertar, entonces fue cuando recordé lo que me paso.
Me había pasado un coche por encima, pude sentir como mi cuello había emitido un sonido estremecedor. Toque mi nuca y moví el cuello mientras me incorporaba, no tenia ningún rasguño, ninguna herida.
-¿Ya has despertado del todo?- dijo una voz que venia de la puerta.
-¿Quién eres?- le dije mirando hacia la oscura puerta, donde solo podía ver la silueta de un hombre iluminado por la luz del fuego de la chimenea.
-Si eres cristiano, te diría que soy San Pedro- dijo el acercándose y descubriendo su figura. Era un hombre mayor, tendría alrededor de 50 años. Tenia una larga coleta que le caía por la espalda y una frondosa barba negra que le hacia parecer un naufrago teniendo en cuenta lo delgado que era- pero me gusta que me llamen Homer.
-¿San Pedro? ¿Ese no era el guardián de la puerta del paraíso?
-Veo que aun te acuerdas de las clases de religión de aquel colegio de monjas canadienses- dijo sentándose en un sillón que tenía al lado- Ahora preguntarás “¿Estoy muerto?” Y yo te diré que sí.
-¿Estoy muerto?
-Si- respondió él sacando un paquete de cigarrillos de su chaqueta de cuero- ¿ves? Te lo dije, ¿Quieres un cigarrillo? No te va a matar.
No le respondí, supongo que estaba un poco en shock por saber que estaba muerto. Todo se había acabado, no volvería a ver a mi familia, ni a mis amigos, ni a Alicia para siempre.
-Perdón, a veces no puedo evitar esa clase de bromas.
-No, tranquilo- le respondí sentándome a su lado mirando al suelo.
-Te veo bastante tranquilo, me alegro- dijo el dándole una calada al cigarro.
-Y ¿qué pasa ahora? ¿Dónde estamos?- le pregunté mirando el lugar.
-Antes de responder a tus preguntas te tengo que hacer una a ti- dijo él mirándome por primera vez a la cara- ¿Has aceptado tu muerte, verdad?
-La gente muere, supongo que me tocaba ¿no?
-Ya veo…- dijo él mirando a los troncos de la chimenea, que cada vez estaban más corroídos por el fuego- ahora entiendo la razón de que estés aquí.
-No entiendo nada de lo que dices, explícame más.
-Te explicaremos todo en su momento, ahora tienes que empezar a moverte en tu nueva vida- dijo.
-¿Nueva vida?
-Puedes llamarlo “No vida” si lo deseas- dijo Homer levantándose y caminando hacia una taquilla que había en una esquina. Lo abrió y saco una pequeña bolsa de papel.
-¿Qué es eso?- le pregunté.
-Son tus herramientas de trabajo- dijo él dejándolas encima de la mesa- Yo me tengo que retirar, prometo responder a todas tus preguntas más adelante.
-¿Y yo que hago?- le pregunte acercándome a la bolsa de papel.
-Ahora vendrá Marcos a enseñarte el oficio, cuando acabéis os veré, pero antes necesito que me enseñes tu muñeca- dijo acercándose a mi.
 -¿Qué haces?- le dije intentando alejarme.
-Tengo que ponerte un sello, tienes que estar identificado en este mundo- dijo sacando un sello de la chaqueta y clavándolo en mi muñeca.
-¿Por qué no he podido resistirme cuando he querido alejar mi muñeca?- le dije.
-Pues por que en esta habitación soy dios, y tu no- dijo riendo- tranquilo, no es nada malo, imagina que a partir de ahora tienes el DNI en la muñeca.
El símbolo era extraño, parecía una brújula antigua con un ojo en el medio, el sello era de color rojo y se había transformado en un tatuaje.
-Todo esto pasa demasiado rápido, no entiendo nada- le dije al ver que caminaba hasta la puerta.
-Te acostumbraras, además, a partir de ahora eres uno de los miembros importantes de este nuevo mundo- dijo Homer abriendo la puerta- Mira, aquí esta tu instructor.
Por la puerta apareció un chico rubio con el pelo corto, sin embargo, el corte de pelo le dejaba un pequeño flequillo. Era delgaducho pero se le veía fuerte, tenía un cigarro en la oreja y venia liándose uno entre manos. Se vestía de manera normal, unos pantalones de chándal y una camiseta algo desgastada y con el cuello abierto
-Hola Marcos ¿Ha ido bien hoy? – le pregunto Homer.
-Le hemos dado bien al curro- dijo sin desconcentrarse del tabaco que tenia en una mano.
-Hoy tenemos algo para ti, harás de instructor de este chico –dijo Homer señalándome con el dedo.
-Me queda 1 trabajo por hacer hoy, no hay problema- dijo él mientras pasaba la lengua por el papel del tabaco para terminar de hacerse el cigarrillo.
-Si tiene alguna pregunta, respóndele lo que sepas.
-Lo haré Homer.
-Nos vemos luego chicos- dijo él cerrando la puerta y desapareciendo por el pasillo por el que antes había salido Marcos.
-Bueno, lo dicho, bienvenido chaval- dijo él acercándose y dándome la mano- Me llamo Marcos ¿Y tu?.
-Me llamo Sergio, encantado- le dije estrechándole la mano- ¿Qué se supone que es lo que tenemos que hacer?
-¿Homer no te ha contado nada? – dijo Marcos encendiéndose el cigarro, que resulto ser marihuana.
-No.
-Pues tela se nos avecina- dijo mirando la bolsa de papel- saca todo lo que hay dentro que en nada nos vamos.
-Pero explícame algo- dije vaciando toda la bolsa en la mesa, había un teléfono móvil, un pequeño dado y un sello- ¿A que te dedicas aquí?
-Tú y yo somos parte del equipo de ejecutores- dijo Marcos acercándose a la mesa- Y esto es el material de trabajo.
-¿Esto material de trabajo?- dije observando el teléfono.
-Si hombre- dijo él- el teléfono te servirá para localizar a la persona indicada, el sello es la manera de volver con el objetivo al más allá y lo otro es un multi-dado.
Me quedé observando las 3 cosas, parecía que me estaban tomando el pelo entre todos. Todo parecía corriente y sin ninguna diferencia a algún objeto que hubiera visto antes. Al encender el teléfono, apareció el emblema del tatuaje que tenía en la muñeca. Sin duda ese teléfono era mejor que el que tenía cuando estaba vivo.
-Vamos, hora de irnos- dijo Marcos caminando hasta la puerta- sígueme.
Le seguí y me quede a sus espaldas, el sacó su teléfono y empezó a tocar algunos botones, de pronto el contorno de la puerta se empezó a iluminar y la puerta se abrió automáticamente, era un ascensor.
-¿Dónde esta el pasillo de antes?- le pregunté.
-Yo que se- dijo Marcos- Solo se que cada vez que necesito ir a un sitio, tengo que usar una aplicación que tengo aquí, entremos.
Nos metimos dentro del ascensor y empezamos a bajar de forma lenta pero constante. El ascensor parecía  antiguo y tenía muchas firmas de grafitos pasados, algunos ponian fechas. A mi lado había una inscripción de lo que seguramente era una huella de un par de enamorados “S&C 1987”.
Marcos le dio una larga calada a su porro y lo miro, dándose cuenta que le quedaba poco.
-¿Lo matas?
-Perdona, lo deje hace mucho- le respondí.
-Estás muerto ¿qué mas da?
Le mire y me di cuenta que tenia razón, estire la mano y le di la ultima calada. La sensación era la misma a cuando lo hacia en mi adolescencia.
Marc saco unos auriculares de su bolsillo y los conecto a su teléfono. Cerró los ojos un momento y los volvió a abrir.
-Esos auriculares… ¿Son para comunicarte con el más allá también?
-No- respondió riendo- es para escuchar música, no todo es tan retorcido Sergio.
-Soy nuevo, no se nada.
-Yo también he estado en tu situación tranquilo- dijo poniéndome una mano en el hombro- luego nos fumamos un pei y con tranquilidad te explicaré todo.
-¿Cómo llegaste aquí?- le pregunté.
-¿Cómo la palmé?- me dijo mirando al suelo- Pues un accidente cuando ayudaba a mi padre, era albañil.
-A mi me atropelló un coche- le dije- y no tengo ningún rasguño.
-Pues claro que no lo tienes, tu cuerpo se ha hecho polvo, no tu alma- dijo Marcos- Si tuviera que trabajar con el cuerpo aplastado los mandaría al carajo a todos, a Homer, al Pippo y a todos, a chuparla.
-¿Pippo?- le pregunté.
-Ya te lo explicaré, llegamos- dijo él después de un brusco movimiento del ascensor.
Se abrieron las puertas y aparecimos en el típico portal de un edificio corriente, como cualquiera de los miles que te podías encontrar en España.
-¿Dónde estamos? – le pregunte a Marcos mientras le seguía por las escaleras.
-Ahora mismo en Italia, Florencia- me respondió.
-¿Qué narices hacemos en Italia?- le pregunté.
-La última misión es aquí, no hay más- respondió- Nos va tocar ir a distintas partes del mundo, así que acostúmbrate, vamos a currar como unos negros.
-¿Y que es el objetivo?
-Se llama Erico…-Marcos miro de nuevo su teléfono, busco algo y prosiguió- Se llama Erico di Santo, 79 años, viudo, 2 hijas, ático segunda.
-¿Y que tenemos que hacer?
-Pues descubrir su destino- dijo Marcos llegando hasta el último piso.
-¿No habría sido mas fácil subir con el ascensor hasta aquí?
-El ascensor de esta finca esta estropeado- dijo él mirando por debajo de la segunda puerta- creo que Erico no esta en casa.
-¿Qué hacemos?- le pregunté.
-Pues usar la lógica- dijo él tocando el timbre de la puerta de al lado.
-¿Qué haces? ¿No estábamos muertos?
-Ahora mismo no- dijo él.
-¿Quién es?- pregunto una voz femenina.
-Perdone señora, ¿ha visto al señor Erico? – dijo Marcos- Tenemos una carta que entregarle.
-Si, debe estar en su casa- respondió esa voz- no le he oído salir, llamad a la puerta más fuerte, esta un poco sordo.
-Eso haré, muchas gracias- respondió Marcos.
-¿Cómo es que habla español?- le dije en voz baja.
-No habla español, habla italiano- dijo él- al igual que tú y yo. Dependiendo donde estemos, hablaremos distintas lenguas, pero siempre nosotros hablaremos y escucharemos nuestra lengua natal.
-Entiendo- le respondí.
-Ahora nos quedan dos últimos pasos- dijo Marcos sacando de nuevo su teléfono- busca la aplicación “phantom”, lo encontraras en la lista de tu teléfono, tiene el símbolo de un triangulo verde.
Hice lo que me dijo, encontré la aplicación y inicie la aplicación, de pronto vi como mi cuerpo empezó a transparentarse, al igual que el de Marcos.
-Ahora eres inmaterial- dijo él- entra por la puerta, ahora puedes pasar a través.
Marcos pasó con total comodidad y yo intente emular lo que hizo, con éxito. Nos encontrábamos en una casa vieja. Había retratos en los distintos cuadros que había colgados en las paredes, parecían hechas al óleo. La casa estaba a oscuras a excepción de una habitación que estaba al fondo de un pasillo, parecía ser el baño.
-Ese hombre va a intentar suicidarse- dijo Marcos- y nuestro trabajo es certificar que su destino ha sido escrito correctamente.
-¿Y eso como se hace?
Marcos saco de su bolsillo un dado parecido al mío y me lo enseño.
-Esto es un multidado, igual que el tuyo- dijo- dependiendo el número, dependerá el destino del objetivo, como en los juegos de rol.
-¿Cómo funciona?
-Como un simple dado- respondió- de 1 al 3 muere, del 4 al 6 vive, así de simple.
Caminamos hasta el lavabo y allí encontramos a Erico. Era un hombre con aspecto muy mayor y cuerpo muy delgado. Estaba desnudo sentado en la taza del vater con un puñado de pastillas en la mano.
Marcos me miro y dejo el dado en la palma de su mano. Una luz empezó a emanar del diminuto objeto para luego dejar de brillar. Me pareció extraño que la luz del dado no iluminase la habitación, pero seguramente se debía a la invisibilidad que teníamos en ese instante. Marcos lanzo el dado hacia techo y lo dejo caer en su mano.
-Un 6- dijo él- tiene suerte este hombre.
-¿Y ahora que?- le pregunté.
-Pues en estos casos, se le envía un mensaje a los de arriba para decirles que a dictaminado el multidado- dijo sacando el teléfono y escribiendo algo- listo, enviado.
Al instante, Erico tiro las pastillas dentro del vater y se miro en el espejo. Me acerque para verle mejor, ante la atenta mirada de Marcos, que no parecía importarle que me acercara.
Erico tenía una cara demacrada, llena de arrugas y con los ojos rojos, seguramente había llorado antes de plantearse el suicidio. En el espejo solo aparecía el, mi imagen no se veía reflejada en el. Supuse que era algo a lo que tenía que acostumbrarme, al fin y al cabo estoy muerto para siempre.
-Hora de irnos- dijo Marcos caminando hacia la entrada- acabó mi turno, tu aun debes tener un permiso de 1 semana.
-¿Mi turno?- le pregunte.
-Si, si vienes conmigo es que eres un ejecutor- dijo él.
-Escucha- le dije sujetándole de los hombros- No se hace cuanto tiempo que estoy muerto, pero en lo que a mi concierne he despertado en un salón donde había un jodido loco hablándome del más allá y un chico que me cuenta paranoias sobre ejecutores, dados y hostias. Y por si fuera poco estoy muerto y no volveré a ver a ninguno de mis seres queridos.
-Quieres callarte ya, payaso- me dijo alejándome con una mano- nadie escoge ser ejecutor, todos hemos muerto. Ninguno de los ejecutores murió por que quería. Has muerto, asúmelo y rápido ¿Ahora me dirás que tu puedes escoger entre ser ejecutor o no?...chupamela cabrón.
-Tienes razón- le dije- es que, creo que llevo alrededor de 1 día muerto y todo es tan confuso, demasiada información a la vez.
-Si yo logré entenderlo tú también- dijo Marcos dándome una palmada en la espalda- Yo siempre pensé que el mundo funcionaba de otra manera. Pensé que éramos cachos de carne destinados a podrirse alguna vez y se acabó ¿Te imaginas mi cara cuando un hombre barbudo me cuenta todas esas tonterías sobre los ejecutores?
-Supongo que te quedarías en shock- dije traspasando la puerta con Marcos.
-Me quede loquísimo- respondió el caminando hasta las escaleras- pero aquí estoy.
-¿Cuánto llevas de ejecutor? – le pregunté mientras bajábamos las escaleras.
-Creo que 6 meses terrestres.
-¿Meses terrestres?
-Si, un día en la tierra son 4 días en el más allá.
-Entonces para ti serían 2 años- le dije.
-Si- dijo llegando a la calle-a todo uno se acostumbra.
-¿No vamos al ascensor?
-No, ese portal ya se cerró, tenemos que buscar otro.
-¿Otro portal?
-Es sencillo, solo tienes que encontrar una habitación pequeña y entrar sin que nadie te vea para que aparezca el ascensor- dijo- Vamos a un bar, en los baños podremos desaparecer.
Caminamos un largo rato hasta encontrar un bar abierto, a esas horas la mayoría ya habían cerrado. No era muy grande y solo había una camarera en la barra y un viejo jugando en una máquina tragaperras. Parecía que la partida no iba muy bien, ya que el hombre que estaba sentado delante no dejaba de suspirar. El bar no era lujoso, era el típico bar de barrio pero muy mal cuidado, uno de los focos no dejaba de parpadear continuamente y los carteles de coca cola o distintas cervezas tenían un tono amarillento. Pasamos inadvertidos por la invisibilidad que teníamos y entramos directamente al lavabo.
-Hay un pequeño dato que se me olvido mencionarte- dijo Marcos acercándose al espejo- el cuerpo que ocupas ahora mismo no es el tuyo.
-No te entiendo.
-Estás muerto ¿recuerdas? –  me dijo- ponte delante del espejo y desactiva la invisibilidad.
Hice lo que me dicto y me quede mirando al espejo. La imagen de Marc se hizo nitida al instante, pero no era él. Su reflejo era el de un hombre robusto de edad media. Tenia un bigote largo y unos enormes mofletes
-Joder, menudo cambio- le dije.
-Pues anda que tu…- dijo señalándome.
Mi imagen no era ni un hombre alto, ni bajo, ni gordo ni flaco, por no ser no era ni un hombre. El espejo me mostraba una chica joven, no tendría más de 20 años, morena y de piel canela que se miraba asombrada.
Empecé a tocarme y mirarme directamente, yo me veía como un chico, pero el espejo reflejaba una delgaducha chica.
-Tengo tetas- dije asombrado y tocándomelas con las dos manos.
-¿Tu crees?- dijo irónicamente Marcos.
-¿Y siempre seré una chica cuando baje a la tierra.
-No, es aleatorio.
-¿Y quienes son estas personas?
-Son mortales desaparecidos- dijo Marcos- gente dada por desaparecida en otra época. Las personas que son asesinadas y luego desaparecidas van directamente al más allá y sus cuerpos nos sirven de recipientes cuando bajamos.
-¿Y si les reconocen?
-No es posible, hay gente que trabaja estos temas- dijo Marcos abriendo la puerta del baño y volviéndola a cerrar- hay otra clase de ejecutores que se encargan de que estos cuerpos no coincidan con las personas que les conocían ni en lugar ni tiempo.
-Entiendo- dije mientras miraba la cara de esa chica- que lástima, era una chica muy guapa.
-Estas buena- dijo Marcos- hora de marcharnos.
El abrió de nuevo la puerta y apareció el ascensor de nuevo. Entramos y automáticamente se puso en marcha.
-Esto no parece muy difícil- le dije mientras bajábamos.
-Esto ha sido una tonterías, las cosas difíciles vienen luego- dijo Marcos- asesinatos, accidentes de trafico o aeronáuticos. Esto era un simple intento de suicidio.
-Me esperan muchas cosas ¿verdad?- le pregunté.
-Seguramente- me contestó- debes saber que ser ejecutor tiene sus ventajas en el más allá.
-¿Cómo cuales?
-Casa, horarios flexibles, paga de 5000 lunas a la semana y algunas cosas más.
-¿Casa? ¿Lunas?- le pregunté.
-El más allá es una sociedad como cualquier otra Sergio, pero con la diferencia de que no hay pobreza a menos que tú la elijas.
Saque el teléfono móvil y vi el emblema en la pantalla y lo compare con el que ahora tenía en la muñeca.
-Yo creo que los ejecutores nacen, los que no tienen madera la cagan y los reencarnan- dijo Marcos.
-¿Qué pasa si te reencarnan?
-Pues te borran todos los recuerdos y se acabó- dijo.
-Todo este mundo me supera- dije sentándome en el suelo.
-No te preocupes, date un par de días y estarás listo.
Me quede mirando la puerta del ascensor, que subía sin parar. Todo me había venido de golpe y aun tenía muchas preguntas sin responder, pero supongo que no me queda otra que aceptar mi nueva vida por muy poco que entienda de la misma. Esto es el principio de una historia con dudoso final, y dudoso inicio.


Dia1 DDM (Edad: 1 día después de muerto)



sábado, 28 de julio de 2012

Jodida Lidia/Puto Skater


¿Os acordáis de aquella frase que nos decían cuando éramos pequeños?
“Los hombres no lloran! “ Eso me repetía mi madre mil veces, sobretodo cuando me daba mi ataque de llorera en público. Yo siempre había sido un niño muy llorón, pero como todo hombrecito, tenía que controlar mis impulsos para defender mi joven hombría ya sea delante de los mayores o de mis compañeros de clase.
En resumen, a los 12 años me llevaron a Barcelona, donde viviría el resto de mis años de adolescencia, y también donde sufriría mi primera putada (o choteada)
Esto empezó por el típico chico conoce a chica, en el romántico sitio (¿ironía?) que era aquel cibercafé donde nos reuníamos amigos a jugar a un juego online. Allí conocí a Lidia, una chica de grandes gafas y hierros (braquets?) y pecosa como la juventud en muchas chicas dicta. Diría que tardé 7,4 minutos en fijarme en ella y 9,3 en entablar en una conversación, definitivamente me gustaba.
No se si era el mal gusto o el momento “Disney” de la tarde que me hizo pensar de que ella podría ser un patito feo que se transformaba en un radiante y adorable cisne.
Entonces empezó el flirteo del siglo XXI, y con eso me refiero al Messenger. Esas largas conversaciones sin sentido que llenaban las horas de madrugada a sabiendas de que al día siguiente no habría dios que nos levante de la cama.
Y si bien el resto de mis compañeros estaban descubriendo los rincones más insospechados de su propia hombría (y si, me refiero a masturbarse con violencia), yo estaba convencido de haber encontrado el amor verdadero.
Será que la gente me enseñaba en distintas películas y series que debía pensar que no importa lo mal que fueran las cosas, a todos nos esperaba un final feliz. Ese final en que encontramos a nuestra media naranja, nos casamos a los 22, tendríamos hijos, perros, casa, coche y una despedida al atardecer.(Ja)
Habían noches en las que sentía que realmente era correspondido, casi podía sentir que estaba a punto de decirme que me quería…pero, estas cosas de la adolescencia suelen irse al carajo de mil y una maneras y la más cruel suele estar reservada para el más tontorrón de turno. Yo tenía el billete ganador.
Me declaré con una mano en el corazón y otra en el teclado, con todas las frases románticas que podía acordarme de distintas películas de amor. Entonces ella no dijo más que gracias (Si, dijo gracias, así de cutre fue la respuesta) y intento evitar el tema. Para ese entonces aquel patito feo ya empezaba a ser un cisne. Aquella visita al dentista y peluquería había dado sus resultados en la cantidad de chicos que ahora se fijaban en ella como algo más que una amiga.
Entonces llego el día. Creo recordar que fue a inicios de verano cuando después de una charla cualquiera con ella cuando el tema de conversación degenero en una declaración de amor de ella hacía mí. Decía que porfin se había dado cuenta que me quería, que me necesitaba con ella, que necesitaba tenerme al lado…y ya podéis imaginar la cara de idiota que se me quedó.
Sentí como el sonido de las trompetas de victoria sonaban dentro de mi cabeza. Como el noble caballero que monta en su corcel en busca de su amada.
Mientras intercambiábamos distintos “te quiero” y mis sueños fructificaban como la saliva de los jóvenes en las discotecas, me propuso encontrarnos a pocas calles de su casa.
En ese entonces me puse nervioso, muy nervioso. Iba a besar a Lidia, la chica en la que me había pasado tantas noches pensando (si, pensando, cuando quiero a alguien el onanismo no cabe en mí. Soy rarito) me decía que quería besarme.
Tal cual desconecté, fui a mi armario buscando la mejor ropa que tenía (mi gusto con la ropa siempre fue uno de mis déficits). Me duché 3 veces ya que por los nervios que tenía no dejaba de sudar. Me miré al espejo desde todos mis perfiles y practicando que frases le diría. Practicaba caras atractivas, pero todas eran vomitivas dado mi estado de nerviosismo.
Mediante caminaba, podía notar como el cielo era más azul, las calles más bellas, las personas más amables. Sentía que todo estaba bien. Los niños jugando, los abuelos hablando en el parque, los pájaros cantando al compás de mis pasos, que se dirigían hasta mi amada Lidia. Años después vi una película que describía perfectamente mi situación, una escena en concreto.
You make my dreams true.
You make my dreams - 500 dias
Al llegar al banco del parque en donde teníamos planeado reunirnos, me senté y empecé a mirar a los lados, impaciente a la llegada de Lidia.
Pasó una hora y no tenía noticias de ella. No contestaba al teléfono ni a los mensajes de texto que le escribía. “Seguro se le acabó la batería” pensé en un primer momento, entonces recibí la llamada de un personaje al que llamaré “El Skater”.
El era un amigo que teníamos en común y amigo de Lidia desde pequeños, el me dijo que si, a Lidia se le había acabado la batería y que me estaba esperando en su casa.
No estaba muy lejos, 3 calles como mucho. Caminé y vi de lejos como el skater y un grupo de unos 6 o 7 chicos estaban detrás de él, que venía con la típica indumentaria de…mezcla de rapero y skater. La típica moda de esos días de los pantalones bajados con la sudadera un par de tallas por encima de lo necesario. Venia con la gorra y sudadera rojas, como si de un anuncio de compresas se tratase. Lo primero que hizo al verme fue reírse, mala espina.
“Espera aquí” me dijo dejándome solo en el portal mientras el hablaba por el interfono, intentando controlar (sin conseguirlo) su risa. Definitivamente todo olía mal, me empecé a sentir a la defensiva con todo, ya que podía escuchar los murmullos de los chicos que estaban algo alejados de mí, se reían sin duda.
Entonces bajó Lidia, junto con una amiga, quien también reía al verme, fue entonces cuando se descubrió el pastel. Me contó que todo había sido una broma originada de una tarde de aburrimiento de verano. Quien escribía todas esas frases había sido el puto skater y no era ella, que si bien no había sido la de la idea, fue la que dejo que él escribiera todo en pro de echarse unas risas.
Entonces aparezco en escena, tal gilipollas (idiota) con unas laminas de listerine en el bolsillo pensando en su primer beso de amor apasionado con un violinista de fondo disfrazado de rapero de cuarta categoría. Supongo que yo intentaba ocultar mi rubor ante tal escena, pero era inevitable parecer idiota o al menos sentirme como tal.   
Salí de esa portería con el rabo entre las piernas y con la moral hundida, después de escuchar las risas de Lidia y el puto skater, pero (por si fuera poco, señores) el nivel de masoquismo del guionista de esta jodida historia había hecho que al salir de ese portal, me encontrara a aquel grupito de chicos riéndose a carcajadas de la situación.                     De camino a casa el cielo estaba gris. Las calles olían a alcantarillas estancadas y las personas pasaban olímpicamente de mi cabizbaja mirada. Un niño dio un pelotazo a un vidrio de una tienda y lo rompió y una paloma se cagó encima de mi camiseta. Al meterme en la cama, bajé el telón en donde el caballero andante había acabado su viaje antes de empezar. Semanas después me enteré de que Lidia y el skater estaban juntos. “Tal para cual” pensé con rabia mientras lloraba. Y entonces me acordé  de la frase que tanto me repetía mi madre “Los hombres no lloran! “.
Claro que lloran, pensé. Pero estos hombres hacen lo mismo que hicieron yo en esa situación. Aguantar la nota hasta llegar a casa a soltar todas las lagrimas posibles en el saco de ácaros al que llamabas almohada. No lloré delante de ellos, gran gusto me llevé al no hacerlo. Y a las pocas semanas fui superando el mal trago mirando por la ventana como pasaba el verano y The Cure se encargaba de darme la banda perfecta para esos momentos.
Boys don’t cry-The Cure
Boys don't Cry - The Cure


Años después, le escribí un mail que nunca envié:

Espero que os cundieran las risas ese día
Ya que antes de tu cambio ni un cura te follaría
Sin más, que te den por culo tía
Que el skater te la meta por la “puerta de servicio”
Total, a ese con meterla le vale cualquier orificio.

Lo que habéis leído es una ficción (o no?). Cualquier parecido con personas vivas o muertas es pura coincidencia
Especialmente para ti Lidia.
Zorra.


jueves, 26 de julio de 2012

Algún día seremos viejos.


El primer día que escuché "algún día" fue cuando mi madre lo uso como escusa para no comprarme un helado a la salida de un parque temático. Siempre dijo que fue por prisas, pero yo pensaba que era tacañería.
Un helado sin fresa que me tenía robado el corazón desde que lo vi en el anuncio de la heladería. El típico reclame para mentes pequeñas. Supongo que mi madre pensó que era una cosa más. Que ese día no le venia de gusto, que simplemente prefería perder el tiempo y no poder ver la novela que tanto seguía.

La gente reduce su vida a planes. Puedes planear una vida, un trabajo, un viaje, una relación. Algún día tendrás todo eso que tanto querías. Esta en tus planes hacerlo. No sabes si hoy o mañana, pero algún día lo harás.

Algún día conocerás esa chica especial que tanto soñabas y por las noches te masturbabas. Algún día conocerás al príncipe azul en el que tanto pensabas en aquellas tardes de verano.
En mis planes entran muchísimas cosas. Escribir un libro, plantar un árbol, plantar a una chica en el altar y hacer un libro sobre ello. También probar todas las drogas conocidas para no tener la tentación de lo no conocido, pero no me veo con el valor ni las ganas de hacerlo...ya lo haré algún día.

Conocí una chica especial, sin duda lo era. Una chica agradable con la que me podía pasar largas tardes charlando sobre cosas sin sentido. Siempre había sentido cosas por ella, sobretodo cuando me tocaba. Podía sentir como los pelos de mi brazo reaccionaban como si se tratase de los de un gato. Creo que ella también se daba cuenta y se acercaba a mí a posta. En más de una ocasión tuve la oportunidad de abrirme, pero siempre pensaba que era demasiado pronto, así que me esperaba a un momento mejor.


Mi abuelo me dijo que me enseñaría a usar la antigua maquina de coser que tenía debajo de la escalera. Se podía pasar tardes enteras arreglando pantalones. Por la televisión o el videojuego de turno fui postergando su explicación, tanto así que me fui de esa casa sin aprender a hacerlo del todo. Murió sin que yo aprendiera.


Había una chica especial en mi vida pero no era parte de ella. Tenía la piel canela y estudiaba en otro instituto. Siempre fue agradable conmigo pero yo, por mi timidez, tan solo respondía con un simple hola para evitar profundizar más. Era guapa, no solo por sus grandes ojos si no también por sus grandes pechos, que a esa edad mis hormonas hacían que me fije muchísimo (¿hormonas? puede que no solo por eso las mirase) Con el tiempo nuestros caminos se separaron y nos dejamos de ver. En ocasiones la veo conectada en facebook pero me da pereza hablarle, tengo el miedo de no pasar del Hola ¿que tal? que es el ritual típico. Lo haré, se que lo haré, pero otro día.

Hace años conocí un hombre mayor que viví solo en una casa en la zona alta de Barcelona. En esos barrios todo estaba en subida. Allí, el vivía en un ático pequeño pero arreglado. Solo.
Pasábamos las tardes jugando al ajedrez y charlando sobre cualquier cosa. El había sido científico y le gustaba ceñirse en el sentido lógico de todo.
En Sant Jordi me pidió el favor que le ayudará a enviarle rosas a todas las chicas del mercado que estaba a pocas casas de su casa y donde solía ir a hacer la compra. Con esas personas el se había pasado charlando muchos años de su vida, y le gustaba tener detalles con todas ellas y luego me invito a desayunar requesón con mermelada de fresa. Nunca lo había probado, me gustó. Nos prometimos repetir la experiencia un día en que acabara mis exámenes.

Lo jodido del "Algún día" es que en la vida todo es aleatorio y la mayoría de planes se van al carajo. Unos por dificultad y otros por simple pereza, los planes terminan quedándose en un pedo mental que salió y acabó.

Ese viaje que planeaste nunca ocurrió. Nunca le dije a esa chica que me había enamorado de ella y ahora tiene una relación con otro chico.  No aprendí a coser, mi abuelo murió. Nunca conocí mejor esa chica que ahora esta al otro lado del mundo. Nunca desayuné con aquel señor, al que las lagunas acabaron con su cabeza.
Sin embargo, sigo haciendo esos planes y postergando esa reunión o viaje, me siento mejor así. Por miedo o por falta de recursos, pienso que no esta en mi presente.

De pronto dejas escapar un suspiro de incredulidad en silencio y te das cuentas que los planes no existen, que el destino es cambiante y que sin duda, algún día nos haremos viejos. Tan viejos que esos planes quedarán en un pensamiento y nada más.