sábado, 13 de octubre de 2012

Me echarás más de menos a mí que al perro ¿verdad?



Tanto Ana como Raúl estaban intentando estudiar usando la larga pero efectiva metodología de estudio de él. Se basaba en cortar unos papeles del mismo tamaño y escribir en una cara una posible pregunta del examen y en la otra la respuesta, de esta forma estudiaban, intentando hacer de esa asignatura algo lúdico.
-¿En serio crees que esto tiene sentido?- preguntó Ana mientras amontonaba un puñado de pequeños papeles en el centro de la mesa en donde estaban sentados.
-Si, siempre me funciona, verás como aprobamos- respondió mientras escribía con una minúscula letra las respuestas en un lado del papel.

La tarde paso lentamente, la casa de Raúl estaba sola, lo cual invitaba a un ambiente intimo entre él y Ana. Eran pareja desde hace unos 4 años, desde que acabaron un ciclo medio de administración. En pocos meses empezaron a salir y poco más tardaron en afianzar lo que ninguno de los dos buscaba, una "relación abierta"
Aunque estaban intentando estudiar, lo cierto es que un pensamiento les carcomía a ambos desde hace meses y ninguno tocaba el tema para evitar tomar decisiones apresuradas. Ana se iba de erasmus a Londres en verano y no volvería en 4 meses, lo cual hacía que un cambio en la relación se cernía entre ambos.

-¿Qué pasó con tu perro?- preguntó Ana al ver que la cama del pequeño perro de la madre de Raúl no estaba en la esquina.
-Pues mi madre lo ha llevado a casa de una amiga suya- respondió Raúl- se ve que esta deprimida y dicen que los perros ayudan con estas cosas, me da rabia que se lo lleve y haga con él lo que quiera.
-¿Y se quedará ahí para siempre?- dijo Ana sorprendida.
-Pues no lo se, creo que no, he criado prácticamente a ese perro, no pienso abandonarlo en manos de una cuarentona- respondió Raúl.
-¿Hace cuanto que lo tienes?
-Mas o menos 6 años.
-Y nosotros llevamos casi 4 años.
-Si, parece increíble ¿verdad?- dijo Raúl.
-¿Increíble por qué?
-Nada, por el tiempo que ha pasado desde que nos conocimos.
-Y me iré de erasmus dentro de poco...-dijo Ana tocando el tema por primera vez en meses.
-Pues si, será una pena- dijo Raúl.
-Bueno, sabes que nuestra relación siempre ha sido abierta- dijo Ana.
-Si, lo sé, sin compromiso.
-¿Me echarás de menos?
-Pues claro que lo haré mujer, pero tu diviértete.
-Perdona, ¿has dicho que me divierta?
-Si, es tu erasmus has de disfrutarlo.
-¿Y tu que harás? ¿Disfrutarlo también?
-Supongo.
-¿Disfrutarás que no este contigo?
-Supongo que si.
-Eres imbécil- dijo Ana sin cortarse un pelo al decirlo.
-¿Por qué?
-Has dicho que disfrutarías mientras yo no este.
-¿Y que hago? ¿Llorar?
-Joder, si es que mírate- dijo Ana mirándole de arriba a abajo- te da igual, si es que te has enfadado más por lo del perro que por lo de mi erasmus.
-Pero joder, a mi perro me alegra los días todas las mañanas.
-Vete a la mierda.
-No, perdona, no he querido decir eso.
-Entonces si el perro te importa y te has enfadado por que una cuarentona se lo ha llevado a casa, igual yo tendré un amante cuarentón millonario en Londres.
-Pues tú verás lo que haces- dijo Raúl enfadado.
-Mírate, pero si te has enfadado- dijo Ana riéndose- entonces tu podrás disfrutar de tus chicas aquí ¿y yo no puedo buscar un cuarentón millonario?
-¿A donde narices quieres llegar?- preguntó Raúl.
-¿Qué seremos cuando empiece el erasmus?
-No tengo ni idea Ana.

Se hizo un silencio en el salón que nadie se atrevía a parar, quizás nadie tenia nada mejor que decir.

-Tan solo quiero saber cuanto te importa esta relación- dijo Ana
-Mucho- dijo Raúl.
-Pues no lo parece.
-Por tu parte tampoco, si es que por eso tenemos una relación abierta- dijo Raúl- Nos queremos, pero tampoco nos queremos a niveles que no podamos vivir.
-¿Te acuerdas de esa película donde un millonario le ofrece a una pareja 1 millón de dólares a cambio de acostarse con la chica?
-Si, me suena pero no la he visto.
-¿Aceptarías 1 millón de dólares por mi?
-Bueno, tendría que hablarlo contigo y quizás hacemos un negocio.
-Desde luego a veces creo que no eres más idiota al expresarte por no ser un mono- dijo Ana.
-Oye, que al menos compartiríamos el dinero, no sería todo para mí.
-Solo faltaría, a mi me follan y tu tan campante- dijo Ana.
-¿Te lo quieres llevar todo? Joder, serías mi chica- dijo Raúl indignado- ¿Y por qué estamos discutiendo esto? No creo que ningún pirado pagase un millón de euros por acostarse con alguien.
-¿Crees que no lo valgo?- dijo Ana más indignada aun.
-Si lo vales, pero con la crisis que esta cayendo igual pide un descuento.
-Pero joder, no soy una puta, no hago carnet por puntos idiota.

Después de quedarse en silencio una vez más, se vieron cara a cara, en una mesa llena de pequeñas hojas cortadas sin saber que decirse, tanto que llegaron a la conclusión de que ambos querían lo mismo, pero no sabían como decirlo.

-No me divertiría- dijo Raúl.
-No te entiendo- dijo Ana.
-Que no pienso divertirme mucho cuando tú ya no estés, ni me hace gracia lo del cuarentón, ni lo del millonario amante.
-No pienso estar con nadie allí mientras tengamos esta relación....abierta- dijo Ana mirándole a los ojos y sonriendo.
-Ni yo pienso liarme con ninguna chica hasta que vuelvas- dijo Raúl.
-Pero... ¿Y si nos ofrecen 800 000 euros? Yo lo vería bien.
-Sería cosa de hablarlo.
-Me echarás más de menos que al perro ¿verdad?
-Que si
-¿No estarás con nadie hasta que vuelva?
-No lo haré.
-...Eres una nenaza- dijo Ana mientras ordenaba los pequeños papeles esparcidos por la mesa.
Vete a la mierda Ana- dijo Raúl riéndose.

No hay comentarios:

Publicar un comentario