sábado, 28 de julio de 2012

Jodida Lidia/Puto Skater


¿Os acordáis de aquella frase que nos decían cuando éramos pequeños?
“Los hombres no lloran! “ Eso me repetía mi madre mil veces, sobretodo cuando me daba mi ataque de llorera en público. Yo siempre había sido un niño muy llorón, pero como todo hombrecito, tenía que controlar mis impulsos para defender mi joven hombría ya sea delante de los mayores o de mis compañeros de clase.
En resumen, a los 12 años me llevaron a Barcelona, donde viviría el resto de mis años de adolescencia, y también donde sufriría mi primera putada (o choteada)
Esto empezó por el típico chico conoce a chica, en el romántico sitio (¿ironía?) que era aquel cibercafé donde nos reuníamos amigos a jugar a un juego online. Allí conocí a Lidia, una chica de grandes gafas y hierros (braquets?) y pecosa como la juventud en muchas chicas dicta. Diría que tardé 7,4 minutos en fijarme en ella y 9,3 en entablar en una conversación, definitivamente me gustaba.
No se si era el mal gusto o el momento “Disney” de la tarde que me hizo pensar de que ella podría ser un patito feo que se transformaba en un radiante y adorable cisne.
Entonces empezó el flirteo del siglo XXI, y con eso me refiero al Messenger. Esas largas conversaciones sin sentido que llenaban las horas de madrugada a sabiendas de que al día siguiente no habría dios que nos levante de la cama.
Y si bien el resto de mis compañeros estaban descubriendo los rincones más insospechados de su propia hombría (y si, me refiero a masturbarse con violencia), yo estaba convencido de haber encontrado el amor verdadero.
Será que la gente me enseñaba en distintas películas y series que debía pensar que no importa lo mal que fueran las cosas, a todos nos esperaba un final feliz. Ese final en que encontramos a nuestra media naranja, nos casamos a los 22, tendríamos hijos, perros, casa, coche y una despedida al atardecer.(Ja)
Habían noches en las que sentía que realmente era correspondido, casi podía sentir que estaba a punto de decirme que me quería…pero, estas cosas de la adolescencia suelen irse al carajo de mil y una maneras y la más cruel suele estar reservada para el más tontorrón de turno. Yo tenía el billete ganador.
Me declaré con una mano en el corazón y otra en el teclado, con todas las frases románticas que podía acordarme de distintas películas de amor. Entonces ella no dijo más que gracias (Si, dijo gracias, así de cutre fue la respuesta) y intento evitar el tema. Para ese entonces aquel patito feo ya empezaba a ser un cisne. Aquella visita al dentista y peluquería había dado sus resultados en la cantidad de chicos que ahora se fijaban en ella como algo más que una amiga.
Entonces llego el día. Creo recordar que fue a inicios de verano cuando después de una charla cualquiera con ella cuando el tema de conversación degenero en una declaración de amor de ella hacía mí. Decía que porfin se había dado cuenta que me quería, que me necesitaba con ella, que necesitaba tenerme al lado…y ya podéis imaginar la cara de idiota que se me quedó.
Sentí como el sonido de las trompetas de victoria sonaban dentro de mi cabeza. Como el noble caballero que monta en su corcel en busca de su amada.
Mientras intercambiábamos distintos “te quiero” y mis sueños fructificaban como la saliva de los jóvenes en las discotecas, me propuso encontrarnos a pocas calles de su casa.
En ese entonces me puse nervioso, muy nervioso. Iba a besar a Lidia, la chica en la que me había pasado tantas noches pensando (si, pensando, cuando quiero a alguien el onanismo no cabe en mí. Soy rarito) me decía que quería besarme.
Tal cual desconecté, fui a mi armario buscando la mejor ropa que tenía (mi gusto con la ropa siempre fue uno de mis déficits). Me duché 3 veces ya que por los nervios que tenía no dejaba de sudar. Me miré al espejo desde todos mis perfiles y practicando que frases le diría. Practicaba caras atractivas, pero todas eran vomitivas dado mi estado de nerviosismo.
Mediante caminaba, podía notar como el cielo era más azul, las calles más bellas, las personas más amables. Sentía que todo estaba bien. Los niños jugando, los abuelos hablando en el parque, los pájaros cantando al compás de mis pasos, que se dirigían hasta mi amada Lidia. Años después vi una película que describía perfectamente mi situación, una escena en concreto.
You make my dreams true.
You make my dreams - 500 dias
Al llegar al banco del parque en donde teníamos planeado reunirnos, me senté y empecé a mirar a los lados, impaciente a la llegada de Lidia.
Pasó una hora y no tenía noticias de ella. No contestaba al teléfono ni a los mensajes de texto que le escribía. “Seguro se le acabó la batería” pensé en un primer momento, entonces recibí la llamada de un personaje al que llamaré “El Skater”.
El era un amigo que teníamos en común y amigo de Lidia desde pequeños, el me dijo que si, a Lidia se le había acabado la batería y que me estaba esperando en su casa.
No estaba muy lejos, 3 calles como mucho. Caminé y vi de lejos como el skater y un grupo de unos 6 o 7 chicos estaban detrás de él, que venía con la típica indumentaria de…mezcla de rapero y skater. La típica moda de esos días de los pantalones bajados con la sudadera un par de tallas por encima de lo necesario. Venia con la gorra y sudadera rojas, como si de un anuncio de compresas se tratase. Lo primero que hizo al verme fue reírse, mala espina.
“Espera aquí” me dijo dejándome solo en el portal mientras el hablaba por el interfono, intentando controlar (sin conseguirlo) su risa. Definitivamente todo olía mal, me empecé a sentir a la defensiva con todo, ya que podía escuchar los murmullos de los chicos que estaban algo alejados de mí, se reían sin duda.
Entonces bajó Lidia, junto con una amiga, quien también reía al verme, fue entonces cuando se descubrió el pastel. Me contó que todo había sido una broma originada de una tarde de aburrimiento de verano. Quien escribía todas esas frases había sido el puto skater y no era ella, que si bien no había sido la de la idea, fue la que dejo que él escribiera todo en pro de echarse unas risas.
Entonces aparezco en escena, tal gilipollas (idiota) con unas laminas de listerine en el bolsillo pensando en su primer beso de amor apasionado con un violinista de fondo disfrazado de rapero de cuarta categoría. Supongo que yo intentaba ocultar mi rubor ante tal escena, pero era inevitable parecer idiota o al menos sentirme como tal.   
Salí de esa portería con el rabo entre las piernas y con la moral hundida, después de escuchar las risas de Lidia y el puto skater, pero (por si fuera poco, señores) el nivel de masoquismo del guionista de esta jodida historia había hecho que al salir de ese portal, me encontrara a aquel grupito de chicos riéndose a carcajadas de la situación.                     De camino a casa el cielo estaba gris. Las calles olían a alcantarillas estancadas y las personas pasaban olímpicamente de mi cabizbaja mirada. Un niño dio un pelotazo a un vidrio de una tienda y lo rompió y una paloma se cagó encima de mi camiseta. Al meterme en la cama, bajé el telón en donde el caballero andante había acabado su viaje antes de empezar. Semanas después me enteré de que Lidia y el skater estaban juntos. “Tal para cual” pensé con rabia mientras lloraba. Y entonces me acordé  de la frase que tanto me repetía mi madre “Los hombres no lloran! “.
Claro que lloran, pensé. Pero estos hombres hacen lo mismo que hicieron yo en esa situación. Aguantar la nota hasta llegar a casa a soltar todas las lagrimas posibles en el saco de ácaros al que llamabas almohada. No lloré delante de ellos, gran gusto me llevé al no hacerlo. Y a las pocas semanas fui superando el mal trago mirando por la ventana como pasaba el verano y The Cure se encargaba de darme la banda perfecta para esos momentos.
Boys don’t cry-The Cure
Boys don't Cry - The Cure


Años después, le escribí un mail que nunca envié:

Espero que os cundieran las risas ese día
Ya que antes de tu cambio ni un cura te follaría
Sin más, que te den por culo tía
Que el skater te la meta por la “puerta de servicio”
Total, a ese con meterla le vale cualquier orificio.

Lo que habéis leído es una ficción (o no?). Cualquier parecido con personas vivas o muertas es pura coincidencia
Especialmente para ti Lidia.
Zorra.


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