sábado, 28 de julio de 2012

Jodida Lidia/Puto Skater


¿Os acordáis de aquella frase que nos decían cuando éramos pequeños?
“Los hombres no lloran! “ Eso me repetía mi madre mil veces, sobretodo cuando me daba mi ataque de llorera en público. Yo siempre había sido un niño muy llorón, pero como todo hombrecito, tenía que controlar mis impulsos para defender mi joven hombría ya sea delante de los mayores o de mis compañeros de clase.
En resumen, a los 12 años me llevaron a Barcelona, donde viviría el resto de mis años de adolescencia, y también donde sufriría mi primera putada (o choteada)
Esto empezó por el típico chico conoce a chica, en el romántico sitio (¿ironía?) que era aquel cibercafé donde nos reuníamos amigos a jugar a un juego online. Allí conocí a Lidia, una chica de grandes gafas y hierros (braquets?) y pecosa como la juventud en muchas chicas dicta. Diría que tardé 7,4 minutos en fijarme en ella y 9,3 en entablar en una conversación, definitivamente me gustaba.
No se si era el mal gusto o el momento “Disney” de la tarde que me hizo pensar de que ella podría ser un patito feo que se transformaba en un radiante y adorable cisne.
Entonces empezó el flirteo del siglo XXI, y con eso me refiero al Messenger. Esas largas conversaciones sin sentido que llenaban las horas de madrugada a sabiendas de que al día siguiente no habría dios que nos levante de la cama.
Y si bien el resto de mis compañeros estaban descubriendo los rincones más insospechados de su propia hombría (y si, me refiero a masturbarse con violencia), yo estaba convencido de haber encontrado el amor verdadero.
Será que la gente me enseñaba en distintas películas y series que debía pensar que no importa lo mal que fueran las cosas, a todos nos esperaba un final feliz. Ese final en que encontramos a nuestra media naranja, nos casamos a los 22, tendríamos hijos, perros, casa, coche y una despedida al atardecer.(Ja)
Habían noches en las que sentía que realmente era correspondido, casi podía sentir que estaba a punto de decirme que me quería…pero, estas cosas de la adolescencia suelen irse al carajo de mil y una maneras y la más cruel suele estar reservada para el más tontorrón de turno. Yo tenía el billete ganador.
Me declaré con una mano en el corazón y otra en el teclado, con todas las frases románticas que podía acordarme de distintas películas de amor. Entonces ella no dijo más que gracias (Si, dijo gracias, así de cutre fue la respuesta) y intento evitar el tema. Para ese entonces aquel patito feo ya empezaba a ser un cisne. Aquella visita al dentista y peluquería había dado sus resultados en la cantidad de chicos que ahora se fijaban en ella como algo más que una amiga.
Entonces llego el día. Creo recordar que fue a inicios de verano cuando después de una charla cualquiera con ella cuando el tema de conversación degenero en una declaración de amor de ella hacía mí. Decía que porfin se había dado cuenta que me quería, que me necesitaba con ella, que necesitaba tenerme al lado…y ya podéis imaginar la cara de idiota que se me quedó.
Sentí como el sonido de las trompetas de victoria sonaban dentro de mi cabeza. Como el noble caballero que monta en su corcel en busca de su amada.
Mientras intercambiábamos distintos “te quiero” y mis sueños fructificaban como la saliva de los jóvenes en las discotecas, me propuso encontrarnos a pocas calles de su casa.
En ese entonces me puse nervioso, muy nervioso. Iba a besar a Lidia, la chica en la que me había pasado tantas noches pensando (si, pensando, cuando quiero a alguien el onanismo no cabe en mí. Soy rarito) me decía que quería besarme.
Tal cual desconecté, fui a mi armario buscando la mejor ropa que tenía (mi gusto con la ropa siempre fue uno de mis déficits). Me duché 3 veces ya que por los nervios que tenía no dejaba de sudar. Me miré al espejo desde todos mis perfiles y practicando que frases le diría. Practicaba caras atractivas, pero todas eran vomitivas dado mi estado de nerviosismo.
Mediante caminaba, podía notar como el cielo era más azul, las calles más bellas, las personas más amables. Sentía que todo estaba bien. Los niños jugando, los abuelos hablando en el parque, los pájaros cantando al compás de mis pasos, que se dirigían hasta mi amada Lidia. Años después vi una película que describía perfectamente mi situación, una escena en concreto.
You make my dreams true.
You make my dreams - 500 dias
Al llegar al banco del parque en donde teníamos planeado reunirnos, me senté y empecé a mirar a los lados, impaciente a la llegada de Lidia.
Pasó una hora y no tenía noticias de ella. No contestaba al teléfono ni a los mensajes de texto que le escribía. “Seguro se le acabó la batería” pensé en un primer momento, entonces recibí la llamada de un personaje al que llamaré “El Skater”.
El era un amigo que teníamos en común y amigo de Lidia desde pequeños, el me dijo que si, a Lidia se le había acabado la batería y que me estaba esperando en su casa.
No estaba muy lejos, 3 calles como mucho. Caminé y vi de lejos como el skater y un grupo de unos 6 o 7 chicos estaban detrás de él, que venía con la típica indumentaria de…mezcla de rapero y skater. La típica moda de esos días de los pantalones bajados con la sudadera un par de tallas por encima de lo necesario. Venia con la gorra y sudadera rojas, como si de un anuncio de compresas se tratase. Lo primero que hizo al verme fue reírse, mala espina.
“Espera aquí” me dijo dejándome solo en el portal mientras el hablaba por el interfono, intentando controlar (sin conseguirlo) su risa. Definitivamente todo olía mal, me empecé a sentir a la defensiva con todo, ya que podía escuchar los murmullos de los chicos que estaban algo alejados de mí, se reían sin duda.
Entonces bajó Lidia, junto con una amiga, quien también reía al verme, fue entonces cuando se descubrió el pastel. Me contó que todo había sido una broma originada de una tarde de aburrimiento de verano. Quien escribía todas esas frases había sido el puto skater y no era ella, que si bien no había sido la de la idea, fue la que dejo que él escribiera todo en pro de echarse unas risas.
Entonces aparezco en escena, tal gilipollas (idiota) con unas laminas de listerine en el bolsillo pensando en su primer beso de amor apasionado con un violinista de fondo disfrazado de rapero de cuarta categoría. Supongo que yo intentaba ocultar mi rubor ante tal escena, pero era inevitable parecer idiota o al menos sentirme como tal.   
Salí de esa portería con el rabo entre las piernas y con la moral hundida, después de escuchar las risas de Lidia y el puto skater, pero (por si fuera poco, señores) el nivel de masoquismo del guionista de esta jodida historia había hecho que al salir de ese portal, me encontrara a aquel grupito de chicos riéndose a carcajadas de la situación.                     De camino a casa el cielo estaba gris. Las calles olían a alcantarillas estancadas y las personas pasaban olímpicamente de mi cabizbaja mirada. Un niño dio un pelotazo a un vidrio de una tienda y lo rompió y una paloma se cagó encima de mi camiseta. Al meterme en la cama, bajé el telón en donde el caballero andante había acabado su viaje antes de empezar. Semanas después me enteré de que Lidia y el skater estaban juntos. “Tal para cual” pensé con rabia mientras lloraba. Y entonces me acordé  de la frase que tanto me repetía mi madre “Los hombres no lloran! “.
Claro que lloran, pensé. Pero estos hombres hacen lo mismo que hicieron yo en esa situación. Aguantar la nota hasta llegar a casa a soltar todas las lagrimas posibles en el saco de ácaros al que llamabas almohada. No lloré delante de ellos, gran gusto me llevé al no hacerlo. Y a las pocas semanas fui superando el mal trago mirando por la ventana como pasaba el verano y The Cure se encargaba de darme la banda perfecta para esos momentos.
Boys don’t cry-The Cure
Boys don't Cry - The Cure


Años después, le escribí un mail que nunca envié:

Espero que os cundieran las risas ese día
Ya que antes de tu cambio ni un cura te follaría
Sin más, que te den por culo tía
Que el skater te la meta por la “puerta de servicio”
Total, a ese con meterla le vale cualquier orificio.

Lo que habéis leído es una ficción (o no?). Cualquier parecido con personas vivas o muertas es pura coincidencia
Especialmente para ti Lidia.
Zorra.


jueves, 26 de julio de 2012

Algún día seremos viejos.


El primer día que escuché "algún día" fue cuando mi madre lo uso como escusa para no comprarme un helado a la salida de un parque temático. Siempre dijo que fue por prisas, pero yo pensaba que era tacañería.
Un helado sin fresa que me tenía robado el corazón desde que lo vi en el anuncio de la heladería. El típico reclame para mentes pequeñas. Supongo que mi madre pensó que era una cosa más. Que ese día no le venia de gusto, que simplemente prefería perder el tiempo y no poder ver la novela que tanto seguía.

La gente reduce su vida a planes. Puedes planear una vida, un trabajo, un viaje, una relación. Algún día tendrás todo eso que tanto querías. Esta en tus planes hacerlo. No sabes si hoy o mañana, pero algún día lo harás.

Algún día conocerás esa chica especial que tanto soñabas y por las noches te masturbabas. Algún día conocerás al príncipe azul en el que tanto pensabas en aquellas tardes de verano.
En mis planes entran muchísimas cosas. Escribir un libro, plantar un árbol, plantar a una chica en el altar y hacer un libro sobre ello. También probar todas las drogas conocidas para no tener la tentación de lo no conocido, pero no me veo con el valor ni las ganas de hacerlo...ya lo haré algún día.

Conocí una chica especial, sin duda lo era. Una chica agradable con la que me podía pasar largas tardes charlando sobre cosas sin sentido. Siempre había sentido cosas por ella, sobretodo cuando me tocaba. Podía sentir como los pelos de mi brazo reaccionaban como si se tratase de los de un gato. Creo que ella también se daba cuenta y se acercaba a mí a posta. En más de una ocasión tuve la oportunidad de abrirme, pero siempre pensaba que era demasiado pronto, así que me esperaba a un momento mejor.


Mi abuelo me dijo que me enseñaría a usar la antigua maquina de coser que tenía debajo de la escalera. Se podía pasar tardes enteras arreglando pantalones. Por la televisión o el videojuego de turno fui postergando su explicación, tanto así que me fui de esa casa sin aprender a hacerlo del todo. Murió sin que yo aprendiera.


Había una chica especial en mi vida pero no era parte de ella. Tenía la piel canela y estudiaba en otro instituto. Siempre fue agradable conmigo pero yo, por mi timidez, tan solo respondía con un simple hola para evitar profundizar más. Era guapa, no solo por sus grandes ojos si no también por sus grandes pechos, que a esa edad mis hormonas hacían que me fije muchísimo (¿hormonas? puede que no solo por eso las mirase) Con el tiempo nuestros caminos se separaron y nos dejamos de ver. En ocasiones la veo conectada en facebook pero me da pereza hablarle, tengo el miedo de no pasar del Hola ¿que tal? que es el ritual típico. Lo haré, se que lo haré, pero otro día.

Hace años conocí un hombre mayor que viví solo en una casa en la zona alta de Barcelona. En esos barrios todo estaba en subida. Allí, el vivía en un ático pequeño pero arreglado. Solo.
Pasábamos las tardes jugando al ajedrez y charlando sobre cualquier cosa. El había sido científico y le gustaba ceñirse en el sentido lógico de todo.
En Sant Jordi me pidió el favor que le ayudará a enviarle rosas a todas las chicas del mercado que estaba a pocas casas de su casa y donde solía ir a hacer la compra. Con esas personas el se había pasado charlando muchos años de su vida, y le gustaba tener detalles con todas ellas y luego me invito a desayunar requesón con mermelada de fresa. Nunca lo había probado, me gustó. Nos prometimos repetir la experiencia un día en que acabara mis exámenes.

Lo jodido del "Algún día" es que en la vida todo es aleatorio y la mayoría de planes se van al carajo. Unos por dificultad y otros por simple pereza, los planes terminan quedándose en un pedo mental que salió y acabó.

Ese viaje que planeaste nunca ocurrió. Nunca le dije a esa chica que me había enamorado de ella y ahora tiene una relación con otro chico.  No aprendí a coser, mi abuelo murió. Nunca conocí mejor esa chica que ahora esta al otro lado del mundo. Nunca desayuné con aquel señor, al que las lagunas acabaron con su cabeza.
Sin embargo, sigo haciendo esos planes y postergando esa reunión o viaje, me siento mejor así. Por miedo o por falta de recursos, pienso que no esta en mi presente.

De pronto dejas escapar un suspiro de incredulidad en silencio y te das cuentas que los planes no existen, que el destino es cambiante y que sin duda, algún día nos haremos viejos. Tan viejos que esos planes quedarán en un pensamiento y nada más.






















viernes, 20 de julio de 2012

Partida de Poker /Mi Reina de corazones.


Estaba sentado con ella en aquel bar al que solíamos frecuentar cuando ninguno de los dos tenia ganas de caminar. Era simple, pequeño, sin gran estética ni sentido artístico, pero era cómodo, silencioso y económico. El dueño siempre tenía un frondoso bigote y una barriga que podría intimidar a cualquiera, tenia la mirada siempre fija en el televisor que tenía colgado en una esquina donde a esa hora transmitían uno de aquellos concursos televisivos.
Pedimos lo de siempre. Ella una coca cola fría y yo un café, con poco azúcar y entonces ella dijo la frase maldita.
"Tenemos que hablar de una cosa"
Mi primer pensamiento fue que quería romper conmigo, que no me aguantaba y prefería que cada uno siguiera su camino y encontrara la felicidad. El segundo fue que quería confesarme alguna tendencia sexual que acababa de descubrir o por último, preguntarme si yo había tenido alguna aventura con otra persona.
"¿Tu me quieres?"

Mi sistema emocional se puso en modo seguro. Me refiero a caer en el típico momento  de "diálogo de besugos"  en el que uno contesta al otro lo que le induce a replicar.
Dime que no me has puesto los cuernos / No te he puesto los cuernos
Dime que me quieres / Te quiero...
Y así constantemente hasta dar una falsa realidad que les aporte seguridad emocional en sus deseos más profundos. Esa voz de "dime que todo irá bien"

Pero antes de abrir la boca, pensé. (Cosa rara en mí)
Tampoco es que la conocía de toda la vida. Unos cuantos meses saliendo me bastó para saber que era la chica perfecta. Escucha, me habla, me aconseja, me da mi espacio, es comprensiva y es guapísima pero ¿y si me hace daño? ¿Y si yo la quiero más? ¿Y si ella me quiere más? ¿Y si me quiere demasiado? ¿Eso significa que ya somos una pareja formal? ¿Se acabó mi soltería? ¿Se acabó las nuevas chicas?

Fue entonces cuando la vi de otra manera. Ya no estábamos en el bar, estábamos en un salón oscuro  sentados cara a cara encima de una mesa.
Ella con esa inconfundible melena rubia  y unas gafas de sol que me impedían ver sus ojos. Con una mano sujetaba sus cartas  y se tapaba la boca, con la otra sujetaba un vaso con lo que parecía ser whisky con hielo. Paseaba uno de los dedos por el borde lentamente mientras me miraba, pero no podía estar seguro de ello por las gafas.
Miré mis cartas, no estaban mal.

7 de diamantes- 7 de picas-7 de tréboles - 2 de picas- 10 de diamante

Tres cartas del mismo valor, un trío. No era muy buena mano, pero podría ser peor.
En el póquer, la combinación de cartas es de 2.598.960. Y que te saliera un trío, solo 54.912. Como en la vida, todo se decide por la suerte que tengas en las probabilidades.
La volví a mirar, ella estaba inmóvil y no podía distinguir ningún gesto en su rostro.
-¿Me quieres?- preguntó de nuevo.
-¿Por qué lo quieres saber?- respondí.
-Por saberlo, no te enseñare mis cartas hasta que tú me enseñes las tuyas.
-Tan solo quieres saber mis cartas para saber si tienes mejores o peores.
-Puede que si, pero necesito saber si me quieres o no.
-¿Estamos hablando del póquer o de los sentimientos?
-Es lo mismo- dijo ella dándole un sorbo a su vaso.
-Tengo miedo a tener peores cartas que las tuyas- le conteste.
-¿Por qué el miedo?
-Si tienes mejores cartas que yo, harás conmigo lo que te venga en gana y podrás ganar la partida para luego irte.
-Si hay miedo es por que hay algo que perder- respondió.
-No quiero perderte.
-¿Y si yo pudiera perderte a ti?- replico ella-¿Y si tu tienes cartas mejores y me rompes el corazón cuando te venga bien?
-¿Tu me quieres?
-No enseñaré mis cartas...
-Entonces estamos en un punto muerto.
-Eso parece.
Nos quedamos en silencio con la esperanza de que uno de los dos tirase la toalla por la tensión del ambiente y terminará acabando ese momento, sin éxito.
-¿Acabamos esto o no?
-Vale, enseña tus cartas.
-No lo haré, hazlo tú.
-No pienso hacerlo antes que tu.
-Entonces tu tienes cartas peores que las mías.
-Yo no he dicho eso, además, no se que cartas tienes.
-Entonces, no me quieres decir que me quieres de verdad por miedo a que yo no sienta lo mismo que tu.
-Creo que si- dijo ella- Si quieres estar conmigo enséñame tus cartas.
-Me prometes que no me romperás el corazón.
-No puedo hacerlo.
-Entonces dame un motivo para enseñártelo.
-Con las cartas sobre la mesa, acabaremos esta pantomima y podremos ser conciente de lo que tenemos- dijo ella- así seremos concientes de que somos y que haremos.
-¿Que somos?
-Somos nosotros- dijo ella quitándose las gafas de sol.
Vi en mi lado de la mesa 3 pilas de fichas. La más grande de todas era de monedas de 5, y las otras dos de 10 y 50. Ella parecía tener las mismas que yo en proporción.
-All in- dije poniendo todas mis fichas en el centro de la mesa.
Ella se sorprendió, no se lo esperaba. Si yo apostaba todo, significaba que tenía unas cartas estupendas e invencibles y por tanto, me podría dar como ganador.

Por si no ha quedado claro. Ganar en este juego sentimental significa que no te quiero tanto como para necesitar al otro. Eso te da la libertad de sentirte por encima del otro, de ser el que decide si seguir o no.
Siempre en una pareja hay alguien que necesita a la otra persona más que el otro. En nuestra manera de ver, quien menos necesite al otro, es más libre.

-All in- respondió ella y dejo todas sus fichas en el centro- no hay vuelta atrás.
Enseñé mis cartas y las deje en la mesa. Tanto en una partida de póquer como en la vida, todos nos ocultamos detrás de unas cartas intentando ocultar lo que sentimos o pensamos por miedo a lo que tenga la otra persona que decir o pensar.
Miedo y pánico nos da tener que enseñar nuestras cartas o sentimientos. Intentamos evitar el daño, como un instinto primitivo nuestro cerebro intenta cuidar de nosotros.

7 de diamantes- 7 de picas-7 de tréboles - 2 de picas- 10 de diamante- un trío- dije.

Ella me miro detenidamente y fue dejando sus cartas una a una.

As de corazones - Rey de corazones - Reina de corazones- Príncipe de Corazones y 10 de corazones.
Tenía una escalera real. Cinco cartas seguidas del mismo palo del 10 al As. Había una probabilidad de 4 entre 2.598.960 de que tuviera esa combinación y claramente, superaba mi simple trío.

Solté un suspiro para mirar al suelo y luego sostenerle la mirada.
-Yo también te quiero- dijo ella.
Cerré los ojos.
Al fin y al cabo es lo que todos queremos oír, una simple frase. Sentirnos queridos o necesitados nos hace felices. Solo queremos volver a disfrutar de lo que nos daba placer, como cuando éramos unos niños con una pelota de futbol o niñas en un columpio.

-¿Hola?
Abrí los ojos y estaba de nuevo en el bar, con mi chica mirándome preocupada.
-Perdona ¿Qué has dicho?
-¿Tu me quieres?
-Tú ya lo sabes.
-No lo se.
-Que si, que te quiero.
-Y yo a ti- me respondió con una sonrisa.



martes, 17 de julio de 2012

Zombie Girl

Creo que fue de camino al centro de la pista de baile cuando sentí los efectos de aquella droga exótica que me invitó un amigo. Mi inhibición se disipo por completo, lo cual es muy conveniente en estos locales.
Era una discoteca repleta de universitarias bailando y celebrando el final de sus cursos o simplemente celebrando el inicio de sus vacaciones, entonces la vi.
Una chica común sentada con el resto de sus amigas comunes. Con una falda tan corta como cortas eran sus emociones. Era una chica del montón, una más, con la diferencia de que no lo era.
Por falta de pudor le hablé, cosa rara en mí. Mi personalidad era tímida y poco aventurera en este tipo de cuestiones, pero esa noche era distinta.
Como exige el guión de noche de discoteca bailamos, hablamos y nos liamos en la salida. Lo típico en aquellas noches de verano en las que todos nos dejamos llevar.
Manteníamos el contacto aunque ella vivía a las afueras de la ciudad, gran milagro las redes sociales hoy en día.
Se podría decir que me enamoré. Craso error. Solo el tiempo me haría darme cuenta que no todas ni las mejores historias de amor se inician drogado en una discoteca.
Pero ahora estaba drogado por otro tipo de sustancia. ¿Alguna vez habéis sentido las mariposas en el estomago? pues yo pienso que eso es droga que genera tu propio cuerpo.
Esa aceleración cardiaca.
Esa sensación de adrenalina.
Euforia
Eso sentía cuando hablaba o quedaba con ella, aunque cuando nos veíamos no hablábamos. Estábamos más ocupados haciendo cualquier cosa que no sea hablar.
Yo ya estaba enganchado a ella y me gustaba pensar que ella también lo estaba de mi, pero al igual que todo verano tiene su fin, esa relación también lo tuvo.
Un día simplemente dejo de hablarme. Dejo de responderme y escucharme. Las frases que me escribía ahora eran monosílabos o simples emoticonos.
Algo había cambiado y decidí hablar con ella directamente, pero no lo hice. Mi cobardía en cuanto temas sentimentales me impedía hacerlo, así que simplemente deje de hablarle.
Me gustaba pensar que ahora ella añoraba mis mensajes. Que se sentía culpable por no contestarme en su momento. Que no me respondía ahora por orgullo o por vergüenza...pero (oh sorpresa!?) no era así.

En cuestión de días, ella paso a ser la zorra despiadada que había ignorado mi corazón. Y empecé con el síndrome de abstinencia.
Lloros, depresión, tristeza, desgana. Vamos, pura mierda.
Pero como todo, este síndrome se pasa. Fue entonces cuando descubrí que me había dejado una sudadera en su casa y la llamé. Ella no respondió la primera vez, pero me devolvió la llamada. Quedamos para dármela y de paso charlar.
Cuando la vi, parecía la misma chica que conocí en esa discoteca, como si no hubieran pasado 3 meses. Me la dio y le pregunté por que me había ignorado.
-Yo no soy de estar con nadie, conocí otro chico y empecé a salir con el, perdona por no decírtelo- dijo ella mientras sacaba un cigarro
-¿Sueles hacerlo mucho?- le dije ofreciéndole fuego.
-¿No estás enfadado?- me dijo con una cara confusa.
-En cierto modo me lo imaginaba- le respondí- Ya sabes, en las redes sociales quieras o no lo ves todo.
-Es verdad.
-No me has respondido.
-¿Si lo hago a menudo? creo que si- dijo ella- para vivir bien creo que no tienes que enamorarte de nadie y ser mas "mala".
-¿Eres una chica mala?
-Si.
-Que porno suena- le dije sonriendo.
-La verdad es que si- me dijo ella.

"Por cabrones como tu hay cabronas como yo"
Es una frase que había escuchado a menudo de distintas amigas. Fue entonces cuando me di cuenta de la pandemia.
Esa chica no era mala, tan solo un cabrón le había hecho daño y por eso decidió ser "mala". Es un círculo vicioso, como si de una plaga zombie se tratara.
Un Zombie le mordió el cuello y se convirtió en una más de la manada. Una chica más que pensaba que ser el malo de la película era el mejor camino para sobrevivir.

Al igual que esa chica hay otras que en vez de encarnar el papel de mala, prefieren olvidarse de sus sentimientos, enterrarlo en lo más profundo de sus pensamientos y evadir cualquier persona que intente hacerle sentir algo.

Me resisto a ser un chico malo. No quiero ser uno más. Por más malos/as que me encuentre, creo que buscaré mi felicidad sin tener que pisar cabezas y no interpretar el papel de un personaje que no soy.



miércoles, 4 de julio de 2012

Romeo y Julieta no eran de este planeta

Supongo que una de las grandes aficiones de mi adolescencia fueron los amores imposibles. Seguramente es debido a la gran cantidad de telenovelas latinoamericanas que escuché desde el salón, donde mi madre se tragaba 3 capítulos diferentes en una sola tarde.
Hijos que no eran legítimos. Padres que impedían el libre amor de sus hijas con un hombre de inferior categoría económica. Los adolescentes que siempre quisieron estar juntos pero por causas del destino (uy si, destino) estaban destinados a ser infelices.
Romeo y Julieta. La bella y la bestia. Miki y Minie. Candy y sus eternos problemas sentimentales. Todo eso entraba sin pausa ni prisa en mi pequeño cerebro que entendió erróneamente el que significaba enamorarse de alguien.

Seguramente una mala interpretación de aquellas series, películas, novelas y canciones. No se si fue la película de "El graduado" o el final de una de las telenovelas de mi madre hizo que adoptara siempre el papel del héroe trágico.
No el héroe de verdad. No el que salva a la princesa y escapa con un caballo con destino al atardecer. Yo era el otro. El que por intentar salvar a la princesa del dragón le come un brazo. El que busca a la princesa en lo alto del castillo donde el villano para que esta luego sufra síndrome de Estocolmo.
El que veía como el otro se llevaba a la chica y mientras se quedaba en un portal escuchando alguna de esas miles de canciones de desamores.

No os confundáis. No es masoquismo, tan solo idiotez.
La gente me lo diagnosticó como amor idiota, pero siempre lo negué. Partiendo de la base de que para mí la palabra amor ha perdido significado al usarla tan a diario.
Mi problema era otro.
Con el tiempo me di cuenta que adoptar el papel del despechado héroe malherido es el camino fácil. Y lo que me pasaba era el simple deseo adolescente. Encontrar placer en lo imposible, en lo utópico. El hecho de desear mil veces no haberla conocido y al rato pensar "No, no puedo estar deseando eso" simplemente por que has encontrado una manera de llenar esa adicción que tienes al placer de tener algo más elevado de lo que tus manos puedan alcanzar.

Pero todos crecemos, maduramos, avanzamos (Menos tu Peter Pan, idiota) y dejamos de encontrarle el gusto a esa utopia. Queremos algo verdadero y ahora las cosas van en serio.
Ya no se trata de quedar después de la última hora del cole para perderse dentro de ese enorme parque y comerse la boca como un par de amantes (o actores porno). Ahora buscas algo más, tus expectativas cambian.

Te enteras de que la Bella y la Bestia terminaron en un divorcio sin separación de bienes.
Sospechas que Mikey Mouse es estéril y que Mini le pone los cuernos con otro ratón.
Que Peter Pan tan solo era un pajillero que prefirió nunca jamás y dejo que Wendy creciera sin el.
Que Candy acabó sola en una casa llena de gatos.
Y te das cuenta de que te cansas de ser el héroe de capa y espada. Que agotaste tu paciencia y que, sin duda, Romeo y Julieta no eran de este planeta.