El año académico había sido una basura. Sin duda, Freddie se rindió a inicios de Octubre. Sus pensamientos eran vagos, al contrario que su pasión desmedida por Nerea. Él suponía que estos casos se solían ver mucho a finales de la educación secundaria. Un cócktail mal digerido de arrogancia, alcohol, sexo e inmadurez era la mezcla perfecta para el fracaso escolar, o esa era la escusa que les gustaba poner a los profesores, alumnos y padres para enmascarar la falta de rendimiento.
Los últimos días siempre son extraños pero agradables. Al no haber más materias por estudiar, aquella última semana se convierte en un trámite en el que la gente se limita a hacer vida social, mientras los profesores informan a los alumnos que materias necesitan recuperar.
Freddie esperaba a un extremo de la clase, como si esperara una condena que sabe cuando y cómo pagará. Por la ventana puede ver como las hojas de los árboles se mueven por el viento y como el humo de los porros que se estaban fumando unos compañeros suyos se dispersaba.
Poco a poco el aula se fue quedando vacía. Podía escuchar como las chicas de la última fila (unas cotorras que siempre reían y eran el hilo musical del curso, hablaban de como un participante de un reality show se había encamado con una) habían formado un debate junto al resto de la clase.
Desde hace unos días, su relación con Nerea había cambiado. No por ninguna discusión, ni tampoco por infidelidades (como suele ser común a esas edades), simplemente empezaba a caer en cierta rutina. Sin embargo, esto a él no le importaba, tan solo quería estar con ella y punto.
-Tengo que decirte que tu rendimiento en matemáticas ha bajado de una forma drástica, creo que aun podemos salvar el curso, pero tendrás que hacer estos ejercicios- le dijo el profesor.
Joan era un hombre de mediana estatura y barba prominente, en ocasiones el resto de compañeros le llamaban "papa pitufo". No era un mal profesor, pero sin duda su metodología había quedado algo antigua con los tiempos que corren.
-Te juro que nunca había visto un caso tan drástico como el tuyo, ¿Se te ha muerto alguien? - preguntó mientras le miraba fijamente a los ojos.
-No, nada de eso- respondió Freddie sin dudar.
-Pues parece que estás en otro mundo desde hace unos meses, ánimo, aun puedes salvar esta materia- dijo poniéndola la mano en el hombro- resuelve estos ejercicios, es una manera de subir la nota.
Al salir del instituto, vio como sus compañeros se dispersaban en grandes grupos a distintos sitios. El no encajaba demasiado en ninguno de ellos, y de pronto abrió los ojos.
Freddie había sido abandonado por él mismo y aparte de él, también había abandonado los estudios, a su familia y a sus amigos, todo para meterse en una historia con una chica con la que nada valía. Una relación en secreto que tarde o temprano le dejaría a él en un desierto, absolutamente solo.
Fue extraño sentir como unas palabras de un profesor le habían devuelto a la realidad "parece que estás en otro mundo". Una frase tan corta y rotunda que hería, como un llamado claro del mundo real que se lo decía claramente.
Empezó a ver algunas fotografías de sus amigos en redes sociales, en fiestas, cumpleaños, botellones y en todas él tenía claro el mensaje que interpretaba "Estamos aquí. ¿Donde estás tú?
Freddie, al igual que el humo, se había dejado llevar por el viento. Durante los últimos meses, el había estado fingiendo no estar con nadie mientras se encontraba con Nerea por las noches. Ella no quería que nadie se enterase, no quería dar explicaciones, no quería dárselas a nadie, ni a ella, ni a él. Por muchos intentos de Freddie de normalizar la relación, todo conducía a un callejón sin salida.
Pero ahora, era urgente parar.
Mientras Freddie regresa a casa en bicicleta, sintiendo como el viento acaricia su pelo, siente como lo que sentía por Nerea se iba apagando, como una vela en invierno. Asume la ruptura con Nerea como si se hubiera producido en esa corta conversación con ese profesor.
En casa, empieza a leer los problemas de lógica, nada del otro mundo. De repente, para en el apartado 5.
"Supongamos que entre dos personas, A y B, hay dos metros de distancia. Y A quiere acercarse a B, pero en cada paso ha de cubrir exactamente la mitad de la distancia total que le resta para alcanzar a B"
Como un auto reflejo, Freddie empieza a escribir.
"El primer paso es de un metro, el
segundo de medio metro, el tercero de un cuarto de metro. Cada paso de A hacia
B será más pequeño, y la distancia se irá reduciendo en una progresión eterna,
pero lo sorprendente es que, mantenida la premisa de que cada paso sea
equivalente a la mitad de la distancia total que los separa, por más que
avancé, por más que luche, A nunca llegará con B"
Empieza a sentir un temor en el pecho, una fuerza extraña le oprime la caja torácica
mientras termina esa frase. Puede que ese ejercicio ayudara a explicar la
teoría de los limites que cambió la historia de la ciencia, pero Freddie se dio
cuenta que esa respuesta se había convertido en una carta de despedida. La
misma carta que dudará en dejarla en el buzón de Nerea.En esa carta, el intenta explicar de una manera lógica que la historia entre ellos se había acabado. A nunca llegará a B.
5 años después, Freddie volvería a casa de Nerea sin avisar. No entró, tan solo dejó la carta que no tuvo valor de dejar hace unos años. El tiempo se había encargado de distanciarles hasta tal punto de que se habían vuelto desconocidos.
Da un último vistazo al portal y se retira por la larga calle que le llevaba hasta un parque que siempre le trajo recuerdos.
De pronto, recordó a todos esos amigos que ahora ya no están, o que simplemente son una imagen pequeña en una red social que le felicitan en los cumpleaños, cumpliendo un protocolario saludo con iconos y símbolos de exclamación.
Esos recuerdos le producen cierto escozor dentro del pecho, sin embargo, es placentero. Era como si hubiera una pequeña herida cicatrizándose, una marca en la piel que quieres acariciar y reconocer, disfrutar por todo lo que significa para él. Ahora que aún puede sentirlo y recordarlo.
La memoria es muy traicionera, y entierra a las personas sin miramientos, sin pausa ni prisa, como si fueran fotografías sin papel o un video sin imágenes.
Freddie se monta encima de su bicicleta y se dirige al nuevo sitio en donde estudiará el presente año, eran las 9 de la mañana y quedaba una hora para entrar dentro del recinto.
-Y ahora, ¿A donde voy?
Él ríe mientras vuelve a pedalear, disfruta del viento en su rostro y del dolor que siente en el pecho, porque es posible que, pronto, ese dolor y ese viento desaparezcan.
Inspirado en la teoría de distancias en el libro de David Trueba- Saber perder.