viernes, 28 de septiembre de 2012

Enamorarse a mi modo

*Yo me enamoro *Tú pasas de mí *Él te besa. *Ella me dice "yo ya te lo dije..." *Nosotros somos amigos. *Vosotros sois algo más. *Ellos, mis amigos, ya me avisaron. *Yo me jodo viendo vuestras fotos en Face. *Tu lloras *El te deja *Ella , mi gran amiga, me dice que lo veía venir *Nosotros terminamos hablando de tu mal de amores *Vosotros volvéis a los 3 días *Ellos, mis amigos, se ríen pensando en lo patética que es la situación. *Yo intento pasar de ti. *Tu intentas llamar mi atención. *El se va liando con cualquier chica *Ella me cuenta que se lío con él. *Nosotros no podemos mantener una conversación normal. *Vosotros os engañáis en público diciendo que sois felices *Ellos, mis amigos, se ríen mientras fuman psicotrópicas hierbas. *Yo ya no siento que me muevas la tierra *Tu empiezas a dejar de sentir atracción por él. *El vive tranquilo, tampoco le llegaste a importar mucho. *Ella me dice que él es un chulo descarado y ese es su encanto. *Nosotros nos distanciamos poco a poco *Vosotros cortáis simplemente por cambiar de dinámica. *Ellos y yo nos vamos de fiesta, no más dramas. *Yo conocí otra chica *Tu conociste otra chica también. *Él se rapa la cabeza y se pone 10 pircings en la cara *Ella detesta su manera de poner labios de pato en las fotos. *Nosotros nos contamos como nos fue. *Vosotros ya no os habláis *Ellos, mis amigos, se empiezan a distanciar. *Yo deje de ver a aquella chica. *Tu te enteras que tu chica te fue infiel *El desaparece de la clase, de la calle, de la vida. *Ella me cuenta que tuvo un accidente. *Nosotros vamos a visitarle. *Vosotros ya no sentís nada el uno por el otro, como mucho lástima. *Ellos me dicen que tienen algo que contarme *Yo te veo y no siento que me aceleres el pulso *Tú crees que lo mejor fue no ser nada más. *El se va a vivir al extranjero *Ella, mi amiga, decide que es momento de cambiar de aires y se va a Italia. *Nosotros dejamos de vernos y nos convertimos en simples recuerdos. *Vosotros tenéis algún que otro correo electrónico de vez en cuando *Ellos, mis amigos, me confiesan que son gays *Yo les dije que ya lo sabía. *Tú me encuentras una noche en una discoteca *Yo te vuelvo a mirar. *El alcohol nos hace decir y hacer locuras. *Nosotros despertamos en una casa completamente vacía. *Yo miro al techo y no me explico nada, pienso que igual el destino no esta escrito, que nada tiene sentido, que debe haber un sanguinario escritor en esta historia. Pienso que me siento protegido. Quizá sea el azar, quizá fue el alcohol, quizá fue el alcohol de garrafón. No se si es la resaca o el amor, pero me sentí extraño y confuso, rodeado de una enorme sensación. Pienso que el calor que siento a su lado puede ser explicado por la ciencia como fiebre y por la religión como dios, Pero seguramente es solo la calefacción.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Sandra. Quinta fila a la izquierda, al lado de la ventana.

El destino de las personas es algo tan variable como los dados en una mesa de apuestas ilegal (sin trileros de por medio). Nunca sabes que resultado puedes sacar o a que caminos te puede llevar, es imparable. Como si de una hoja al viento se tratara, nuestras vidas se dejan llevar con la fuerza de nuestras decisiones que tarde o temprano nos terminan guiando a senderos inimaginables. Sin embargo dicen que el azar no deja de ser controlable, que en nuestra mano esta decidir cual es el camino que vamos a recorrer. Ese era el caso de Sandra, quien se resistía a pensar que su futuro dependía de el resultado aleatoria de una carambola en su vida. Ella se debatía el significado de esto último desde su habitual sitio en el aula. Desde inicio de curso se sentaba siempre en la quinta fila a la izquierda, al lado de la ventana. Siempre la quinta por ser su numero de la suerte y siempre al lado de la ventana por su pasatiempo favorito desde que empezó la secundaria, que era ver a la gente del otro grupo en clase de gimnasia o saber el momento exacto en el que la gente va saliendo a la hora del patio. Sandra era una chica muy madura para su edad y con más autocontrol de lo que normalmente eran el resto de su compañeras. La mayoría de estas aun tienen pájaros en la cabeza y ocupan gran parte de su tiempo a pensar en sus amores imposibles (amores imposibles que les dan un motivo para pensar en todo menos en sus problemas de verdad). Ella tenía claro que incluso sin ser mayor de edad, ella no estaba en el grupo adecuado. Se sentía una adulta en un envoltorio equivocado, una mente madura en un cuerpo aun no madurado. Lo que le hacía en ocasiones muy infeliz. Sin embargo, sus deseos siempre habían sido etéreos para ella o para los demás. Mientras el resto de chicas ejercían su libertad sexual recién estrenada, ella se limitaba a decir que no esperaba a ningún hombre para darle el placer sexual que necesitaba, pero esto era una careta. Alguna mañana se paraba delante del espejo y se observaba desnuda después de la ducha. "Bien, esta es quien soy" se decía mientras examinaba su largo pelo caoba caer sobre sus pechos que, a desgracia de ella, aun no habían crecido lo suficiente para sentirse bien. Se imaginaba que muchos chicos tenían el mismo complejo delante del espejo mientras tenían una regla al lado del pene. Le gustaba su cuerpo, pero le podía gustar más. Ella sabía que gustaba a varios chicos y se dispuso a comprobárselo en alguna noche de fiesta en la que su espalda había impactado fuertemente contra la cama de alguno de esos tantos chicos que intentó tener sexo con ella. Mientras el ansioso chico intentaba quitarle el top sin éxito, ella sentía por primera vez una excitación verdadera, mucho más intensa que la que había sentido aquella tarde de domingo cuando se quedó sola en casa. Lamentablemente para ella, ese chico con más ganas que tacto no era el indicado para ella. Sandra lo comprendió cuando el chico, guiado por su nerviosismo, rompió el top por la espalda y le magreo un pecho con una fuerza desmesurada, cosa que le costó una de las patadas más fuerte que dio Sandra en su vida. Todos estos pensamientos pasaban por esa cabeza mientras el tiempo pasaba y el concierto de sillas chirriando señalaba el fin de la hora. Mientras ella jugaba con su pelo antes de salir y observaba como los estudiantes de bachillerato salían, un chico le miraba desde el otro extremo de la clase. Tal chico se la pasaba mirando todas las clases desde que llego a ese instituto. Le cautivo sus extraños ojos grises y su manera de estar tan distante en el mundo y parecer tan cercana cuando te miraba. Mientras esto pasaba, Sandra jugueteaba con su pelo sin dejar de mirar el patio. Sabía que sus labios no tocarían los de otro compañero o compañera de clase, no quería complicarse tanto la vida, por cual intentaba no tener ningún contacto más allá de lo típicamente correcto. Ella seguiría siendo ella. La distante, la distraída, la pensativa, la que no se siente en el cuerpo correcto, la que maduró antes de tiempo, la que por la ventana mira. La chica de la quinta fila.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Primer día- Una nueva historia

Mientras caminaba hasta mi nuevo instituto (y llegaba tarde, como bien marcan mis cánones) buscaba una canción en el iphone que acompañara el momento. Como ya he dicho en distintas ocasiones, creo que la vida es como una buena serie de TV, y por tal necesita una buena banda sonora en el capitulo piloto.

De pronto veo rostros conocidos sin conocerse, como cuando vas a una librería y pasas por enormes escaparates con distintas portadas. Seguramente los había visto por las calles pero no eran más que parte del decorado de las calles de Barcelona.
Una típica mañana normal de finales de verano, en una calle común en un día cualquiera, pero no lo era.
De eso me di cuenta al entrar por las puertas de ese edificio, creo que fue al ver la cara de algunos de ellos. Unos se conocían de cursos anteriores y ya eran un grupillo antes de entrar, el resto (como yo) iban por libres y lanzaban miradas furtivas y curiosas alrededor de los rostros, buscando el momento adecuado para mirar sin ser vistos.
Nos hicieron pasar a un enorme salón en el cual nos fuimos sentando haciendo la típica "formación del primer día". Y con esta formación me refiero a buscar el sitio adecuado lejos de la mesa del profesor. Los mejores sitios suelen ser los costados y en el medio. Si vas al final de todo, serás de los primeros que el profesor hará sentarse delante para "llenar las sillas".
Estar en el medio también tiene la ventaja de que estás lo suficiente mente lejos de profesor como para que no sospeche que tienes el teléfono móvil en el cajón del pupitre. Sin embargo, me senté adelante del todo, al lado de una ventana, como siempre he hecho en todas las clases que he podido.
Poco a poco la sala se fue llenando de nuevas caras y alguna que otra risa, sobretodo por la parte en donde estaban sentados los que ya se conocían de antes.
Yo por mi parte, y creo que más de la mitad del resto buscaban algo que mirar sin saber como iniciar una conversación, como yo.
Supongo que la mayoría estábamos igual de incómodos. Fue entonces cuando empecé a analizarlos lentamente.
Tengo la mala costumbre de examinar a la gente y a raíz de eso, intentar imaginarme su historia. Lo hago desde que tenía 12 años, cuando entre en primero de la ESO. Fue una mañana de marzo en la que me los presentaron. Un barbudo y viejo profesor de mates (que sería mi tutor los dos primeros años) me presentó en el grupo C. Y mientras hablaba sobre lo cordiales que debían ser conmigo, miraba a las personas de la primera fila. Uno era un chico algo despeinado y con tirabuzones en el pelo, podía distinguir sus ojos verdes a través de las gafas. Tenía un gesto divertido, como si le hiciera gracia lo que escuchaba. Me lo imaginaba riendo con sus amigos, no me lo imaginaba triste de ninguna forma. El agujero que lucia en el codo de su camiseta de manga larga me hizo pensar que seguramente tenía un skate o bicicleta con la que había tenido más de un accidente.
Al lado de él, no había nadie sentado, al igual que en la última fila, donde había un chico con un flequillo al más puro estilo adolescente de Disney, muchos granos y una mirada que evitaba mirarme, claramente no me invitaba a sentarme a su lado.
Entonces el chico del pelo despeinado se levanto y me dijo que me sentara a su lado. Desde ese día, me siento seguro en la primera fila y al lado de una ventana. Sobre este chico solo puedo decir que fue un gran amigo, con sus pros y sus contras, pero tengo un buen recuerdo de él, aunque ahora tan solo sea un cuadro de 64x64 en Facebook.

Vi una chica a 3 o 4 mesas de mi con unos ojos azules impresionantes que miraba su móvil, seguramente leía alguna actualización en una red social o hablaba por mensajes con alguna otra amiga. También vi una chica morena de top verde y frondosos rizos que miraba curiosa al resto de compañeros. Al otro extremo de la clase, un chico con una camiseta de un grupo inglés "The Kooks" que se le veía muy entretenido hablando con su vecina de la mesa de atrás.
Justo detrás de mí había un chico rubio que miraba detenidamente la carpeta que nos acababan de dar por estar en ese centro. Parecía igual de nervioso que yo y sin saber que decir.
Si algo he aprendido estos años es que hay que romper el hielo pronto con la gente nueva, ya que luego el hielo se hace más duro y es más difícil de romper, incluso en aquella mañana de finales de verano en las que el sol aun daba sus últimos coletazos de calor.

Cuando los profesores empezaron el discurso protocolario, se hizo el silencio total de la clase, lo cual hizo que las miradas entre todos fueran inevitables. Mis ojos de cruzaron con el del resto e intenté sonreír, creo que necesitaba hacerlo y era lo más recomendable, hice lo que me habría gustado que hicieran conmigo.
Mientras hablaban de como se organizarían los grupos de clase, pensé que este era el inicio de un año en el que todas esas personas, esas personas que son libros empezando a escribir un nuevo capitulo.

No les conozco, no tengo ni idea de como son más allá que su aspecto físico, pero creo que me caerán bien. Llamadme idiota, pero creo que lo se por sus miradas. Las cartas están en la mesa y el prorrogo ha sido escrito, ahora solo queda ver lo interesante que puede ser esta historia. Su historia, mi historia, nuestra historia.




viernes, 7 de septiembre de 2012

6 de septiembre/ Un día normal, un día más.



Carlos es el chico promedio. No muy alto, no muy bajo, ni guapo, ni feo, normal. El siempre pensaba que era la típica cara que salía de extra en alguna película de bajo presupuesto. Una de esas personas sin rostro que forma parte del decorado de una escena romántica.
No busca el amor ni ser amado, prefiere no arriesgar. "Estoy bien como estoy ¿Debo cambiar?" es la frase que se repetía mil veces mientras hablaba con aquella loca Irlandesa con la que mantenía un contacto durante ya 5 años por Internet.
Había tenido la oportunidad de tener una relación estable con una chica, pero la rehusaba. Esa chica en cuestión se llamaba Laura.
Laura era la hija de un matrimonio vasco-aragonés que decidió mudarse a Barcelona a inicios de los años 90 en busca de un futuro mejor. Su padre era un amante de los cómics de Marvel, dueño de un pequeño bar en el extrarradio de la ciudad y su madre era una guapa secretaria que trabajaba en un despacho de abogados, con una enorme colección de muñecas de porcelana que en parte heredó de una hermana muerta en un accidente.
Carlos y Laura se conocieron en un cumpleaños de un amigo en común. Se quedaron hablando sobre lo horrenda que les parecía la última película de una trilogía cinematográfica.
Laura era una chica fría, algo distante y de mentalidad relajada. No se tomaba las cosas con prisas, pensaba que no siempre se necesitaba estar demostrando afecto en palabras o en actos. Para ella todo eso se podía demostrar tranquilamente en una tarde viendo la TV o simplemente dejando espacio entre ambos, lo suficiente para que no le diera asco.
Carlos era feliz con ello, no eran nada, no estaban obligados a nada y eso es lo que más libertad le daba. Sin embargo, cuando la veía no sabía bien como actuar, le incomodaba.
Ellos dos se conocieron el 6 de septiembre del 2011, 1 semana antes de empezar sus respectivas clases. y pasado un año, apenas tienen contacto.
¿El motivo?
Pues el motivo de siempre, Carlos.
Carlos era la antitesis de aquella frase de Belle and Sebastian. "Colorea mi vida con el caos de los problemas". Laura empezó a sentir más de lo que el podía asimilar. La idea de tener una pareja le producía una indigestión emocional que no le dejaba respirar en las noches, en las que no podía dormir tranquilo.

Poco a poco fue dejando de hablar con Laura de manera sutil, sin éxito. En estas cosas nunca puedes hacerlo de tal manera. Laura lo aceptó y siguió con su vida 3 semanas después de unas tensas conversaciones en las que ella hacía preguntas y Carlos solo daba excusas. La cuerda se rompió.

Carlos conoció por una red social a una chica de Irlanda. Agradable, guapa y parecía tener muchas cosas en común con él, lo cual le daba muchísimos temas de conversación. No buscaba más que eso, y el hecho de que Irina viviera tan lejos hacía que no se produjera el incomodo momento de verse cara a cara.

Laura empezó a salir con otro chico y Carlos sintió celos durante 48 horas antes de demostrar su olímpica habilidad para quitarle importancia a todo.
Carlos era un Peter Pan más, alguien que prefería aceptar la mierda y no pedir nada más por miedo a algo diferente.
Esta historia ha durado 1 año entero en escribirse. La historia de Carlos, la historia de los Carlos de este mundo puede que se este volviendo a escribir. Si has de arriesgar, hazlo. Si te equivocas, lámete un poco las heridas, levántate y vuélvelo a intentar, no te quedes atrapado en tu monotonía. Puede que te esperé algo mejor o peor, pero distinto.
No tengas miedo, fracasa, levántate y si fracasas de nuevo, fracasa mejor.
No seas Carlos
No seas uno más.