Supongo que una de las grandes aficiones de mi adolescencia fueron los
amores imposibles. Seguramente es debido a la gran cantidad de telenovelas
latinoamericanas que escuché desde el salón, donde mi madre se tragaba 3 capítulos
diferentes en una sola tarde.
Hijos que no eran legítimos. Padres que impedían el libre amor de sus hijas con
un hombre de inferior categoría económica. Los adolescentes que siempre
quisieron estar juntos pero por causas del destino (uy si, destino) estaban
destinados a ser infelices.
Romeo y Julieta. La bella y la bestia. Miki y Minie. Candy y sus eternos
problemas sentimentales. Todo eso entraba sin pausa ni prisa en mi pequeño
cerebro que entendió erróneamente el que significaba enamorarse de
alguien.
Seguramente una mala interpretación de aquellas series, películas, novelas y
canciones. No se si fue la película de "El graduado" o el final de
una de las telenovelas de mi madre hizo que adoptara siempre el papel del héroe
trágico.
No el héroe de verdad. No el que salva a la princesa y escapa con un caballo
con destino al atardecer. Yo era el otro. El que por intentar salvar a la
princesa del dragón le come un brazo. El que busca a la princesa en lo alto del
castillo donde el villano para que esta luego sufra síndrome de Estocolmo.
El que veía como el otro se llevaba a la chica y mientras se quedaba en un
portal escuchando alguna de esas miles de canciones de desamores.
No os confundáis. No es masoquismo, tan solo idiotez.
La gente me lo diagnosticó como amor idiota, pero siempre lo negué. Partiendo
de la base de que para mí la palabra amor ha perdido significado al usarla tan
a diario.
Mi problema era otro.
Con el tiempo me di cuenta que adoptar el papel del despechado héroe malherido
es el camino fácil. Y lo que me pasaba era el simple deseo adolescente.
Encontrar placer en lo imposible, en lo utópico. El hecho de desear mil veces
no haberla conocido y al rato pensar "No, no puedo estar deseando
eso" simplemente por que has encontrado una manera de llenar esa adicción
que tienes al placer de tener algo más elevado de lo que tus manos puedan
alcanzar.
Pero todos crecemos, maduramos, avanzamos (Menos tu Peter Pan, idiota) y
dejamos de encontrarle el gusto a esa utopia. Queremos algo verdadero y ahora las
cosas van en serio.
Ya no se trata de quedar después de la última hora del cole para perderse
dentro de ese enorme parque y comerse la boca como un par de amantes (o actores
porno). Ahora buscas algo más, tus expectativas cambian.
Te enteras de que la Bella y la Bestia terminaron en un divorcio sin separación
de bienes.
Sospechas que Mikey Mouse es estéril y que Mini le pone los cuernos con otro
ratón.
Que Peter Pan tan solo era un pajillero que prefirió nunca jamás y dejo que
Wendy creciera sin el.
Que Candy acabó sola en una casa llena de gatos.
Y te das cuenta de que te cansas de ser el héroe de capa y espada. Que
agotaste tu paciencia y que, sin duda, Romeo y Julieta no eran de este planeta.

Hola ... De casualidad llegue aqui y me gusto ... Mucha ternura sincera .. Saludos.
ResponderEliminarPues bienvenida! me alaga que te guste
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