domingo, 4 de noviembre de 2012

Él nunca llegará a ella




El año académico había sido una basura. Sin duda, Freddie se rindió a inicios de Octubre. Sus pensamientos eran vagos, al contrario que su pasión desmedida por Nerea. Él suponía que estos casos se solían ver mucho a finales de la educación secundaria. Un cócktail mal digerido de arrogancia, alcohol, sexo e inmadurez era la mezcla perfecta para el fracaso escolar, o esa era la escusa que les gustaba poner a los profesores, alumnos y padres para enmascarar la falta de rendimiento.
Los últimos días siempre son extraños pero agradables. Al no haber más materias por estudiar, aquella última semana se convierte en un trámite en el que la gente se limita a hacer vida social, mientras los profesores informan a los alumnos que materias necesitan recuperar.

Freddie esperaba a un extremo de la clase, como si esperara una condena que sabe cuando y cómo pagará. Por la ventana puede ver como las hojas de los árboles se mueven por el viento y como el humo de los porros que se estaban fumando unos compañeros suyos se dispersaba.

Poco a poco el aula se fue quedando vacía. Podía escuchar como las chicas de la última fila (unas cotorras que siempre reían y eran el hilo musical del curso, hablaban de como un participante de un reality show se había encamado con una) habían formado un debate junto al resto de la clase.

Desde hace unos días, su relación con Nerea había cambiado. No por ninguna discusión, ni tampoco por infidelidades (como suele ser común a esas edades), simplemente empezaba a caer en cierta rutina. Sin embargo, esto a él no le importaba, tan solo quería estar con ella y punto.

-Tengo que decirte que tu rendimiento en matemáticas ha bajado de una forma drástica, creo que aun podemos salvar el curso, pero tendrás que hacer estos ejercicios- le dijo el profesor.
Joan era un hombre de mediana estatura y barba prominente, en ocasiones el resto de compañeros le llamaban "papa pitufo". No era un mal profesor, pero sin duda su metodología había quedado algo antigua con los tiempos que corren.
-Te juro que nunca había visto un caso tan drástico como el tuyo, ¿Se te ha muerto alguien? - preguntó mientras le miraba fijamente a los ojos.
-No, nada de eso- respondió Freddie sin dudar.
-Pues parece que estás en otro mundo desde hace unos meses, ánimo, aun puedes salvar esta materia- dijo poniéndola la mano en el hombro- resuelve estos ejercicios, es una manera de subir la nota.

Al salir del instituto, vio como sus compañeros se dispersaban en grandes grupos a distintos sitios. El no encajaba demasiado en ninguno de ellos, y de pronto abrió los ojos.
Freddie había sido abandonado por él mismo y aparte de él, también había abandonado los estudios, a su familia y a sus amigos, todo para meterse en una historia con una chica con la que nada valía. Una relación en secreto que tarde o temprano le dejaría a él en un desierto, absolutamente solo.
Fue extraño sentir como unas palabras de un profesor le habían devuelto a la realidad "parece que estás en otro mundo". Una frase tan corta y rotunda que hería, como un llamado claro del mundo real que se lo decía claramente.
Empezó a ver algunas fotografías de sus amigos en redes sociales, en fiestas, cumpleaños, botellones y en todas él tenía claro el mensaje que interpretaba "Estamos aquí. ¿Donde estás tú?

Freddie, al igual que el humo, se había dejado llevar por el viento. Durante los últimos meses, el había estado fingiendo no estar con nadie mientras se encontraba con Nerea por las noches. Ella no quería que nadie se enterase, no quería dar explicaciones, no quería dárselas a nadie, ni a ella, ni a él. Por muchos intentos de Freddie de normalizar la relación, todo conducía a un callejón sin salida.

Pero ahora, era urgente parar.
Mientras Freddie regresa a casa en bicicleta, sintiendo como el viento acaricia su pelo, siente como lo que sentía por Nerea se iba apagando, como una vela en invierno. Asume la ruptura con Nerea como si se hubiera producido en esa corta conversación con ese profesor.

En casa, empieza a leer los problemas de lógica, nada del otro mundo. De repente, para en el apartado 5.
"Supongamos que entre dos personas, A y B, hay dos metros de distancia. Y A quiere acercarse a B, pero en cada paso ha de cubrir exactamente la mitad de la distancia total que le resta para alcanzar a B"
Como un auto reflejo, Freddie empieza a escribir.
"El primer paso es de un metro, el segundo de medio metro, el tercero de un cuarto de metro. Cada paso de A hacia B será más pequeño, y la distancia se irá reduciendo en una progresión eterna, pero lo sorprendente es que, mantenida la premisa de que cada paso sea equivalente a la mitad de la distancia total que los separa, por más que avancé, por más que luche, A nunca llegará con B"
Empieza a sentir un temor en el pecho, una fuerza extraña le oprime la caja torácica mientras termina esa frase. Puede que ese ejercicio ayudara a explicar la teoría de los limites que cambió la historia de la ciencia, pero Freddie se dio cuenta que esa respuesta se había convertido en una carta de despedida. La misma carta que dudará en dejarla en el buzón de Nerea.
En esa carta, el intenta explicar de una manera lógica que la historia entre ellos se había acabado. A nunca llegará a B.


5 años después, Freddie volvería a casa de Nerea sin avisar. No entró, tan solo dejó la carta que no tuvo valor de dejar hace unos años. El tiempo se había encargado de distanciarles hasta tal punto de que se habían vuelto desconocidos.
Da un último vistazo al portal y se retira por la larga calle que le llevaba hasta un parque que siempre le trajo recuerdos.
De pronto, recordó a todos esos amigos que ahora ya no están, o que simplemente son una imagen pequeña en una red social que le felicitan en los cumpleaños, cumpliendo un protocolario saludo con iconos y símbolos de exclamación.
Esos recuerdos le producen cierto escozor dentro del pecho, sin embargo, es placentero. Era como si hubiera una pequeña herida cicatrizándose, una marca en la piel que quieres acariciar y reconocer, disfrutar por todo lo que significa para él. Ahora que aún puede sentirlo y recordarlo.
La memoria es muy traicionera, y entierra a las personas sin miramientos, sin pausa ni prisa, como si fueran fotografías sin papel o un video sin imágenes.
Freddie se monta encima de su bicicleta y se dirige al nuevo sitio en donde estudiará el presente año, eran las 9 de la mañana y quedaba una hora para entrar dentro del recinto.
-Y ahora, ¿A donde voy?
Él ríe mientras vuelve a pedalear, disfruta del viento en su rostro y del dolor que siente en el pecho, porque es posible que, pronto, ese dolor y ese viento desaparezcan.


Inspirado en la teoría de distancias en el libro de David Trueba- Saber perder. 

martes, 30 de octubre de 2012

Ya no te quiero.

De pronto me vi sentado en aquel banco en medio del parque. En ocasiones pensé que ese sitio estaba encantado, ya que muchas cosas importantes en mi vida habían sucedido allí. Desde el primer amigo, el primer beso, la primera borrachera, mi primer cacheo policial y sobretodo, ella.
Ella es era una chica especial que entro en mi mundo cuando menos lo esperaba y deseaba. No me confundáis, no soy un cascarrabias ni un amargado, pero el amor me ha dado muchísimos problemas en mi vida.
Siempre que me enamoraba de una chica estaba:
-Loca
-Idiota
-Obsesionadas con sus ex.
-Con ex obsesionados con ellas.
-O una mezcla de lo anteriormente dicho.

En todos los aspectos, mi vida sentimental se basaba en el querer y no poder por causas del azar o destino, como si de una canción de un compositor con trastorno bipolar se tratase.
Entonces apareció ella, en una de esas fiestas de barrio en los que grupos teloneros de segunda fila llaman a sus seguidores para darle ambiente a la fiesta y clientes a los numerosos vendedores de bebidas alcohólicas.
Entre esa multitud, estaba ella. Formando parte de una inmensa cola liderada por un hombre fornido y con perilla mal afeitada rellenando vasos gigantes de cerveza a un precio módico.
Jugaba con su pelo mientras observaba el móvil constantemente, como si de una conversación de vida o muerte se tratase, movía los dedos con gran rapidez. La típica amiga de un amigo que es prima de otro amigo en común, así la conocí.

Después de 4 o 5 encuentros "accidentales" en los que nos encontrábamos en las mismas fiestas empezamos a salir. Creo recordar que empezó un 15 de octubre. A partir de ese día podría decir que estaba en el punto perfecto de toda relación. Ese punto en el que encuentras una estabilidad extraña dada nuestra edad, en la que los momentos felices lo saboreabas y los amargos los superabas. Donde los celos los notabas como muestras de afecto incontrolable y no como un sentimiento posesivo-obsesivo.
Si algo no olvidaré de esos días, son sus rebeldes rizos que se colaban entre mi camiseta (más de una vez encontré algún que otro pelo en ella antes de meterla en la lavadora) y sus extraños ojos (entre azules y verdes) que sentía que podían llegar a hiptonizarme y dejarme más idiota de lo que ya estaba.

Ese periodo de mi vida duro 634 días. Como en la mayoría de parejas, llega un momento en que la pasión desaparece y se vuelve rutina y decidimos dejarlo.
No por nada, no por nadie, solo nosotros sabíamos la realidad. Simplemente no queríamos hacernos daño, había llegado un momento en el que, si bien ya no sentíamos pasión el uno por el otro, había quedado un sentimiento distinto pero importante.

Pasaron los meses y dejamos de vernos. Ella pronto empezaría un erasmus y se iría a Londres una temporada, y decidí en un arrebato proponerle vernos en el parque en donde nos conocimos (después de ver una comedia romántica)

Y allí estaba yo, en esa fría tarde en la que el sol tintaba de naranja las ventanas de los edificios. Rodeado de niños jugando, abuelos hablando y camellos traficando en alguna esquina.
Ella apareció con aquellos ojos idiotizadores y esos rizos aplastados por una gorra hibernal. Tan guapa como siempre había sido y con el gesto de incomodidad que nunca había podido ocultar cuando estaba en una situación que le producía nervios.

-Así que te vas ¿verdad?- le dije al verla sentarse.
-Yo tampoco me lo creo- respondió ella acomodándose el pelo en los hombros- estoy emocionada.
-Los viajes son importantes- respondí mirando a un par de niños pelear delante de la atenta mirada de un abuelo, quien acudía a separarlos.
-No idiota, lo digo por tu llamada- dijo ella.
-Debí anularla, fue un arrebato.
-Esta bien, es extraño todo esto.
-¿Qué habría pasado si no hubiéramos roto?- le pregunté después de un largo silencio.
-No lo se, quizás no podríamos estar hablando como ahora.
-Quizá.
-Seguramente no, el alargar las cosas cuando no tiene sentido suele romperlas- dijo ella mirándome con esos enormes ojos.
-¿Sabes? - le dije interrumpiéndola- la gente no suele tener la oportunidad de ponerle un bonito final a una historia.
-¿A que te refieres?- preguntó ella.
-Piénsalo, desde pequeños somos unos buscadores de historias- le contesté- en los cuentos de hadas, en las películas, en las series y canciones, en las personas, en nosotros mismos.
-Tiene sentido- dijo suspirando- ¿no cambias eh? siempre tan rebuscado.
-Supongo que vernos ahora es una buena manera de acabar, mejor que por una red social o un mensaje corto en un teléfono móvil.
-¿Eres feliz?- me preguntó de golpe.
-Eso son pequeños momentos, uno no puede ser feliz siempre.
-Creo lo mismo, te estaba probando, quería saber si te habías amariconado con el tiempo- dijo con aquella amplia sonrisa que le caracterizaba.
-Eras la chica- le dije mirándole a los ojos- siento haber dejado de sentir lo que sentía por ti.
-Lo mismo te digo.
-Algún día encontraremos a alguien y quizá tengamos que repetir esta escena con otras personas- le respondí.
-Eso no lo sabemos, igual resulta que es para siempre- dijo ella mirando al suelo mientras pasaba un dedo entre un mechón de su pelo.
-Supongo que si.
-Espero que tu próxima novia no deje pelos en tu camiseta- dijo ella riendo.
-Te adoraba.
-¿Cómo?- preguntó ella descolocada.
-Pues que te adoraba por esas cosas- le respondí- era como tener tu olor conmigo y en ese momento, me encantó tener tus pelos en mi camiseta, sobretodo por que eras tu la que los dejaba.
Ella soltó una de esas pequeñas risas que se apago al instante, al igual que la mía. Nos tocamos las manos y jugueteamos con ellas un poco, como hacíamos hace unos años.

-Oye, me voy ya, tengo que arreglar un par de cosas en casa- me dijo soltándome la mano- me alegra saber que te va bien.
-No hay problema, cuídate mucho y no te vuelvas alcohólica- le respondí dándole dos besos y viendo como caminaba a paso ligero pero constante por el camino de la derecha, que daba a la calle en donde estaba la parada de bus.
-Oye- le dije dando un grito.
-Dime- dijo ella alzando la voz.
-Espero que te vaya bien.
Ella soltó una sonrisa que aun tardo en olvidar. Ha pasado un tiempo desde aquel día y sigo manteniendo un buen recuerdo de ella y de ese parque. Normalmente los parques y los meses no suelen marcar nada en el transcurso de una vida, sin embargo, en ese parque y en ese frío mes, pasó algo que no suele pasar.
Pasó algo que la gente no suele tener la oportunidad de hacer, ponerle un bonito final a un libro.

sábado, 13 de octubre de 2012

Me echarás más de menos a mí que al perro ¿verdad?



Tanto Ana como Raúl estaban intentando estudiar usando la larga pero efectiva metodología de estudio de él. Se basaba en cortar unos papeles del mismo tamaño y escribir en una cara una posible pregunta del examen y en la otra la respuesta, de esta forma estudiaban, intentando hacer de esa asignatura algo lúdico.
-¿En serio crees que esto tiene sentido?- preguntó Ana mientras amontonaba un puñado de pequeños papeles en el centro de la mesa en donde estaban sentados.
-Si, siempre me funciona, verás como aprobamos- respondió mientras escribía con una minúscula letra las respuestas en un lado del papel.

La tarde paso lentamente, la casa de Raúl estaba sola, lo cual invitaba a un ambiente intimo entre él y Ana. Eran pareja desde hace unos 4 años, desde que acabaron un ciclo medio de administración. En pocos meses empezaron a salir y poco más tardaron en afianzar lo que ninguno de los dos buscaba, una "relación abierta"
Aunque estaban intentando estudiar, lo cierto es que un pensamiento les carcomía a ambos desde hace meses y ninguno tocaba el tema para evitar tomar decisiones apresuradas. Ana se iba de erasmus a Londres en verano y no volvería en 4 meses, lo cual hacía que un cambio en la relación se cernía entre ambos.

-¿Qué pasó con tu perro?- preguntó Ana al ver que la cama del pequeño perro de la madre de Raúl no estaba en la esquina.
-Pues mi madre lo ha llevado a casa de una amiga suya- respondió Raúl- se ve que esta deprimida y dicen que los perros ayudan con estas cosas, me da rabia que se lo lleve y haga con él lo que quiera.
-¿Y se quedará ahí para siempre?- dijo Ana sorprendida.
-Pues no lo se, creo que no, he criado prácticamente a ese perro, no pienso abandonarlo en manos de una cuarentona- respondió Raúl.
-¿Hace cuanto que lo tienes?
-Mas o menos 6 años.
-Y nosotros llevamos casi 4 años.
-Si, parece increíble ¿verdad?- dijo Raúl.
-¿Increíble por qué?
-Nada, por el tiempo que ha pasado desde que nos conocimos.
-Y me iré de erasmus dentro de poco...-dijo Ana tocando el tema por primera vez en meses.
-Pues si, será una pena- dijo Raúl.
-Bueno, sabes que nuestra relación siempre ha sido abierta- dijo Ana.
-Si, lo sé, sin compromiso.
-¿Me echarás de menos?
-Pues claro que lo haré mujer, pero tu diviértete.
-Perdona, ¿has dicho que me divierta?
-Si, es tu erasmus has de disfrutarlo.
-¿Y tu que harás? ¿Disfrutarlo también?
-Supongo.
-¿Disfrutarás que no este contigo?
-Supongo que si.
-Eres imbécil- dijo Ana sin cortarse un pelo al decirlo.
-¿Por qué?
-Has dicho que disfrutarías mientras yo no este.
-¿Y que hago? ¿Llorar?
-Joder, si es que mírate- dijo Ana mirándole de arriba a abajo- te da igual, si es que te has enfadado más por lo del perro que por lo de mi erasmus.
-Pero joder, a mi perro me alegra los días todas las mañanas.
-Vete a la mierda.
-No, perdona, no he querido decir eso.
-Entonces si el perro te importa y te has enfadado por que una cuarentona se lo ha llevado a casa, igual yo tendré un amante cuarentón millonario en Londres.
-Pues tú verás lo que haces- dijo Raúl enfadado.
-Mírate, pero si te has enfadado- dijo Ana riéndose- entonces tu podrás disfrutar de tus chicas aquí ¿y yo no puedo buscar un cuarentón millonario?
-¿A donde narices quieres llegar?- preguntó Raúl.
-¿Qué seremos cuando empiece el erasmus?
-No tengo ni idea Ana.

Se hizo un silencio en el salón que nadie se atrevía a parar, quizás nadie tenia nada mejor que decir.

-Tan solo quiero saber cuanto te importa esta relación- dijo Ana
-Mucho- dijo Raúl.
-Pues no lo parece.
-Por tu parte tampoco, si es que por eso tenemos una relación abierta- dijo Raúl- Nos queremos, pero tampoco nos queremos a niveles que no podamos vivir.
-¿Te acuerdas de esa película donde un millonario le ofrece a una pareja 1 millón de dólares a cambio de acostarse con la chica?
-Si, me suena pero no la he visto.
-¿Aceptarías 1 millón de dólares por mi?
-Bueno, tendría que hablarlo contigo y quizás hacemos un negocio.
-Desde luego a veces creo que no eres más idiota al expresarte por no ser un mono- dijo Ana.
-Oye, que al menos compartiríamos el dinero, no sería todo para mí.
-Solo faltaría, a mi me follan y tu tan campante- dijo Ana.
-¿Te lo quieres llevar todo? Joder, serías mi chica- dijo Raúl indignado- ¿Y por qué estamos discutiendo esto? No creo que ningún pirado pagase un millón de euros por acostarse con alguien.
-¿Crees que no lo valgo?- dijo Ana más indignada aun.
-Si lo vales, pero con la crisis que esta cayendo igual pide un descuento.
-Pero joder, no soy una puta, no hago carnet por puntos idiota.

Después de quedarse en silencio una vez más, se vieron cara a cara, en una mesa llena de pequeñas hojas cortadas sin saber que decirse, tanto que llegaron a la conclusión de que ambos querían lo mismo, pero no sabían como decirlo.

-No me divertiría- dijo Raúl.
-No te entiendo- dijo Ana.
-Que no pienso divertirme mucho cuando tú ya no estés, ni me hace gracia lo del cuarentón, ni lo del millonario amante.
-No pienso estar con nadie allí mientras tengamos esta relación....abierta- dijo Ana mirándole a los ojos y sonriendo.
-Ni yo pienso liarme con ninguna chica hasta que vuelvas- dijo Raúl.
-Pero... ¿Y si nos ofrecen 800 000 euros? Yo lo vería bien.
-Sería cosa de hablarlo.
-Me echarás más de menos que al perro ¿verdad?
-Que si
-¿No estarás con nadie hasta que vuelva?
-No lo haré.
-...Eres una nenaza- dijo Ana mientras ordenaba los pequeños papeles esparcidos por la mesa.
Vete a la mierda Ana- dijo Raúl riéndose.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Enamorarse a mi modo

*Yo me enamoro *Tú pasas de mí *Él te besa. *Ella me dice "yo ya te lo dije..." *Nosotros somos amigos. *Vosotros sois algo más. *Ellos, mis amigos, ya me avisaron. *Yo me jodo viendo vuestras fotos en Face. *Tu lloras *El te deja *Ella , mi gran amiga, me dice que lo veía venir *Nosotros terminamos hablando de tu mal de amores *Vosotros volvéis a los 3 días *Ellos, mis amigos, se ríen pensando en lo patética que es la situación. *Yo intento pasar de ti. *Tu intentas llamar mi atención. *El se va liando con cualquier chica *Ella me cuenta que se lío con él. *Nosotros no podemos mantener una conversación normal. *Vosotros os engañáis en público diciendo que sois felices *Ellos, mis amigos, se ríen mientras fuman psicotrópicas hierbas. *Yo ya no siento que me muevas la tierra *Tu empiezas a dejar de sentir atracción por él. *El vive tranquilo, tampoco le llegaste a importar mucho. *Ella me dice que él es un chulo descarado y ese es su encanto. *Nosotros nos distanciamos poco a poco *Vosotros cortáis simplemente por cambiar de dinámica. *Ellos y yo nos vamos de fiesta, no más dramas. *Yo conocí otra chica *Tu conociste otra chica también. *Él se rapa la cabeza y se pone 10 pircings en la cara *Ella detesta su manera de poner labios de pato en las fotos. *Nosotros nos contamos como nos fue. *Vosotros ya no os habláis *Ellos, mis amigos, se empiezan a distanciar. *Yo deje de ver a aquella chica. *Tu te enteras que tu chica te fue infiel *El desaparece de la clase, de la calle, de la vida. *Ella me cuenta que tuvo un accidente. *Nosotros vamos a visitarle. *Vosotros ya no sentís nada el uno por el otro, como mucho lástima. *Ellos me dicen que tienen algo que contarme *Yo te veo y no siento que me aceleres el pulso *Tú crees que lo mejor fue no ser nada más. *El se va a vivir al extranjero *Ella, mi amiga, decide que es momento de cambiar de aires y se va a Italia. *Nosotros dejamos de vernos y nos convertimos en simples recuerdos. *Vosotros tenéis algún que otro correo electrónico de vez en cuando *Ellos, mis amigos, me confiesan que son gays *Yo les dije que ya lo sabía. *Tú me encuentras una noche en una discoteca *Yo te vuelvo a mirar. *El alcohol nos hace decir y hacer locuras. *Nosotros despertamos en una casa completamente vacía. *Yo miro al techo y no me explico nada, pienso que igual el destino no esta escrito, que nada tiene sentido, que debe haber un sanguinario escritor en esta historia. Pienso que me siento protegido. Quizá sea el azar, quizá fue el alcohol, quizá fue el alcohol de garrafón. No se si es la resaca o el amor, pero me sentí extraño y confuso, rodeado de una enorme sensación. Pienso que el calor que siento a su lado puede ser explicado por la ciencia como fiebre y por la religión como dios, Pero seguramente es solo la calefacción.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Sandra. Quinta fila a la izquierda, al lado de la ventana.

El destino de las personas es algo tan variable como los dados en una mesa de apuestas ilegal (sin trileros de por medio). Nunca sabes que resultado puedes sacar o a que caminos te puede llevar, es imparable. Como si de una hoja al viento se tratara, nuestras vidas se dejan llevar con la fuerza de nuestras decisiones que tarde o temprano nos terminan guiando a senderos inimaginables. Sin embargo dicen que el azar no deja de ser controlable, que en nuestra mano esta decidir cual es el camino que vamos a recorrer. Ese era el caso de Sandra, quien se resistía a pensar que su futuro dependía de el resultado aleatoria de una carambola en su vida. Ella se debatía el significado de esto último desde su habitual sitio en el aula. Desde inicio de curso se sentaba siempre en la quinta fila a la izquierda, al lado de la ventana. Siempre la quinta por ser su numero de la suerte y siempre al lado de la ventana por su pasatiempo favorito desde que empezó la secundaria, que era ver a la gente del otro grupo en clase de gimnasia o saber el momento exacto en el que la gente va saliendo a la hora del patio. Sandra era una chica muy madura para su edad y con más autocontrol de lo que normalmente eran el resto de su compañeras. La mayoría de estas aun tienen pájaros en la cabeza y ocupan gran parte de su tiempo a pensar en sus amores imposibles (amores imposibles que les dan un motivo para pensar en todo menos en sus problemas de verdad). Ella tenía claro que incluso sin ser mayor de edad, ella no estaba en el grupo adecuado. Se sentía una adulta en un envoltorio equivocado, una mente madura en un cuerpo aun no madurado. Lo que le hacía en ocasiones muy infeliz. Sin embargo, sus deseos siempre habían sido etéreos para ella o para los demás. Mientras el resto de chicas ejercían su libertad sexual recién estrenada, ella se limitaba a decir que no esperaba a ningún hombre para darle el placer sexual que necesitaba, pero esto era una careta. Alguna mañana se paraba delante del espejo y se observaba desnuda después de la ducha. "Bien, esta es quien soy" se decía mientras examinaba su largo pelo caoba caer sobre sus pechos que, a desgracia de ella, aun no habían crecido lo suficiente para sentirse bien. Se imaginaba que muchos chicos tenían el mismo complejo delante del espejo mientras tenían una regla al lado del pene. Le gustaba su cuerpo, pero le podía gustar más. Ella sabía que gustaba a varios chicos y se dispuso a comprobárselo en alguna noche de fiesta en la que su espalda había impactado fuertemente contra la cama de alguno de esos tantos chicos que intentó tener sexo con ella. Mientras el ansioso chico intentaba quitarle el top sin éxito, ella sentía por primera vez una excitación verdadera, mucho más intensa que la que había sentido aquella tarde de domingo cuando se quedó sola en casa. Lamentablemente para ella, ese chico con más ganas que tacto no era el indicado para ella. Sandra lo comprendió cuando el chico, guiado por su nerviosismo, rompió el top por la espalda y le magreo un pecho con una fuerza desmesurada, cosa que le costó una de las patadas más fuerte que dio Sandra en su vida. Todos estos pensamientos pasaban por esa cabeza mientras el tiempo pasaba y el concierto de sillas chirriando señalaba el fin de la hora. Mientras ella jugaba con su pelo antes de salir y observaba como los estudiantes de bachillerato salían, un chico le miraba desde el otro extremo de la clase. Tal chico se la pasaba mirando todas las clases desde que llego a ese instituto. Le cautivo sus extraños ojos grises y su manera de estar tan distante en el mundo y parecer tan cercana cuando te miraba. Mientras esto pasaba, Sandra jugueteaba con su pelo sin dejar de mirar el patio. Sabía que sus labios no tocarían los de otro compañero o compañera de clase, no quería complicarse tanto la vida, por cual intentaba no tener ningún contacto más allá de lo típicamente correcto. Ella seguiría siendo ella. La distante, la distraída, la pensativa, la que no se siente en el cuerpo correcto, la que maduró antes de tiempo, la que por la ventana mira. La chica de la quinta fila.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Primer día- Una nueva historia

Mientras caminaba hasta mi nuevo instituto (y llegaba tarde, como bien marcan mis cánones) buscaba una canción en el iphone que acompañara el momento. Como ya he dicho en distintas ocasiones, creo que la vida es como una buena serie de TV, y por tal necesita una buena banda sonora en el capitulo piloto.

De pronto veo rostros conocidos sin conocerse, como cuando vas a una librería y pasas por enormes escaparates con distintas portadas. Seguramente los había visto por las calles pero no eran más que parte del decorado de las calles de Barcelona.
Una típica mañana normal de finales de verano, en una calle común en un día cualquiera, pero no lo era.
De eso me di cuenta al entrar por las puertas de ese edificio, creo que fue al ver la cara de algunos de ellos. Unos se conocían de cursos anteriores y ya eran un grupillo antes de entrar, el resto (como yo) iban por libres y lanzaban miradas furtivas y curiosas alrededor de los rostros, buscando el momento adecuado para mirar sin ser vistos.
Nos hicieron pasar a un enorme salón en el cual nos fuimos sentando haciendo la típica "formación del primer día". Y con esta formación me refiero a buscar el sitio adecuado lejos de la mesa del profesor. Los mejores sitios suelen ser los costados y en el medio. Si vas al final de todo, serás de los primeros que el profesor hará sentarse delante para "llenar las sillas".
Estar en el medio también tiene la ventaja de que estás lo suficiente mente lejos de profesor como para que no sospeche que tienes el teléfono móvil en el cajón del pupitre. Sin embargo, me senté adelante del todo, al lado de una ventana, como siempre he hecho en todas las clases que he podido.
Poco a poco la sala se fue llenando de nuevas caras y alguna que otra risa, sobretodo por la parte en donde estaban sentados los que ya se conocían de antes.
Yo por mi parte, y creo que más de la mitad del resto buscaban algo que mirar sin saber como iniciar una conversación, como yo.
Supongo que la mayoría estábamos igual de incómodos. Fue entonces cuando empecé a analizarlos lentamente.
Tengo la mala costumbre de examinar a la gente y a raíz de eso, intentar imaginarme su historia. Lo hago desde que tenía 12 años, cuando entre en primero de la ESO. Fue una mañana de marzo en la que me los presentaron. Un barbudo y viejo profesor de mates (que sería mi tutor los dos primeros años) me presentó en el grupo C. Y mientras hablaba sobre lo cordiales que debían ser conmigo, miraba a las personas de la primera fila. Uno era un chico algo despeinado y con tirabuzones en el pelo, podía distinguir sus ojos verdes a través de las gafas. Tenía un gesto divertido, como si le hiciera gracia lo que escuchaba. Me lo imaginaba riendo con sus amigos, no me lo imaginaba triste de ninguna forma. El agujero que lucia en el codo de su camiseta de manga larga me hizo pensar que seguramente tenía un skate o bicicleta con la que había tenido más de un accidente.
Al lado de él, no había nadie sentado, al igual que en la última fila, donde había un chico con un flequillo al más puro estilo adolescente de Disney, muchos granos y una mirada que evitaba mirarme, claramente no me invitaba a sentarme a su lado.
Entonces el chico del pelo despeinado se levanto y me dijo que me sentara a su lado. Desde ese día, me siento seguro en la primera fila y al lado de una ventana. Sobre este chico solo puedo decir que fue un gran amigo, con sus pros y sus contras, pero tengo un buen recuerdo de él, aunque ahora tan solo sea un cuadro de 64x64 en Facebook.

Vi una chica a 3 o 4 mesas de mi con unos ojos azules impresionantes que miraba su móvil, seguramente leía alguna actualización en una red social o hablaba por mensajes con alguna otra amiga. También vi una chica morena de top verde y frondosos rizos que miraba curiosa al resto de compañeros. Al otro extremo de la clase, un chico con una camiseta de un grupo inglés "The Kooks" que se le veía muy entretenido hablando con su vecina de la mesa de atrás.
Justo detrás de mí había un chico rubio que miraba detenidamente la carpeta que nos acababan de dar por estar en ese centro. Parecía igual de nervioso que yo y sin saber que decir.
Si algo he aprendido estos años es que hay que romper el hielo pronto con la gente nueva, ya que luego el hielo se hace más duro y es más difícil de romper, incluso en aquella mañana de finales de verano en las que el sol aun daba sus últimos coletazos de calor.

Cuando los profesores empezaron el discurso protocolario, se hizo el silencio total de la clase, lo cual hizo que las miradas entre todos fueran inevitables. Mis ojos de cruzaron con el del resto e intenté sonreír, creo que necesitaba hacerlo y era lo más recomendable, hice lo que me habría gustado que hicieran conmigo.
Mientras hablaban de como se organizarían los grupos de clase, pensé que este era el inicio de un año en el que todas esas personas, esas personas que son libros empezando a escribir un nuevo capitulo.

No les conozco, no tengo ni idea de como son más allá que su aspecto físico, pero creo que me caerán bien. Llamadme idiota, pero creo que lo se por sus miradas. Las cartas están en la mesa y el prorrogo ha sido escrito, ahora solo queda ver lo interesante que puede ser esta historia. Su historia, mi historia, nuestra historia.




viernes, 7 de septiembre de 2012

6 de septiembre/ Un día normal, un día más.



Carlos es el chico promedio. No muy alto, no muy bajo, ni guapo, ni feo, normal. El siempre pensaba que era la típica cara que salía de extra en alguna película de bajo presupuesto. Una de esas personas sin rostro que forma parte del decorado de una escena romántica.
No busca el amor ni ser amado, prefiere no arriesgar. "Estoy bien como estoy ¿Debo cambiar?" es la frase que se repetía mil veces mientras hablaba con aquella loca Irlandesa con la que mantenía un contacto durante ya 5 años por Internet.
Había tenido la oportunidad de tener una relación estable con una chica, pero la rehusaba. Esa chica en cuestión se llamaba Laura.
Laura era la hija de un matrimonio vasco-aragonés que decidió mudarse a Barcelona a inicios de los años 90 en busca de un futuro mejor. Su padre era un amante de los cómics de Marvel, dueño de un pequeño bar en el extrarradio de la ciudad y su madre era una guapa secretaria que trabajaba en un despacho de abogados, con una enorme colección de muñecas de porcelana que en parte heredó de una hermana muerta en un accidente.
Carlos y Laura se conocieron en un cumpleaños de un amigo en común. Se quedaron hablando sobre lo horrenda que les parecía la última película de una trilogía cinematográfica.
Laura era una chica fría, algo distante y de mentalidad relajada. No se tomaba las cosas con prisas, pensaba que no siempre se necesitaba estar demostrando afecto en palabras o en actos. Para ella todo eso se podía demostrar tranquilamente en una tarde viendo la TV o simplemente dejando espacio entre ambos, lo suficiente para que no le diera asco.
Carlos era feliz con ello, no eran nada, no estaban obligados a nada y eso es lo que más libertad le daba. Sin embargo, cuando la veía no sabía bien como actuar, le incomodaba.
Ellos dos se conocieron el 6 de septiembre del 2011, 1 semana antes de empezar sus respectivas clases. y pasado un año, apenas tienen contacto.
¿El motivo?
Pues el motivo de siempre, Carlos.
Carlos era la antitesis de aquella frase de Belle and Sebastian. "Colorea mi vida con el caos de los problemas". Laura empezó a sentir más de lo que el podía asimilar. La idea de tener una pareja le producía una indigestión emocional que no le dejaba respirar en las noches, en las que no podía dormir tranquilo.

Poco a poco fue dejando de hablar con Laura de manera sutil, sin éxito. En estas cosas nunca puedes hacerlo de tal manera. Laura lo aceptó y siguió con su vida 3 semanas después de unas tensas conversaciones en las que ella hacía preguntas y Carlos solo daba excusas. La cuerda se rompió.

Carlos conoció por una red social a una chica de Irlanda. Agradable, guapa y parecía tener muchas cosas en común con él, lo cual le daba muchísimos temas de conversación. No buscaba más que eso, y el hecho de que Irina viviera tan lejos hacía que no se produjera el incomodo momento de verse cara a cara.

Laura empezó a salir con otro chico y Carlos sintió celos durante 48 horas antes de demostrar su olímpica habilidad para quitarle importancia a todo.
Carlos era un Peter Pan más, alguien que prefería aceptar la mierda y no pedir nada más por miedo a algo diferente.
Esta historia ha durado 1 año entero en escribirse. La historia de Carlos, la historia de los Carlos de este mundo puede que se este volviendo a escribir. Si has de arriesgar, hazlo. Si te equivocas, lámete un poco las heridas, levántate y vuélvelo a intentar, no te quedes atrapado en tu monotonía. Puede que te esperé algo mejor o peor, pero distinto.
No tengas miedo, fracasa, levántate y si fracasas de nuevo, fracasa mejor.
No seas Carlos
No seas uno más.