miércoles, 8 de agosto de 2012

Día 1 después de muerto - El nuevo ejecutor


(Voy a experimentar con la fantasía, a ver que tal)

Primera misión.
 Sneak Peak


Desperté como si de un sueño se tratase. Estaba en un salón con una calurosa chimenea que iluminaba la estancia. El ruido de la madera quemándose fue lo que seguramente me hizo despertar, entonces fue cuando recordé lo que me paso.
Me había pasado un coche por encima, pude sentir como mi cuello había emitido un sonido estremecedor. Toque mi nuca y moví el cuello mientras me incorporaba, no tenia ningún rasguño, ninguna herida.
-¿Ya has despertado del todo?- dijo una voz que venia de la puerta.
-¿Quién eres?- le dije mirando hacia la oscura puerta, donde solo podía ver la silueta de un hombre iluminado por la luz del fuego de la chimenea.
-Si eres cristiano, te diría que soy San Pedro- dijo el acercándose y descubriendo su figura. Era un hombre mayor, tendría alrededor de 50 años. Tenia una larga coleta que le caía por la espalda y una frondosa barba negra que le hacia parecer un naufrago teniendo en cuenta lo delgado que era- pero me gusta que me llamen Homer.
-¿San Pedro? ¿Ese no era el guardián de la puerta del paraíso?
-Veo que aun te acuerdas de las clases de religión de aquel colegio de monjas canadienses- dijo sentándose en un sillón que tenía al lado- Ahora preguntarás “¿Estoy muerto?” Y yo te diré que sí.
-¿Estoy muerto?
-Si- respondió él sacando un paquete de cigarrillos de su chaqueta de cuero- ¿ves? Te lo dije, ¿Quieres un cigarrillo? No te va a matar.
No le respondí, supongo que estaba un poco en shock por saber que estaba muerto. Todo se había acabado, no volvería a ver a mi familia, ni a mis amigos, ni a Alicia para siempre.
-Perdón, a veces no puedo evitar esa clase de bromas.
-No, tranquilo- le respondí sentándome a su lado mirando al suelo.
-Te veo bastante tranquilo, me alegro- dijo el dándole una calada al cigarro.
-Y ¿qué pasa ahora? ¿Dónde estamos?- le pregunté mirando el lugar.
-Antes de responder a tus preguntas te tengo que hacer una a ti- dijo él mirándome por primera vez a la cara- ¿Has aceptado tu muerte, verdad?
-La gente muere, supongo que me tocaba ¿no?
-Ya veo…- dijo él mirando a los troncos de la chimenea, que cada vez estaban más corroídos por el fuego- ahora entiendo la razón de que estés aquí.
-No entiendo nada de lo que dices, explícame más.
-Te explicaremos todo en su momento, ahora tienes que empezar a moverte en tu nueva vida- dijo.
-¿Nueva vida?
-Puedes llamarlo “No vida” si lo deseas- dijo Homer levantándose y caminando hacia una taquilla que había en una esquina. Lo abrió y saco una pequeña bolsa de papel.
-¿Qué es eso?- le pregunté.
-Son tus herramientas de trabajo- dijo él dejándolas encima de la mesa- Yo me tengo que retirar, prometo responder a todas tus preguntas más adelante.
-¿Y yo que hago?- le pregunte acercándome a la bolsa de papel.
-Ahora vendrá Marcos a enseñarte el oficio, cuando acabéis os veré, pero antes necesito que me enseñes tu muñeca- dijo acercándose a mi.
 -¿Qué haces?- le dije intentando alejarme.
-Tengo que ponerte un sello, tienes que estar identificado en este mundo- dijo sacando un sello de la chaqueta y clavándolo en mi muñeca.
-¿Por qué no he podido resistirme cuando he querido alejar mi muñeca?- le dije.
-Pues por que en esta habitación soy dios, y tu no- dijo riendo- tranquilo, no es nada malo, imagina que a partir de ahora tienes el DNI en la muñeca.
El símbolo era extraño, parecía una brújula antigua con un ojo en el medio, el sello era de color rojo y se había transformado en un tatuaje.
-Todo esto pasa demasiado rápido, no entiendo nada- le dije al ver que caminaba hasta la puerta.
-Te acostumbraras, además, a partir de ahora eres uno de los miembros importantes de este nuevo mundo- dijo Homer abriendo la puerta- Mira, aquí esta tu instructor.
Por la puerta apareció un chico rubio con el pelo corto, sin embargo, el corte de pelo le dejaba un pequeño flequillo. Era delgaducho pero se le veía fuerte, tenía un cigarro en la oreja y venia liándose uno entre manos. Se vestía de manera normal, unos pantalones de chándal y una camiseta algo desgastada y con el cuello abierto
-Hola Marcos ¿Ha ido bien hoy? – le pregunto Homer.
-Le hemos dado bien al curro- dijo sin desconcentrarse del tabaco que tenia en una mano.
-Hoy tenemos algo para ti, harás de instructor de este chico –dijo Homer señalándome con el dedo.
-Me queda 1 trabajo por hacer hoy, no hay problema- dijo él mientras pasaba la lengua por el papel del tabaco para terminar de hacerse el cigarrillo.
-Si tiene alguna pregunta, respóndele lo que sepas.
-Lo haré Homer.
-Nos vemos luego chicos- dijo él cerrando la puerta y desapareciendo por el pasillo por el que antes había salido Marcos.
-Bueno, lo dicho, bienvenido chaval- dijo él acercándose y dándome la mano- Me llamo Marcos ¿Y tu?.
-Me llamo Sergio, encantado- le dije estrechándole la mano- ¿Qué se supone que es lo que tenemos que hacer?
-¿Homer no te ha contado nada? – dijo Marcos encendiéndose el cigarro, que resulto ser marihuana.
-No.
-Pues tela se nos avecina- dijo mirando la bolsa de papel- saca todo lo que hay dentro que en nada nos vamos.
-Pero explícame algo- dije vaciando toda la bolsa en la mesa, había un teléfono móvil, un pequeño dado y un sello- ¿A que te dedicas aquí?
-Tú y yo somos parte del equipo de ejecutores- dijo Marcos acercándose a la mesa- Y esto es el material de trabajo.
-¿Esto material de trabajo?- dije observando el teléfono.
-Si hombre- dijo él- el teléfono te servirá para localizar a la persona indicada, el sello es la manera de volver con el objetivo al más allá y lo otro es un multi-dado.
Me quedé observando las 3 cosas, parecía que me estaban tomando el pelo entre todos. Todo parecía corriente y sin ninguna diferencia a algún objeto que hubiera visto antes. Al encender el teléfono, apareció el emblema del tatuaje que tenía en la muñeca. Sin duda ese teléfono era mejor que el que tenía cuando estaba vivo.
-Vamos, hora de irnos- dijo Marcos caminando hasta la puerta- sígueme.
Le seguí y me quede a sus espaldas, el sacó su teléfono y empezó a tocar algunos botones, de pronto el contorno de la puerta se empezó a iluminar y la puerta se abrió automáticamente, era un ascensor.
-¿Dónde esta el pasillo de antes?- le pregunté.
-Yo que se- dijo Marcos- Solo se que cada vez que necesito ir a un sitio, tengo que usar una aplicación que tengo aquí, entremos.
Nos metimos dentro del ascensor y empezamos a bajar de forma lenta pero constante. El ascensor parecía  antiguo y tenía muchas firmas de grafitos pasados, algunos ponian fechas. A mi lado había una inscripción de lo que seguramente era una huella de un par de enamorados “S&C 1987”.
Marcos le dio una larga calada a su porro y lo miro, dándose cuenta que le quedaba poco.
-¿Lo matas?
-Perdona, lo deje hace mucho- le respondí.
-Estás muerto ¿qué mas da?
Le mire y me di cuenta que tenia razón, estire la mano y le di la ultima calada. La sensación era la misma a cuando lo hacia en mi adolescencia.
Marc saco unos auriculares de su bolsillo y los conecto a su teléfono. Cerró los ojos un momento y los volvió a abrir.
-Esos auriculares… ¿Son para comunicarte con el más allá también?
-No- respondió riendo- es para escuchar música, no todo es tan retorcido Sergio.
-Soy nuevo, no se nada.
-Yo también he estado en tu situación tranquilo- dijo poniéndome una mano en el hombro- luego nos fumamos un pei y con tranquilidad te explicaré todo.
-¿Cómo llegaste aquí?- le pregunté.
-¿Cómo la palmé?- me dijo mirando al suelo- Pues un accidente cuando ayudaba a mi padre, era albañil.
-A mi me atropelló un coche- le dije- y no tengo ningún rasguño.
-Pues claro que no lo tienes, tu cuerpo se ha hecho polvo, no tu alma- dijo Marcos- Si tuviera que trabajar con el cuerpo aplastado los mandaría al carajo a todos, a Homer, al Pippo y a todos, a chuparla.
-¿Pippo?- le pregunté.
-Ya te lo explicaré, llegamos- dijo él después de un brusco movimiento del ascensor.
Se abrieron las puertas y aparecimos en el típico portal de un edificio corriente, como cualquiera de los miles que te podías encontrar en España.
-¿Dónde estamos? – le pregunte a Marcos mientras le seguía por las escaleras.
-Ahora mismo en Italia, Florencia- me respondió.
-¿Qué narices hacemos en Italia?- le pregunté.
-La última misión es aquí, no hay más- respondió- Nos va tocar ir a distintas partes del mundo, así que acostúmbrate, vamos a currar como unos negros.
-¿Y que es el objetivo?
-Se llama Erico…-Marcos miro de nuevo su teléfono, busco algo y prosiguió- Se llama Erico di Santo, 79 años, viudo, 2 hijas, ático segunda.
-¿Y que tenemos que hacer?
-Pues descubrir su destino- dijo Marcos llegando hasta el último piso.
-¿No habría sido mas fácil subir con el ascensor hasta aquí?
-El ascensor de esta finca esta estropeado- dijo él mirando por debajo de la segunda puerta- creo que Erico no esta en casa.
-¿Qué hacemos?- le pregunté.
-Pues usar la lógica- dijo él tocando el timbre de la puerta de al lado.
-¿Qué haces? ¿No estábamos muertos?
-Ahora mismo no- dijo él.
-¿Quién es?- pregunto una voz femenina.
-Perdone señora, ¿ha visto al señor Erico? – dijo Marcos- Tenemos una carta que entregarle.
-Si, debe estar en su casa- respondió esa voz- no le he oído salir, llamad a la puerta más fuerte, esta un poco sordo.
-Eso haré, muchas gracias- respondió Marcos.
-¿Cómo es que habla español?- le dije en voz baja.
-No habla español, habla italiano- dijo él- al igual que tú y yo. Dependiendo donde estemos, hablaremos distintas lenguas, pero siempre nosotros hablaremos y escucharemos nuestra lengua natal.
-Entiendo- le respondí.
-Ahora nos quedan dos últimos pasos- dijo Marcos sacando de nuevo su teléfono- busca la aplicación “phantom”, lo encontraras en la lista de tu teléfono, tiene el símbolo de un triangulo verde.
Hice lo que me dijo, encontré la aplicación y inicie la aplicación, de pronto vi como mi cuerpo empezó a transparentarse, al igual que el de Marcos.
-Ahora eres inmaterial- dijo él- entra por la puerta, ahora puedes pasar a través.
Marcos pasó con total comodidad y yo intente emular lo que hizo, con éxito. Nos encontrábamos en una casa vieja. Había retratos en los distintos cuadros que había colgados en las paredes, parecían hechas al óleo. La casa estaba a oscuras a excepción de una habitación que estaba al fondo de un pasillo, parecía ser el baño.
-Ese hombre va a intentar suicidarse- dijo Marcos- y nuestro trabajo es certificar que su destino ha sido escrito correctamente.
-¿Y eso como se hace?
Marcos saco de su bolsillo un dado parecido al mío y me lo enseño.
-Esto es un multidado, igual que el tuyo- dijo- dependiendo el número, dependerá el destino del objetivo, como en los juegos de rol.
-¿Cómo funciona?
-Como un simple dado- respondió- de 1 al 3 muere, del 4 al 6 vive, así de simple.
Caminamos hasta el lavabo y allí encontramos a Erico. Era un hombre con aspecto muy mayor y cuerpo muy delgado. Estaba desnudo sentado en la taza del vater con un puñado de pastillas en la mano.
Marcos me miro y dejo el dado en la palma de su mano. Una luz empezó a emanar del diminuto objeto para luego dejar de brillar. Me pareció extraño que la luz del dado no iluminase la habitación, pero seguramente se debía a la invisibilidad que teníamos en ese instante. Marcos lanzo el dado hacia techo y lo dejo caer en su mano.
-Un 6- dijo él- tiene suerte este hombre.
-¿Y ahora que?- le pregunté.
-Pues en estos casos, se le envía un mensaje a los de arriba para decirles que a dictaminado el multidado- dijo sacando el teléfono y escribiendo algo- listo, enviado.
Al instante, Erico tiro las pastillas dentro del vater y se miro en el espejo. Me acerque para verle mejor, ante la atenta mirada de Marcos, que no parecía importarle que me acercara.
Erico tenía una cara demacrada, llena de arrugas y con los ojos rojos, seguramente había llorado antes de plantearse el suicidio. En el espejo solo aparecía el, mi imagen no se veía reflejada en el. Supuse que era algo a lo que tenía que acostumbrarme, al fin y al cabo estoy muerto para siempre.
-Hora de irnos- dijo Marcos caminando hacia la entrada- acabó mi turno, tu aun debes tener un permiso de 1 semana.
-¿Mi turno?- le pregunte.
-Si, si vienes conmigo es que eres un ejecutor- dijo él.
-Escucha- le dije sujetándole de los hombros- No se hace cuanto tiempo que estoy muerto, pero en lo que a mi concierne he despertado en un salón donde había un jodido loco hablándome del más allá y un chico que me cuenta paranoias sobre ejecutores, dados y hostias. Y por si fuera poco estoy muerto y no volveré a ver a ninguno de mis seres queridos.
-Quieres callarte ya, payaso- me dijo alejándome con una mano- nadie escoge ser ejecutor, todos hemos muerto. Ninguno de los ejecutores murió por que quería. Has muerto, asúmelo y rápido ¿Ahora me dirás que tu puedes escoger entre ser ejecutor o no?...chupamela cabrón.
-Tienes razón- le dije- es que, creo que llevo alrededor de 1 día muerto y todo es tan confuso, demasiada información a la vez.
-Si yo logré entenderlo tú también- dijo Marcos dándome una palmada en la espalda- Yo siempre pensé que el mundo funcionaba de otra manera. Pensé que éramos cachos de carne destinados a podrirse alguna vez y se acabó ¿Te imaginas mi cara cuando un hombre barbudo me cuenta todas esas tonterías sobre los ejecutores?
-Supongo que te quedarías en shock- dije traspasando la puerta con Marcos.
-Me quede loquísimo- respondió el caminando hasta las escaleras- pero aquí estoy.
-¿Cuánto llevas de ejecutor? – le pregunté mientras bajábamos las escaleras.
-Creo que 6 meses terrestres.
-¿Meses terrestres?
-Si, un día en la tierra son 4 días en el más allá.
-Entonces para ti serían 2 años- le dije.
-Si- dijo llegando a la calle-a todo uno se acostumbra.
-¿No vamos al ascensor?
-No, ese portal ya se cerró, tenemos que buscar otro.
-¿Otro portal?
-Es sencillo, solo tienes que encontrar una habitación pequeña y entrar sin que nadie te vea para que aparezca el ascensor- dijo- Vamos a un bar, en los baños podremos desaparecer.
Caminamos un largo rato hasta encontrar un bar abierto, a esas horas la mayoría ya habían cerrado. No era muy grande y solo había una camarera en la barra y un viejo jugando en una máquina tragaperras. Parecía que la partida no iba muy bien, ya que el hombre que estaba sentado delante no dejaba de suspirar. El bar no era lujoso, era el típico bar de barrio pero muy mal cuidado, uno de los focos no dejaba de parpadear continuamente y los carteles de coca cola o distintas cervezas tenían un tono amarillento. Pasamos inadvertidos por la invisibilidad que teníamos y entramos directamente al lavabo.
-Hay un pequeño dato que se me olvido mencionarte- dijo Marcos acercándose al espejo- el cuerpo que ocupas ahora mismo no es el tuyo.
-No te entiendo.
-Estás muerto ¿recuerdas? –  me dijo- ponte delante del espejo y desactiva la invisibilidad.
Hice lo que me dicto y me quede mirando al espejo. La imagen de Marc se hizo nitida al instante, pero no era él. Su reflejo era el de un hombre robusto de edad media. Tenia un bigote largo y unos enormes mofletes
-Joder, menudo cambio- le dije.
-Pues anda que tu…- dijo señalándome.
Mi imagen no era ni un hombre alto, ni bajo, ni gordo ni flaco, por no ser no era ni un hombre. El espejo me mostraba una chica joven, no tendría más de 20 años, morena y de piel canela que se miraba asombrada.
Empecé a tocarme y mirarme directamente, yo me veía como un chico, pero el espejo reflejaba una delgaducha chica.
-Tengo tetas- dije asombrado y tocándomelas con las dos manos.
-¿Tu crees?- dijo irónicamente Marcos.
-¿Y siempre seré una chica cuando baje a la tierra.
-No, es aleatorio.
-¿Y quienes son estas personas?
-Son mortales desaparecidos- dijo Marcos- gente dada por desaparecida en otra época. Las personas que son asesinadas y luego desaparecidas van directamente al más allá y sus cuerpos nos sirven de recipientes cuando bajamos.
-¿Y si les reconocen?
-No es posible, hay gente que trabaja estos temas- dijo Marcos abriendo la puerta del baño y volviéndola a cerrar- hay otra clase de ejecutores que se encargan de que estos cuerpos no coincidan con las personas que les conocían ni en lugar ni tiempo.
-Entiendo- dije mientras miraba la cara de esa chica- que lástima, era una chica muy guapa.
-Estas buena- dijo Marcos- hora de marcharnos.
El abrió de nuevo la puerta y apareció el ascensor de nuevo. Entramos y automáticamente se puso en marcha.
-Esto no parece muy difícil- le dije mientras bajábamos.
-Esto ha sido una tonterías, las cosas difíciles vienen luego- dijo Marcos- asesinatos, accidentes de trafico o aeronáuticos. Esto era un simple intento de suicidio.
-Me esperan muchas cosas ¿verdad?- le pregunté.
-Seguramente- me contestó- debes saber que ser ejecutor tiene sus ventajas en el más allá.
-¿Cómo cuales?
-Casa, horarios flexibles, paga de 5000 lunas a la semana y algunas cosas más.
-¿Casa? ¿Lunas?- le pregunté.
-El más allá es una sociedad como cualquier otra Sergio, pero con la diferencia de que no hay pobreza a menos que tú la elijas.
Saque el teléfono móvil y vi el emblema en la pantalla y lo compare con el que ahora tenía en la muñeca.
-Yo creo que los ejecutores nacen, los que no tienen madera la cagan y los reencarnan- dijo Marcos.
-¿Qué pasa si te reencarnan?
-Pues te borran todos los recuerdos y se acabó- dijo.
-Todo este mundo me supera- dije sentándome en el suelo.
-No te preocupes, date un par de días y estarás listo.
Me quede mirando la puerta del ascensor, que subía sin parar. Todo me había venido de golpe y aun tenía muchas preguntas sin responder, pero supongo que no me queda otra que aceptar mi nueva vida por muy poco que entienda de la misma. Esto es el principio de una historia con dudoso final, y dudoso inicio.


Dia1 DDM (Edad: 1 día después de muerto)



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