Mientras caminaba hasta mi nuevo instituto (y llegaba tarde, como bien
marcan mis cánones) buscaba una canción en el iphone que acompañara el momento.
Como ya he dicho en distintas ocasiones, creo que la vida es como una buena
serie de TV, y por tal necesita una buena banda sonora en el capitulo
piloto.
De pronto veo rostros conocidos sin conocerse, como cuando vas a una librería y
pasas por enormes escaparates con distintas portadas. Seguramente los había
visto por las calles pero no eran más que parte del decorado de las calles de
Barcelona.
Una típica mañana normal de finales de verano, en una calle común en un día
cualquiera, pero no lo era.
De eso me di cuenta al entrar por las puertas de ese edificio, creo que fue
al ver la cara de algunos de ellos. Unos se conocían de cursos anteriores y ya eran
un grupillo antes de entrar, el resto (como yo) iban por libres y lanzaban
miradas furtivas y curiosas alrededor de los rostros, buscando el momento
adecuado para mirar sin ser vistos.
Nos hicieron pasar a un enorme salón en el cual nos fuimos sentando haciendo la
típica "formación del primer día". Y con esta formación me refiero a
buscar el sitio adecuado lejos de la mesa del profesor. Los mejores sitios
suelen ser los costados y en el medio. Si vas al final de todo, serás de los
primeros que el profesor hará sentarse delante para "llenar las
sillas".
Estar en el medio también tiene la ventaja de que estás lo suficiente mente
lejos de profesor como para que no sospeche que tienes el teléfono móvil en el
cajón del pupitre. Sin embargo, me senté adelante del todo, al lado de una
ventana, como siempre he hecho en todas las clases que he podido.
Poco a poco la sala se fue llenando de nuevas caras y alguna que otra risa,
sobretodo por la parte en donde estaban sentados los que ya se conocían de
antes.
Yo por mi parte, y creo que más de la mitad del resto buscaban algo que
mirar sin saber como iniciar una conversación, como yo.
Supongo que la mayoría estábamos igual de incómodos. Fue entonces cuando empecé
a analizarlos lentamente.
Tengo la mala costumbre de examinar a la gente y a raíz de eso, intentar
imaginarme su historia. Lo hago desde que tenía 12 años, cuando entre en
primero de la ESO. Fue una mañana de marzo en la que me los presentaron. Un
barbudo y viejo profesor de mates (que sería mi tutor los dos primeros años) me
presentó en el grupo C. Y mientras hablaba sobre lo cordiales que debían ser
conmigo, miraba a las personas de la primera fila. Uno era un chico algo
despeinado y con tirabuzones en el pelo, podía distinguir sus ojos verdes a través
de las gafas. Tenía un gesto divertido, como si le hiciera gracia lo que
escuchaba. Me lo imaginaba riendo con sus amigos, no me lo imaginaba triste de
ninguna forma. El agujero que lucia en el codo de su camiseta de manga larga me
hizo pensar que seguramente tenía un skate o bicicleta con la que había tenido
más de un accidente.
Al lado de él, no había nadie sentado, al igual que en la última fila, donde
había un chico con un flequillo al más puro estilo adolescente de Disney,
muchos granos y una mirada que evitaba mirarme, claramente no me invitaba a
sentarme a su lado.
Entonces el chico del pelo despeinado se levanto y me dijo que me sentara a
su lado. Desde ese día, me siento seguro en la primera fila y al lado de una
ventana. Sobre este chico solo puedo decir que fue un gran amigo, con sus pros
y sus contras, pero tengo un buen recuerdo de él, aunque ahora tan solo sea un
cuadro de 64x64 en Facebook.
Vi una chica a 3 o 4 mesas de mi con unos ojos azules impresionantes que miraba
su móvil, seguramente leía alguna actualización en una red social o hablaba por
mensajes con alguna otra amiga. También vi una chica morena de top verde y
frondosos rizos que miraba curiosa al resto de compañeros. Al otro extremo de
la clase, un chico con una camiseta de un grupo inglés "The Kooks"
que se le veía muy entretenido hablando con su vecina de la mesa de
atrás.
Justo detrás de mí había un chico rubio que miraba detenidamente la carpeta
que nos acababan de dar por estar en ese centro. Parecía igual de nervioso que
yo y sin saber que decir.
Si algo he aprendido estos años es que hay que romper el hielo pronto con la
gente nueva, ya que luego el hielo se hace más duro y es más difícil de romper,
incluso en aquella mañana de finales de verano en las que el sol aun daba sus últimos
coletazos de calor.
Cuando los profesores empezaron el discurso protocolario, se hizo el silencio
total de la clase, lo cual hizo que las miradas entre todos fueran inevitables.
Mis ojos de cruzaron con el del resto e intenté sonreír, creo que necesitaba
hacerlo y era lo más recomendable, hice lo que me habría gustado que hicieran conmigo.
Mientras hablaban de como se organizarían los grupos de clase, pensé que este
era el inicio de un año en el que todas esas personas, esas personas que son
libros empezando a escribir un nuevo capitulo.
No les conozco, no tengo ni idea de como son más allá que su aspecto físico,
pero creo que me caerán bien. Llamadme idiota, pero creo que lo se por sus
miradas. Las cartas están en la mesa y el prorrogo ha sido escrito, ahora solo
queda ver lo interesante que puede ser esta historia. Su historia, mi historia,
nuestra historia.

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