martes, 12 de junio de 2012

Viernes/Tarde/Venganza


Pasaron muchos meses y no volví a tener contacto con nadie. Mis días se basaban en ver como el sol pasaba por mi ventana, sintiéndome seguro detrás de la puerta que solo se abría cuando necesitaba ir a la cocina o al baño.
Años después me dijeron que mi alma se había activado en "modo seguro", o modo erizo. ¿Nunca os habéis preguntado como pueden relacionarse los erizos con el resto de animales? Teniendo en cuenta sus espinas, les es difícil contactar con el resto...así que lo lógico es que prefiera alejarse del resto.
Eso era yo, un animal que no quería molestar ni ser molestado, que no quería hablar ni ser hablado, que prefería ver pasa el tiempo que hacer que pase algo en su vida. Mi madre se empezó a preocupar al ver que prácticamente no hablaba y que me limitaba a responder con monosílabos.

El día en que sentí que toque fondo fue una noche que me quedé solo en casa y bebí como nunca había bebido. No era una borrachera de fiesta, era una borrachera dramática. Beber solo para sentir algo.
Después de pensar de nuevo en todos mis errores, fui al baño a mojarme la cara...y entonces le vi.
En el espejo estaba ese judas al que llamé amigo riéndose mientras le daba una calada a un cigarro. Sus amarillos dientes denotaban su enorme vicio al fumar.
"¿Qué, estás solo?"
Le miré con desprecio. Detestaba cada cosa de el. Su cara, sus ojos, su barba, su cresta, sus pircing, todo.
"Esto te servirá para no decir mentiras"
Mire a otro lado, no quería verle, no quería oírle, pero no podía evitarlo.
"¿Qué paso? Te lo tienes merecido"
Me alejé del espejo y me senté en el suelo.
"Eres un mal amigo, un mentiroso, un perdedor, un mierda...adiós mentiroso, adiós"
Abrí los ojos y estaba de vuelta en mi habitación. Eran las 4 de la mañana, al parecer no podía estar en paz conmigo mismo ni en sueños.
No hace falta decir que me costaba dormir. Me sentaba en la terraza y me preguntaba que estarían haciendo el resto de personas de mi antiguo mundo ¿Qué harán? ¿Que había pasado con ellos? Busque mi móvil y vi que no tenía batería. Fui a buscar al cargador pero me detuve a medio camino. No quería saber nada de nadie en realidad, tenía miedo de que me juzguen por mis malos actos. Me quería fijar en lo primordial, simplemente no quería sentir más. Ni bueno, ni malo. Nada. No necesito arriesgarme a nuevas cosas, no quiero pasarlo mal.
Deje el cargador en su sitio y el móvil en el fondo del cajón. Me encendí un cigarro y fije mi mirada en el parque que tenía delante, que a aquellas horas estaba lleno de camellos buscando un cliente dispuesto a pagar las bolsitas de marihuana que guardaban en el interior de sus chaquetas.

Una mañana, 6 meses después, encendí el teléfono. Era un mensaje de uno de mis 3 mejores amigos de aquellos días. Me preguntaba donde estaba, que hacia y por que desaparecí.
No di ninguna respuesta a todas esas preguntas, tan solo le mentí diciendo que estaba trabajando y que últimamente no tenía tiempo de nada.
De pronto menciono el nombre de aquel tío que me delató. El era uno de esos amigos. No pude evitar sentir algo que no había sentido hasta ese día, odio.
No me costó definir la sensación por que ya la había sentido una vez en el coche de mi padre. Aquel padre que nunca se puso en contacto conmigo durante años y que se las daba de gran imagen paterna cuando le daba por quedar para hacer un café y mantener las diferencias.

En Junio me decidí en quedar con esos 3 amigos. Me empezaba a sentir fuerte, había vuelto a salir. Veía las cosas desde otro punto de vista poco a poco. Fui mirando los perfiles de toda esa gente que olvidé en un cajón junto a mi teléfono móvil. Ellos habían seguido su vida, todo seguía su rumbo. Esas dos chicas tenían una completa normalidad en sus vidas y decidí que yo no podía ser menos.

Llegué a un enorme parque en donde salíamos quedar después de clases. Todo seguía exactamente igual, como si el tiempo no hubiera pasado. Los niños jugando, los abuelos en los bancos, bancos corroídos y grafiteados con distintas firmas que podía reconocer.
Me senté y esperé.
Nadie aparecía, pero era normal, ninguno de ellos era puntual. Empecé a mover los dedos, como hacía cuando estaba nervioso. Ni el sonido de los árboles al moverse con el viento me calmaba, y era algo que en mi no fallaba.
Llegaron dos mensajes de texto. Uno se excusaba con un cumpleaños familiar y el otro con problemas con su novia. Lo que me dejaba a solas con el individuo que acababa de llegar a ese parque.

Venia con una cresta mustia y una tonalidad de piel extraña, no era el que yo recordaba en sueños. Estaba flaco, con la cara demacrada y con muchas ojeras.
Puse buena cara y le di la mano, por muchas ganas de matarle ahí mismo que tenía. Nos adentramos en un enorme parque que teníamos delante y me empezó a contar como su vida se había ido al carajo en pocos meses. Su salida de casa, su trabajo mal pagado, el maltrato laboral que sufría, su actual situación con la novia.
Le escuchaba y cuando terminó de contar todo, le dije que todo se arreglaría, que todo iría a mejor. Mentí, claro. Mientras mi boca decía frases tranquilizadoras, en mi interior solo decía una frase.
"Jodete cabrón, jodete"
Sentí una venganza del destino. La ira de algún ente sagrado que había decidido joderle la vida y hacerle pagar lo que me ocacionó.
Fue entonces cuando de verdad sentí que toque fondo.
Por mucho que lo dijeran, por mucho que me acusaran, por mucho que me juzgaran, yo no era una mala persona.
No era una mala persona y estaba disfrutando de las miserias de ese pobre hombre que tenía la mirada clavada en el suelo fumándose su último cigarrillo. En ese instante, me vi reflejado en la imagen de la derrota que reflejaba ese sujeto. Entonces me di cuenta que ese día, en ese banco, el que tenía delante no era un cabrón, tan solo era un pobre hombre.
Fue entonces cuando me apoye en un árbol y el me pidió perdón. Dijo que no esperaba mi desaparición, que no era su objetivo, que se dejo llevar por el impulso.
Acepté sus disculpas, aunque eso también era mentira. No se lo perdonaba, en ese momento aun no, tardé un par de meses más en hacerlo, pero creo que hice lo que tenía que hacer, o lo que me hubiera gustado que hicieran conmigo.
Le dí un cigarro. Al poco rato desapareció entre las oscuridad de ese bosque despidiéndose y quedando para algún otro día. Otro día que no sería hasta un par de años después.
Al volver a casa, escribí un mail haciendo lo que no hice en su momento con esas dos chicas. Pedí perdón, sin excusarme, simplemente pedí que me disculparan.
Una lo hizo, con ella aun tengo un contacto a menudo, la otra no. Quizás de esa última me acuerdo más. Seguramente si no la hubiera cagado con ella, aun seriamos amigos y muy buenos me aventuro a decir.
Esa noche fue la primera en la que pude dormir bien.
Esa noche por fin pude soñar en algo nuevo, en algo bueno.

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