jueves, 28 de junio de 2012

Para Vicky, con amor.

Todos tenemos años locos en la que justificamos nuestros actos a nuestra inmadurez. Unos son inmaduros a la hora de pensar en su futuro. Otros en las relaciones de amistad, que pueden romper con cierta facilidad. Y por último, en las relaciones amorosas.

Te puedes despertar un día y conocerla en uno de tantos conciertos de viernes por la noche en verano. Unos amigos te la presentan. Preciosos ojos marrones que penetran hasta lo más profundo de tus retinas. Piensas en el amor a primera vista. Piensas en lo morena que es su piel. Piensas en lo punki que viste. Sabes que la quieres contigo desde ya.
No fue difícil hablar con ella ni complicado liarse aquel porro en el callejón que estaba a la espalda del local. Sientes su piel en la tuya mientras os coméis a besos en un portal.
Te sientes protagonista de una comedia romántica y un poco porno. Sexo en el banco. Sexo en la cama, en la mesa, en la silla, en el baño, en la parada del bus. Lo que en un principio llamabas sexo lo terminas llamando amor.
Craso error.
Te encanta hacer cosas con ella y mirarle los pechos a menudo. Te gusta su pelo suelto, recortado e incluso su nuevo peinado con media cabeza rapada.
Unos amigos te dicen que el amor es ciego, que estas olvidando cosas por culpa de esa chica. No les haces caso, no te entienden ni te entenderán. Para ti, esto es amor, el verdadero y puro amor.

Pasan unos días y no te llama. No te mima. No te responde a las llamadas y no puedes acudir a dichos amigos que ignoraste al estar con ella. Entonces llega el incomodo momento en el que les tienes que dar la razón y pedir disculpas.

Por fin te contesta. Te dice que te quiere y te lo crees. Te lo crees por querer creerlo. Así el mundo de fantasías, rosas, alcohol y sexo sigue intacto, pero siempre acaba mal.
Algo no encaja. Algo te incomoda. Llegas antes a la fiesta del pueblo antes de lo previsto. La gente se lo pasa bien celebrando que la cerveza esta bien de precio y que el inicio de las vacaciones ha empezado. Algunos beben para celebrar y otros para ahogar las penas, la cuestión es acabar esa noche borracho hasta volver gateando a casa.

Por fin encuentras a uno de tus amigos. Lo notas nervioso. Le conoces hace años y sabes cuando algo le tiene de los nervios. El intenta por todos los medios alejarte de la fiesta, pero no puede.
De pronto, ves a tu chica del extraño peinado de pelo salir de uno de los lavabos públicos que instalaron para esas fiestas. Detrás de ella ves salir a uno de tus amigos y a otro más que no conocías.
El extraño se alejo de la escena con facilidad y el otro, se taba la boca y levanta las cejas, sorprendido ante tu presencia.
La chica se lo toma con naturalidad, como si supiese que en algún momento tenia que pasar y que le daba un poco igual.

De pronto, odias su corte de pelo. Detestas sus ojos marrones color mierda y su piel mal cuidada te recuerda al olor de pescado que despedía su cuerpo cuando follaban.
Y si, no digo sexo ni amor, digo follaban.

Te vas, lo sufres, lo lloras, lo aceptas y sobrevives.
La historia sigue, y las chicas también.


Lo que habeis leido es una ficción. Cualquier parecido con personas vivas o muertas es pura coincidencia
Especialmente para ti Vicky.
Zorra.

viernes, 22 de junio de 2012

San Juan/ saltando por el fuego.

Nunca había celebrado San Juan hasta los 12 años. Era algo nuevo para mí ya que los petardos los asociaba con el invierno que se vivía en Latinoamérica en navidad o año nuevo, esta vez no. Mi verbena de San Juan la pase en casa probando unos petardos que me había comprado la pareja de mi madre en esos días. Supongo que la mayoría de chicos de mi edad empiezan a tener curiosidad por el fuego (se denotaba en las mesas del instituto) y por tal, yo sufría por lo mismo.
Siempre me dieron miedo los petardos. Por el fuego, por el ruido, por el miedo a que me pasara algo, a que pasara algo. Esa noche perdí el miedo por completo al ver como la pareja de mi madre los usaba con total tranquilidad. El resto de gente hacia lo mismo en sus balcones o terrazas, fue sin duda mi primera noche mágica.

Pasaron unos años hasta volver a sentir esa sensación, cuando tenía 17 me preparaba para mi primera noche de San Juan fuera de casa. La relación de mi madre y su entonces pareja empezaba a desquebrajarse poco a poco, siendo sinceros, era una etapa en que todos nos queríamos ver poco las caras.
Me miraba delante del espejo buscando algún defecto en mí siempre problemático pelo. No sabía desde cuando eran tan coqueto conmigo mismo, pero supongo que a todos nos llegan esas ganas de sentirnos guapos de vez en cuando.
Nunca me he considerado guapo, más bien del montón. Normalito. Siempre en un segundo plano en el cual me gustaba estar. Mi madre me dio dinero y yo me fui en metro a encontrarme con amigos para ir a la playa.
Esa playa estaba como nunca la había visto. Repleta de luces y gente en la orilla hablando, bebiendo, riendo, bailando. Me sentí en mi ambiente, me sentí libre. Nunca había sido de ir a muchos sitios, ya sea por pereza o miedo, prefería quedarme en casa o quedar con un grupo reducido de amigos. No me gustaban las aglomeraciones pero ese día me encantó formar parte de esa.

Nos reunimos con gente de otro instituto que estaba cerca al nuestro. Me presentaron a mucha gente que solo había visto  por la calle. Me gusto saber sus nombres. Me gusto reírme con ellos y tocar la guitarra con mis amigos con unas cervezas al lado. Seguramente el alcohol hizo que tuviera el empuje necesario para saltar por el fuego y pedir un deseo esa noche.
Esa noche conocí a una chica. Una chica morena, bajita y de amplia sonrisa a la que en un arrebato de valor (o ebriedad), pase mis manos por su cintura.
No le disgustaba que tuviera mi mano allí, y yo estaba cómodo sintiéndola cerca. La miraba de reojo cuando podía y ella a mí cuando no me daba cuenta. Uno de mis mejores amigos me miraba riéndose al ver mi mano, sabiendo lo tímido que siempre había sido.

La noche de San Juan es mágica. Lo dicen los viejos, los no viejos, los padres, los tíos, las madres y sus amantes, todos dicen lo mismo.
Esa noche fue mágica. Por ella, por mi, por la playa, por las cervezas, por los petardos, por la conversación en la orilla.
Nos separamos del grupo a altas horas de la madrugada riendo sobre alguna ocurrencia sin gracia sobre Woody Allen (seguramente reíamos por el porro que nos habíamos estado fumando) Nos tumbamos en la arena mirando al cielo, cansados y mareados.
-Siempre me dieron miedo los petardos- le dije riendo.
-¿Y por qué?- dijo ella peinándose con una mano y soltando carcajadas.
-Por el fuego, el sonido, todo en general.
-¿Y que haces aquí entonces?- dijo ella.
-Estar ebrio, igual que tu, borracha.
Ella me dio un golpe en el brazo al que yo le respondí con un empujón en la arena. Me puse encima de ella y sentí como sus brazos rodeaban mi cuello.
-Deberías encender la mecha... veamos que pasa- dijo ella con una mirada que me hipnotizo.
Lo hice.
Saqué la mecha / Me acerqué a su cara.
Encendí el fuego/Le miré a los ojos.
Y empezó la explosión/ Y la bese como nunca había besado a nadie.

Mis penas seguirían siendo mis penas después de ese día, al igual que mis problemas. Pero esa noche... Iba a ser distinta.
Iba a ser magnifica.
Iba a ser fantástica.
Iba a ser mágica.



domingo, 17 de junio de 2012

@ Amores/facebook El amor 3.0


Lejos quedaron los días en que intercambiábamos información mediante palomas o señales de humo. Supongo que si nuestros antecesores hubieran sospechado de las nuevas formas de comunicación que tenemos hoy en día, nos habrían mandado a la hoguera por una invención satánica.  Allí esperaríamos a nuestro juez, que se acercaría con una enorme lanza que se incrustaría sin piedad en nuestra piel (o a saber que clase de orificios)

Hoy en día, el intercambio de comunicaciones es constante. Cada segundo salen miles de mensajes de todas las partes del mundo. Millones de personas intercambiando información constantemente y compartiendo ideas de toda clase.
Con todo esto, es hasta normal que la forma de interactuar con el resto de personas cambie. Ahora muchas parejas empiezan su eterna historia de amor de 2 semanas por facebook.
Y que quede claro que creo en el amor a distancia y el amor cercano, pero en ambos me reservo mis ideas sobre cual es mejor.
Hay nuevas clases de amor:
Mikel Jaso
1-El amor de emoticonos:
Par de una pareja que se conoce en una página que tiene en común. Se intercambian los facebooks o messenger. Probablemente por la temática del grupo tendrán muchas cosas en común. En muchos casos empiezan a sentir cosas por el otro. Lo que hoy era un jaja, hoy es una carita feliz, y lo que hoy es una carita feliz, mañana será un emoticono con labios.
Ambos son felices o creen serlo. Ya les va bien tener una relación así ya que ambos seguramente prefieren evitar los problemas que tiene las relaciones convencionales cara a cara.

2- El amor de consuelo.
Una mala temporada hace que un chico decida evadir su vida social para meterse en otra distinta. Allí encuentra otra persona como el. Se cuentan las penas, alegrías y risas. Se atraen y creen enamorarse, pero solo se necesitan. Este tipo de amor no suele durar mucho.

3-El amor 3D
Una chica corriente regresa de la universidad y se mete en su habitación. Se siente tranquila, feliz y relajada por aprobar un examen al que acudió medio-borracha. Se mete en un chat, conoce un chico mayor que ella. Se ven en foto y empiezan el típico coqueteo virtual para ensalzar sus egos. Ella pone la web cam y el también. La conversación sube de tono y acaban desatando una practica sexual que jamás imaginaron tener (bueno, quizás ella no)

4-El eterno quiero y no puedo.
El es un chico normal que se mete en facebook todas las mañanas para ver si alguna de las decenas de chicas que agrega a diario le acepta. Una de ellas le llama mucho la atención por sus ojos azules, sus rubios cabellos y sus turgentes pechos. Hablan y el se encapricha. Ella tiene novio pero le hace caso, le gusta sentir que tiene a alguien detrás.

5- El amor de tu vida, a distancia mejor.
Una chica mantiene una relación con un chico que conoció en verano. El se ha marchado a hacer un erasmus y mantienen su amor a distancia. Esta chica esta contentísima con el romeo del siglo XXI, es un amor. Le manda mensajes por la mañana y la noche, le llama para saber como está, le cuelga frases de amor (oh que original) sacadas de páginas web o de películas románticas de domingo por la tarde.
Una vez al mes, vuelve un fin de semana, pero ya no es lo mismo.
Los mensajes le agobian, las llamadas le cansan, las frases de amor le producen diabetes emocional. Ella lo prefiere lejos, de cerca es como beber algo demasiado puro.

6-Orden de alejamiento.
El chico inseguro de toda la vida, mantiene una relación con la chica insegura de toda la vida. Típico. Se aceptan, se tolera, se completan e incluso podrían quererse, pero se tienen tan poca autoestima que huyen a la posibilidad de conocerse con la escusa de "eso rompería la magia"
Las pelotas.

7-La cruda realidad.
Ella espera en la estación de tren que su príncipe azul aparezca por el andén. Una relación de 9 meses íntegramente en messenger y algún intercambio de fotos. Ella está ilusionada, un chico madrileño de buen ver y mayor que ella por 5 años.
El tren llega, el corazón se emociona. Los latidos van mil por hora y siente como el calor aumenta en el ambiente. Un mar de gente sale del tren y ella empieza a buscar a ese chico de rizados pelos y mirada profunda. De pronto alguien se para frente a ella. Un hombre alto y calvo le saluda y le da un abrazo. Si la chica tenía calor antes, más ahora que tenía delante un hombre con más pelo en pecho que un hombre lobo y con pinta de ser mucho mayor que ella, casi su padre.
En ese instante ella pregunta ¿Pero quien podría imaginar que alguien fuera capaz de mentir por inter....?
Mierda...- piensa dándose cuenta que, si ella ya no sentía lo mismo por ese hombre por la edad o su físico, es que no era amor.

Resumiendo. El amor o lo que podemos creer que es amor no ha cambiado, tan solo ha cambiado la manera de descubrirlo o la manera de expresarlo. Lo que antes era una rosa hoy es un emoticono y lo que antes era una carta de amor, ahora es una notificación.
Y no puedo acabar sin decir algo que escuche este fin de semana en una entrevista a una escritora:
"Nadie es tan feo como en la foto del DNI, ni tan guapo como en la foto del facebook"

Ah!. Y si alguien tiene en su imagen principal un anime japonés o algún fondo de pantalla, desconfiad!


viernes, 15 de junio de 2012

Mi primera escena

Si hay algo que me gusta hacer es salir a la calle con mi iPod. Camino por las calles y voy a ningún lugar.
Salgo de casa, me pongo los cascos y a caminar. En su día era salir del Carrer Segle XX y luego por Passeig Maragall. Me gustaba sentir que era una secuencia de una película y que la música que tenía en ese momento en el iPod era la banda sonora.
Siempre me ha gustado actuar desde que tengo uso de razón.  Desde pequeño siempre me llamo esa parte de mí. Quizás por eso adoraba y adoro salir a la calle sin destino alguno. La parte del paseo que más disfruto sin duda es el trayecto de ida y de regreso, el momento en el que estoy a solas conmigo mismo, cantando en mi mente, moviendo la cabeza como un idiota.
No me importa que me vean. No los miro. Solo me concentro en la ruta (o la no ruta). A veces voy a tiendas, entro y salgo de ellas, inquieto, como si buscara algo, o como si escapara de algo.
En su día me gustaba cantar y hacer mi propio playback con una regla. Supongo que entre muchas otras cosas, también soy un cantante frustrado. Pero supongo que incluso los cantantes frustrados quieren que se les escuche...No es mi caso. No me gusta que me escuchen y no tengo buena voz.
Hoy me ocurrió algo rarísimo. Volvía a casa de las prácticas escuchando música con el volumen altísimo, las manos en los bolsillos, mis venas retumbando al ritmo de la música y vi a un niño con su madre delante de un escaparate. Era una tienda de disfraces. Por lo que vi, parecía que el niño intentaba convencer a su madre de que le comprara un disfraz de algo que parecía un perro enorme.
Me detuve y me acordé de mi etapa de niño y de un disfraz de oso por el que luche a capa y espada para que mi madre me lo alquilara. Empecé a caminar sin darme cuenta de nada. Estaba en mi mundo abriendo el baúl de los recuerdos hasta que tope con alguien.
- Es peligroso que tengas la música tan a saco. Te puedes tener accidente.
- Disculpe– dije, incomodo por la situación.
Era una chica morena de ojos marrones. Tenía el pelo algo revuelto, parecía que acababa de hacer deporte.
- ¿Te gustan los disfraces?-preguntó.
- No, bueno, si- dije- es que de pequeño me gustaba mucho disfrazarme.
Ella sonrió.
No sabía si era una sonrisa irónica o amable, o si estaba divirtiéndose al ver lo nervioso que estaba. En cualquier caso tuve miedo de no decir nada más.
-Se te ha caído esto- me dijo dándome una braga de cuello que se me había caído (me la había quitado, el sol de esta tarde era insoportable)
-Gracias- le dije devolviéndole una sonrisa. Yo no suelo sonreír. Suelo hacer una mueca, pero sonreír es algo que me cuesta. Sin embargo estaba actuando de manera distinta. Como una persona distinta. Me gustaba.
Ella se despidió con otra sonrisa y caminó hasta el escaparate donde estaba ese niño y su madre. Le dio dos besos a la mujer y un beso en la frente al niño. Me habría gustado actuar de otra manera. Me gustaría escoger mejor los momentos en los que tengo que ser lanzado.
Volví a casa maldiciéndome por no haberle preguntado su nombre. Tenía que ser más lanzado y lo hice mal, muy mal (o quizás no, quizás debí ser más lanzado). Pero... ¿qué importa?. Creo que ese fue la distracción que más me ha hecho pensar en toda mi vida.
Siempre me quedarán las fotos de aquellos días en que actuaba de oso, de guerrero o de árbol. Ahora actúo de mí y de mi otro yo. El que me hace distinto y, a veces, mejor persona.

jueves, 14 de junio de 2012

Temporada1 capitulo1/ Bienvenido a tu serie de TV

El actor o actriz sale a escena y los focos se centran en el o ella. El protagonista tiene una vida con 3 pilares básicos; familia, amigos, trabajo(o estudios). A partir de ahí, vamos a jugar con lo que sería su destino.
Para mi así empieza un poco la vida. Siempre he pensado que la vida de cada uno puede tener más historia que las típicas películas de domingo o series de TV que podemos encontrar en algún canal de pago.
La serie o vida se separan de la misma manera. Temporadas largas divididas en capítulos. Durante toda esa etapa, nuestro personaje irá madurando o cambiando su manera de ver las cosas mediante distintos sucesos. No hace falta decir que todas las series tienen estupendos actores secundarios. Esos amigos o parte de tu familia que están ahí para ayudar a hacer una buena trama.
Como toda serie, necesitamos una buena banda sonora. La música es parte de nuestra vida y marca cada etapa de ella (creo que por eso nunca salgo de casa sin el ipod cargado)
Con todo esto, ya podemos empezar:
Si miras detenidamente todos los sucesos por los que has pasado, te darás cuenta fácilmente que es muy fácil organizarlo por temporadas. En la primera conocer a esa chica especial en un parque cercano a casa. En la segunda vais a clase juntos, pasados un par de años os enamoráis, sois felices. Pero claro, esto no deja de ser una serie de TV ¿Vende la felicidad constante? No. Entonces es cuando el destino (un guionista cabrón sediento de sangre) te empieza a poner obstáculos para ver como los superas.
Crisis amorosas, infidelidades, discusiones, lo que haga falta para hacer que no sea tan fácil llegar a una felicidad.
En algún momento, el guionista decide que hay que hacer un cambio. Decide quitarte esa chica de tu vida de alguna imaginativa (o no) manera para que así, pueda haber un personaje nuevo.
El chico en cuestión esta en un Bar con amigos después de aprobar los exámenes de selectividad. En un arrebato producido por la adrenalina de aprobar, intenta enrollarse con alguna chica.
Lo consigue. Se conocen y presentan. Bailan, se besan. Van a la casa de esta chica y abren la puerta entre besos de necesidad y deseo. La banda sonora de ese momento es Wonderwall - Oasis. Entran en la habitación, se quitan la ropa y nuestro protagonista tiene el mejor sexo que ha tenido en su vida.
De ahí, podemos sacar una temporada más. Al cambiar el entorno, todos los amigos (o el 90%) cambian y por tal, los actores secundarios tienen que rotar por completo. Igual se quedan 3 o 4 que triunfen entre los televidentes, pero el resto nuevos.
En esa universidad, se encuentra con la chica del bar. Empiezan una relación que se transforma en la clásica pareja "yo-yo" Llena de altibajos de todo tipo. Esto es algo muy recorrido en la TV y en la vida, siempre hace que el público se enganche.
Y entonces, cuando parece que porfin nuestro protagonista ha encontrado la estabilidad adecuada, el guionista decide añadir tragedia.
Una muerte de alguien. Un golpe duro, algo que haga llorar al protagonista y a los espectadores, un golpe en la mandíbula del que le cueste levantarse. La muerte de su ex novia, que si bien no tenían mucho contacto ya, siempre fue la primera.
Después de hacer que el protagonista empiece a levantar cabeza, decidimos darle algo de paz. Simplemente que las cosas vayan bien durante una temporada hasta ver en que momento hacer un giro en la historia para captar más gente. Y así constantemente hasta que un día, la cadena decida que no te renuevan el contrato para una temporada más.
Entonces es cuando llega el momento clave, acabar la historia. Ya sea dándole una tranquilidad perpetua a nuestro protagonista, o quizás dejándolo en una situación comprometida. Otros optan por dejar un final abierto, por si en algún momento se pueda retomar la historia....pero este no es el caso.
El chico acaba la universidad, su novia se queda embarazada y en ella en su hija encuentra por fin la felicidad que buscaba.
Buscamos una canción de lagrimilla fácil y una correcta iluminación, a poder ser, con tonalidades calidas.
Entonces, se ponen los títulos de final, y se acaba....pero, como siempre, nunca se sabe que puede pasar. La historia continuará, con o sin focos en la mente de ese guionista, de ese ente que decide todo.
En nuestro caso, el guionista es el destino. Y el destino escribe una historia larga que siempre esta plagada de nuevas historias, nuevos personajes, nuevas canciones y distintos finales.

martes, 12 de junio de 2012

Viernes/Tarde/Venganza


Pasaron muchos meses y no volví a tener contacto con nadie. Mis días se basaban en ver como el sol pasaba por mi ventana, sintiéndome seguro detrás de la puerta que solo se abría cuando necesitaba ir a la cocina o al baño.
Años después me dijeron que mi alma se había activado en "modo seguro", o modo erizo. ¿Nunca os habéis preguntado como pueden relacionarse los erizos con el resto de animales? Teniendo en cuenta sus espinas, les es difícil contactar con el resto...así que lo lógico es que prefiera alejarse del resto.
Eso era yo, un animal que no quería molestar ni ser molestado, que no quería hablar ni ser hablado, que prefería ver pasa el tiempo que hacer que pase algo en su vida. Mi madre se empezó a preocupar al ver que prácticamente no hablaba y que me limitaba a responder con monosílabos.

El día en que sentí que toque fondo fue una noche que me quedé solo en casa y bebí como nunca había bebido. No era una borrachera de fiesta, era una borrachera dramática. Beber solo para sentir algo.
Después de pensar de nuevo en todos mis errores, fui al baño a mojarme la cara...y entonces le vi.
En el espejo estaba ese judas al que llamé amigo riéndose mientras le daba una calada a un cigarro. Sus amarillos dientes denotaban su enorme vicio al fumar.
"¿Qué, estás solo?"
Le miré con desprecio. Detestaba cada cosa de el. Su cara, sus ojos, su barba, su cresta, sus pircing, todo.
"Esto te servirá para no decir mentiras"
Mire a otro lado, no quería verle, no quería oírle, pero no podía evitarlo.
"¿Qué paso? Te lo tienes merecido"
Me alejé del espejo y me senté en el suelo.
"Eres un mal amigo, un mentiroso, un perdedor, un mierda...adiós mentiroso, adiós"
Abrí los ojos y estaba de vuelta en mi habitación. Eran las 4 de la mañana, al parecer no podía estar en paz conmigo mismo ni en sueños.
No hace falta decir que me costaba dormir. Me sentaba en la terraza y me preguntaba que estarían haciendo el resto de personas de mi antiguo mundo ¿Qué harán? ¿Que había pasado con ellos? Busque mi móvil y vi que no tenía batería. Fui a buscar al cargador pero me detuve a medio camino. No quería saber nada de nadie en realidad, tenía miedo de que me juzguen por mis malos actos. Me quería fijar en lo primordial, simplemente no quería sentir más. Ni bueno, ni malo. Nada. No necesito arriesgarme a nuevas cosas, no quiero pasarlo mal.
Deje el cargador en su sitio y el móvil en el fondo del cajón. Me encendí un cigarro y fije mi mirada en el parque que tenía delante, que a aquellas horas estaba lleno de camellos buscando un cliente dispuesto a pagar las bolsitas de marihuana que guardaban en el interior de sus chaquetas.

Una mañana, 6 meses después, encendí el teléfono. Era un mensaje de uno de mis 3 mejores amigos de aquellos días. Me preguntaba donde estaba, que hacia y por que desaparecí.
No di ninguna respuesta a todas esas preguntas, tan solo le mentí diciendo que estaba trabajando y que últimamente no tenía tiempo de nada.
De pronto menciono el nombre de aquel tío que me delató. El era uno de esos amigos. No pude evitar sentir algo que no había sentido hasta ese día, odio.
No me costó definir la sensación por que ya la había sentido una vez en el coche de mi padre. Aquel padre que nunca se puso en contacto conmigo durante años y que se las daba de gran imagen paterna cuando le daba por quedar para hacer un café y mantener las diferencias.

En Junio me decidí en quedar con esos 3 amigos. Me empezaba a sentir fuerte, había vuelto a salir. Veía las cosas desde otro punto de vista poco a poco. Fui mirando los perfiles de toda esa gente que olvidé en un cajón junto a mi teléfono móvil. Ellos habían seguido su vida, todo seguía su rumbo. Esas dos chicas tenían una completa normalidad en sus vidas y decidí que yo no podía ser menos.

Llegué a un enorme parque en donde salíamos quedar después de clases. Todo seguía exactamente igual, como si el tiempo no hubiera pasado. Los niños jugando, los abuelos en los bancos, bancos corroídos y grafiteados con distintas firmas que podía reconocer.
Me senté y esperé.
Nadie aparecía, pero era normal, ninguno de ellos era puntual. Empecé a mover los dedos, como hacía cuando estaba nervioso. Ni el sonido de los árboles al moverse con el viento me calmaba, y era algo que en mi no fallaba.
Llegaron dos mensajes de texto. Uno se excusaba con un cumpleaños familiar y el otro con problemas con su novia. Lo que me dejaba a solas con el individuo que acababa de llegar a ese parque.

Venia con una cresta mustia y una tonalidad de piel extraña, no era el que yo recordaba en sueños. Estaba flaco, con la cara demacrada y con muchas ojeras.
Puse buena cara y le di la mano, por muchas ganas de matarle ahí mismo que tenía. Nos adentramos en un enorme parque que teníamos delante y me empezó a contar como su vida se había ido al carajo en pocos meses. Su salida de casa, su trabajo mal pagado, el maltrato laboral que sufría, su actual situación con la novia.
Le escuchaba y cuando terminó de contar todo, le dije que todo se arreglaría, que todo iría a mejor. Mentí, claro. Mientras mi boca decía frases tranquilizadoras, en mi interior solo decía una frase.
"Jodete cabrón, jodete"
Sentí una venganza del destino. La ira de algún ente sagrado que había decidido joderle la vida y hacerle pagar lo que me ocacionó.
Fue entonces cuando de verdad sentí que toque fondo.
Por mucho que lo dijeran, por mucho que me acusaran, por mucho que me juzgaran, yo no era una mala persona.
No era una mala persona y estaba disfrutando de las miserias de ese pobre hombre que tenía la mirada clavada en el suelo fumándose su último cigarrillo. En ese instante, me vi reflejado en la imagen de la derrota que reflejaba ese sujeto. Entonces me di cuenta que ese día, en ese banco, el que tenía delante no era un cabrón, tan solo era un pobre hombre.
Fue entonces cuando me apoye en un árbol y el me pidió perdón. Dijo que no esperaba mi desaparición, que no era su objetivo, que se dejo llevar por el impulso.
Acepté sus disculpas, aunque eso también era mentira. No se lo perdonaba, en ese momento aun no, tardé un par de meses más en hacerlo, pero creo que hice lo que tenía que hacer, o lo que me hubiera gustado que hicieran conmigo.
Le dí un cigarro. Al poco rato desapareció entre las oscuridad de ese bosque despidiéndose y quedando para algún otro día. Otro día que no sería hasta un par de años después.
Al volver a casa, escribí un mail haciendo lo que no hice en su momento con esas dos chicas. Pedí perdón, sin excusarme, simplemente pedí que me disculparan.
Una lo hizo, con ella aun tengo un contacto a menudo, la otra no. Quizás de esa última me acuerdo más. Seguramente si no la hubiera cagado con ella, aun seriamos amigos y muy buenos me aventuro a decir.
Esa noche fue la primera en la que pude dormir bien.
Esa noche por fin pude soñar en algo nuevo, en algo bueno.

lunes, 11 de junio de 2012

El inicio



Recuerdo que esa tarde volví a casa temprano, había sido un buen día después de todo. El verano acabó de dar sus últimos coletazos un par de semanas antes y la noche caía más temprano que de costumbre. Mis pocas preocupaciones eran los estudios y dos chicas. Y cuando digo dos, lo digo pudores. Creo que estaba enamorado de 2 chicas a la vez.
Una la conocí no hacia mucho. En una de esas típicas fiestas de inicio de curso. La típica amiga de un amigo que te la presentan y te quedas charlando con ella.
Me encantaba su pelo rizado y negro, y su pequeña boca y amplia sonrisa me atraían. Ella estaba enamorada de alguien, pero eso me daba igual, yo ya me había enamorado de ella.
Sin embargo, antes de ella me había enamorado de otra persona, de una chica que conocía desde que tenía 14 años. De ella recuerdo su alta estatura, sus castaños cabellos y su fuerte carácter. Con el tiempo he llegado a dudar de lo que realmente sentía por esa chica. No sabía si me había enamorado o tan solo la admiraba por la manera que tenía de afrontar su vida.
El caso es que, quizás por inmadurez, intente flirtear con ambas a la vez. Dado que mis esfuerzos habían caído en balde por el enamoramiento que tenían ambas hacia otros chicos, opte por mentir en ciertas cosas.
Es curioso pienso ahora. Como auto- reflejo a la falta de atención, generas historias para captar la misma. Haces de ti y tu vida una novela interminable en la que ellas son partes de la historia. Como si fueran lectoras a las que tienes que atar.
Durante un periodo de tiempo, funcionó. Ellas estaban pendientes y yo de ellas. Todo corría su curso, y si bien sabía que en algún momento todas esas mentiras se desmoronarían, no me preocupaba. "Ya pensaré en algo cuando eso pase", pensaba.
Al llegar a casa, pase por el salón donde estaba mi madre viendo una novela. Parecía muy concentrada en ella, así que solo salude con la mano antes de entrar en mi habitación y ponerme al Messenger.
Conecte. Eso era parte de mi dinámica diaria, incluso antes que estudiar, prefería conectarme al Messenger para hablar con cualquiera de estas dos chicas.

Solo estaba una conectada, pero sentí una cosa extraña. Algo no iba bien. Normalmente ella me abría la ventana para saluda que tal el día, pero no lo había hecho.
Le salude de manera alegre y me respondió de manera frívola. Sin duda algo había pasado, pero no sabia el que.
"No tienes nada que contarme?"
Vale si, algo ha pasado, pensé.
Todo cobró sentido unos minutos después. Llego un mensaje de un amigo que teníamos todos en común. Lo primero que dijo fue "La has cagado".
Fue entonces cuando empezó a desmenuzar como el le había contado todo a ellas dos. Como las historias no concordaban, la conversación entre ambas chicas, el como se los contó y cuando.
Parecía que se lo pasaba bien. No paraba de decir que era un mentiroso y que por eso me quedaría sin amigos.
Estaba en cuadro. No podría decir, ni hacer nada. Mis orejas empezaron a arderme y empecé a sudar como si estuviéramos en pleno agosto. Los mensajes se llenaban, tanto de el como de las dos chicas.
Salí de la habitación y me metí en el baño. Me lavé la cara y me miré al espejo. Pero que mierda has hecho, me repetía mirándome. En el reflejo pude ver un chico nervioso con los ojos vidriosos.
Mi madre me vio salir y se preocupó. Al llegar, las dos chicas aparecían desconectadas, seguramente me habían bloqueado, y la verdad podía entenderlo.
Al contrario, parecía que aquel "amigo" se lo estaba pasando en grande machacándome con los hechos. Hizo de juez y verdugo, creo que es lo que siempre le había deseado. Sentirse el paladín de la verdad y la justicia que hace la paz.
Cerré el ordenador y salí al salón. Le dije a mi madre que quería dejar el bachillerato. Ella lo entendió después de 3 horas explicándoselo.
Nos acabábamos de mudar y nadie conocía mi dirección, ni mi número de teléfono de casa y el único contacto que tenían conmigo era por mi móvil, el cual apagué durante una buena temporada.
Creo que llegué a odiarme a mi mismo. Empecé a borrar mi perfil de todas las redes sociales existentes en aquella época. Messenger, fotolog, myspace. Todo lo mandé al carajo y dejé todo como si no existiera.
Y eso hice, deje de existir para todos, incluso para mí.
Fue entonces cuando empezó todo. La historia de Sara, los problemas de mi madre, mis inicios para recuperar mi identidad, la perdida de todas aquellas amistades, la creación de nuevas... esta agria historia fue tan solo el inicio de algo grande que acababa de empezar. Algo bueno, algo verdadero.

Probabilidades


En ocasiones la gente no es conciente de lo que significa el azar en sus vidas y lo mucho que puede cambiar todo por una acción cualquiera.
En mi caso, no lo vi venir.
Fue una de las tardes vacías que tenía en vacaciones. Era mi primer año en un nuevo país y con un nuevo circulo de gente. Me sentía algo solo. Todos mis compañeros se conocían desde que tenían 6 o 7 años y yo acababa de aterrizar literalmente a las suyas.
No me sentía muy cómodo aun, así que pasaba gran parte de las tardes en casa o en un cibercafé que estaba a pocas calles. El camino me gustaba. No estaba acostumbrado a ver tantos árboles alrededor de una ciudad, teniendo en cuenta que en la parte de Lima en donde vivía no había árboles tan frondosos por las calles.
El encargado del local era un uruguayo que parecía estar más pendiente de una conversación de Messenger a darme el número de ordenador y el tiempo.
En general buscaba a mis amigos del otro lado del mundo, aunque me di cuenta a los pocos días que ellos seguían su vida e historia, y yo no encajaba del todo en ella.
Y entonces, empecé a escribir. Entre a una web de música donde la gente anónima colgaba letras de canciones. Yo, en un arrebato de quiero y no puedo, me puse a escribir frases son rimas fáciles hablando del amor (oh si, gran originalidad la mía...)
A los pocos días, simplemente paso.
Encontré un mail de una chica de Valencia. Parecía agradable y decía que le gustaban las letras.
Me halagó y la agregué. Las palabras con ella me salían de manera automática, se podría decir que me sentí comprendido. Era una chica normal, con sentimientos normales e ilusiones normales. En su foto, la veía con unos pelos castaños y siempre con una sonrisa.
Sonrisa que no se le borraba nunca, ni por imagen, ni por escrito. Todo lo contrario que hablando por teléfono, ahí era más bien calmada y pausada.
Simplemente me encantó saber que coincidíamos en muchísimas cosas, en la manera de ver el mundo. Esa chica era especial, es especial.
Pasaron 8 años y aun mantenemos contacto. Ella ha cambiado un poco. Ya no es tan inocentona y es más fuerte. Tiene lo que a muchos le puede parecer raro, anticuado o admirable. Ella es buena.
Hoy en día no abundan las buenas personas. Y no hablo en el sentido moralista de la palabra.
///
Fue un verano en el que ella decidió trasladarse a Barcelona a hacer un Master de Turismo. Me acuerdo que el día en que me lo comentó casi di un salto en la silla.
Nunca nos habíamos visto en persona. Por alguna razón u otra, siempre terminábamos aplazándolo o posponiéndolo, pero esta vez no iba a ser así.
Quedamos en un café del centro. Recuerdo el lugar repleto de turistas hablando en distintas lenguas por todos lados. Yo miraba a la ventana, esperando alguna minima señal de ella mientras movía la cucharita de mi café.
Fue entonces cuando pasó. Sentí una extraña sensación en el cuerpo y un impulso eléctrico que subía por mi espalda y acababa en mis orejas. Mi corazón se acelero y sentí que mi rostro se calentaba. Seguramente estaba rojo como un tomate o un turista nórdico en la costa mediterránea.
Empecé a dudar de mis sentimientos hacia ella. ¿La quería solo como amiga? ¿Por qué siento esto? ¿Esta emoción es normal? Después de tantos años se me hacía raro preguntarme eso justo en ese momento, no tenía sentido.

Entonces se abrió la puerta.
Miré a otro lado intentando fingir que no me había dado cuenta. De reojo vi una chica acercarse a distintas mesas y hablando con los que estaban sentados. Pensé que quizás no me había visto, pero al poco rato vi como esa chica caminó hasta mi mesa.
- Sorry. Have you seen a red-haired boy?
-No, sorry.

Falsa alarma. 
Suspiré y volví a ver la ventana, en donde estaba ella saludándome enérgicamente con una amplia sonrisa. 
Me quedé en shock pero sonreí. Ella entro por esa enorme puerta y se acercó a la mesa. Me levanté y la abracé. 
Entonces fue cuando lo entendí. En ese abrazo me encajaron todas las piezas. Sin duda la quería, era una de las personas que más quería en este mundo, pero no de la manera en que sospeché que sería minutos antes.
La abracé con necesidad, con cariño. La necesitaba cerca. La quería como mi amiga, la amiga que siempre había deseado. La cómplice perfecta para charlar sobre cualquier cosa. 
Ella era mi amiga, mi amiga de verdad. En ese abrazo sentí que todas esas letras y fotografías cobraran sentido. Era real y la tenía delante.



Después de una larga charla nos despedimos y quedamos otro día, lo que a partir de ese momento seria una dinámica.
Al llegar al metro me puse a pensar en las probabilidades que había en conocerla. ¿Os lo imagináis? ¿Qué probabilidades había en que un chico de Barcelona y una de Valencia se conocieran por la red, mantuvieran el contacto durante años y luego se conocieran?
¿Qué hubiera pasado si no hubiera ido al cibercafé aquella tarde de verano? No lo se, tampoco quiero averiguarlo. Lo que se es que ella es parte de mí ya.

De vuelta a las andadas.

Estaba comentando en el blog de un chico que había hecho una biografía sobre un jugador de futbol (Henrik Larsson) y antes de dejar mi comentario, al poner mi mail, me recordó que yo tenía un blog.
Creo que aprovecharé la oportunidad para hacer de esto mi propio cajón desastre. Es decir, igual algún loco o loca se pondrá a leer esto (si lo está haciendo, gracias. Pero tengan en cuenta que igual hay cosas mejores que hacer) pero en general quiero dejar constancia de mis pensamientos en público.
Hay una escritora que me encanta que suele escribir es un blog cada jueves y en sus palabras, me hace recordar algo que me apasiono siempre en la vida.
Seguramente a alguno/a le ha pasado, o a la gente que escribe en general vaya. Pero el sentir que alguien te lee y le has producido algo, aunque sea 1 entre miles de miles…te llena. Es como una chispa extraña que hace que lo que has escrito vale la pena, y mucho.
Nos quitamos las caretas señores. A mi me encanta escribir. Me fascina crear historias, personajes y escenarios. Desde que era pequeño las letras me llamaban. La primera vez que toque una máquina de escribir fue a los 7 años. No sabría recordar que marca era, creo que una Hispano Olivetti que había tenido mejores épocas. Mi abuelo solía hacer las cartas en ella y el sonido de las teclas y el rodillo arrastrándose era la banda sonora de los domingos por la mañana en mi casa.
Mi abuelo siempre fue un hombre serio pero cariñoso, duro pero dulce y muy activo, muchísimo más que otro abuelo que haya conocido en mi vida. Un día me dejo delante de la máquina y me explico como funcionaba.
El sonido de la tecla A que hacia que esa clase de pinza pintase esa letra en el papel me encantó y por supuesto, mi primer texto fue: “AGDFSHDGASJHDSADASHDAKDGHFGGFVKL”
Básico ¿verdad?
Ahí empezó todo. Me puse a escribir cosas sin sentido, tan solo necesitaba escuchar ese sonido. Mi abuelo se enfadaba al ver las hojas que gastaba, ya que los rodillos de tinta no eran baratos y yo los malgastaba como si no hubiera un mañana. Quizás por eso el optó por ponerle un candado a esa caja.
Años después viaje a Barcelona y deje de lado un poco las maquinas de escribir. Era mi época de caos hormonal y sentimental. Mi creatividad de vio limitada a la gran cantidad de tonterías que decía o escribía. Ya sea a mis amigos o a mi vieja libreta, mi mente no dejaba de construir ciertas cosas que con el tiempo me dí cuenta que tan solo eran parte de un enorme guión que cobraría cuerpo años después.
Mi abuelo murió en sus camas, en sus mantas, como el tanto había querido. No estuve allí, no pude ir a su entierro. Siendo sinceros tampoco quería ir. Ese mismo año había muerto otra persona importante para mí. Fue 4 meses después de que mi abuelo muriera. El se llamaba Pablo R. Era un anciano que vivía en uno de los barrios más elevados de Barcelona, en un discreto estudio desde el cual se podía ver gran parte de la ciudad.
El me enseñó a jugar ajedrez y a tener en cuenta que, por mucho que no lo deseemos a veces, estar solo puede ser la mayor condena que uno mismo se puede imponer.
Me acuerdo de la funeraria, por la Ronda de D’alt. Fue un día soleado. Recuerdo que falté a Clase para ir a la misa antes del entierro. Allí estaban 10 familiares cercanos que lloraban su muerte. Yo también lo hice. Lo que no me gustó fue la ceremonia que hizo el padre delante de ataúd. 1 mes antes de que Pablo muriera, hablamos sobre la muerte.
El me dijo que pensaba que todo simplemente era energía, su mente de químico no le permitía pensar otra cosa. Siempre recordaré su portentosa lógica. Según me dijo, para creer en dios necesitaba alguna prueba empírica y, sin embargo, estaba siendo despedido de una rigurosa forma católica. A veces pienso que el no hubiera querido eso.
Al salir, nos esperaban tres coches. Uno era para el cajón y otros dos para los familiares.  Me acuerdo que yo y mi madre nos metimos en el segundo junto con la hermana de Pablo, que era idéntica a él.
Durante el caminó, las coronas de rosas  que tenia a los lados el coche fúnebre desprendía pétalos por el camino. Me quedé embobado mirándolo.
Poco después llegamos al Tanatorio de les corts. Ya lo había visitado en otra ocasión y también visto en alguna película. Seguramente acababan de celebrar alguna ceremonia dentro por la gran cantidad de gente que había en la entrada. El viento de ese día me calmaba. Hasta ese día nunca había presenciado el entierro de alguien cercano a mi, supongo que eso me afecto más de lo que esperaba.
Allí dejamos los restos de Pablo, junto con los de su madre, la que tanto adoraba. Mientras sellaban la tumba, me sentí como si estuviera en el entierro de mi abuelo. Ese fue uno de los días en que pensé en que quieras o no, te guste o no, todo tiene un final.
Cuento esto por que es parte de mi historia. Parte de mí. Supongo que en el caso de que nadie me lea, eso podría ser una divertida charla conmigo mismo.
Si hay alguien atrás de la pantalla, bienvenido. Y como diría alguien que leo… “cuéntame tu historia”