viernes, 7 de septiembre de 2012

6 de septiembre/ Un día normal, un día más.



Carlos es el chico promedio. No muy alto, no muy bajo, ni guapo, ni feo, normal. El siempre pensaba que era la típica cara que salía de extra en alguna película de bajo presupuesto. Una de esas personas sin rostro que forma parte del decorado de una escena romántica.
No busca el amor ni ser amado, prefiere no arriesgar. "Estoy bien como estoy ¿Debo cambiar?" es la frase que se repetía mil veces mientras hablaba con aquella loca Irlandesa con la que mantenía un contacto durante ya 5 años por Internet.
Había tenido la oportunidad de tener una relación estable con una chica, pero la rehusaba. Esa chica en cuestión se llamaba Laura.
Laura era la hija de un matrimonio vasco-aragonés que decidió mudarse a Barcelona a inicios de los años 90 en busca de un futuro mejor. Su padre era un amante de los cómics de Marvel, dueño de un pequeño bar en el extrarradio de la ciudad y su madre era una guapa secretaria que trabajaba en un despacho de abogados, con una enorme colección de muñecas de porcelana que en parte heredó de una hermana muerta en un accidente.
Carlos y Laura se conocieron en un cumpleaños de un amigo en común. Se quedaron hablando sobre lo horrenda que les parecía la última película de una trilogía cinematográfica.
Laura era una chica fría, algo distante y de mentalidad relajada. No se tomaba las cosas con prisas, pensaba que no siempre se necesitaba estar demostrando afecto en palabras o en actos. Para ella todo eso se podía demostrar tranquilamente en una tarde viendo la TV o simplemente dejando espacio entre ambos, lo suficiente para que no le diera asco.
Carlos era feliz con ello, no eran nada, no estaban obligados a nada y eso es lo que más libertad le daba. Sin embargo, cuando la veía no sabía bien como actuar, le incomodaba.
Ellos dos se conocieron el 6 de septiembre del 2011, 1 semana antes de empezar sus respectivas clases. y pasado un año, apenas tienen contacto.
¿El motivo?
Pues el motivo de siempre, Carlos.
Carlos era la antitesis de aquella frase de Belle and Sebastian. "Colorea mi vida con el caos de los problemas". Laura empezó a sentir más de lo que el podía asimilar. La idea de tener una pareja le producía una indigestión emocional que no le dejaba respirar en las noches, en las que no podía dormir tranquilo.

Poco a poco fue dejando de hablar con Laura de manera sutil, sin éxito. En estas cosas nunca puedes hacerlo de tal manera. Laura lo aceptó y siguió con su vida 3 semanas después de unas tensas conversaciones en las que ella hacía preguntas y Carlos solo daba excusas. La cuerda se rompió.

Carlos conoció por una red social a una chica de Irlanda. Agradable, guapa y parecía tener muchas cosas en común con él, lo cual le daba muchísimos temas de conversación. No buscaba más que eso, y el hecho de que Irina viviera tan lejos hacía que no se produjera el incomodo momento de verse cara a cara.

Laura empezó a salir con otro chico y Carlos sintió celos durante 48 horas antes de demostrar su olímpica habilidad para quitarle importancia a todo.
Carlos era un Peter Pan más, alguien que prefería aceptar la mierda y no pedir nada más por miedo a algo diferente.
Esta historia ha durado 1 año entero en escribirse. La historia de Carlos, la historia de los Carlos de este mundo puede que se este volviendo a escribir. Si has de arriesgar, hazlo. Si te equivocas, lámete un poco las heridas, levántate y vuélvelo a intentar, no te quedes atrapado en tu monotonía. Puede que te esperé algo mejor o peor, pero distinto.
No tengas miedo, fracasa, levántate y si fracasas de nuevo, fracasa mejor.
No seas Carlos
No seas uno más.





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