(Voy a experimentar con la fantasía, a ver que tal)
Primera misión.
Sneak Peak
Desperté como si de un sueño se tratase. Estaba en un salón
con una calurosa chimenea que iluminaba la estancia. El ruido de la madera
quemándose fue lo que seguramente me hizo despertar, entonces fue cuando
recordé lo que me paso.
Me había pasado un coche por encima, pude sentir como mi
cuello había emitido un sonido estremecedor. Toque mi nuca y moví el cuello
mientras me incorporaba, no tenia ningún rasguño, ninguna herida.
-¿Ya has despertado del todo?- dijo una voz que venia de la
puerta.
-¿Quién eres?- le dije mirando hacia la oscura puerta, donde
solo podía ver la silueta de un hombre iluminado por la luz del fuego de la
chimenea.
-Si eres cristiano, te diría que soy San Pedro- dijo el
acercándose y descubriendo su figura. Era un hombre mayor, tendría alrededor de
50 años. Tenia una larga coleta que le caía por la espalda y una frondosa barba
negra que le hacia parecer un naufrago teniendo en cuenta lo delgado que era-
pero me gusta que me llamen Homer.
-¿San Pedro? ¿Ese no era el guardián de la puerta del
paraíso?
-Veo que aun te acuerdas de las clases de religión de aquel
colegio de monjas canadienses- dijo sentándose en un sillón que tenía al lado-
Ahora preguntarás “¿Estoy muerto?” Y yo te diré que sí.
-¿Estoy muerto?
-Si- respondió él sacando un paquete de cigarrillos de su chaqueta de cuero- ¿ves? Te lo dije, ¿Quieres un cigarrillo? No te va a matar.
-Si- respondió él sacando un paquete de cigarrillos de su chaqueta de cuero- ¿ves? Te lo dije, ¿Quieres un cigarrillo? No te va a matar.
No le respondí, supongo que estaba un poco en shock por
saber que estaba muerto. Todo se había acabado, no volvería a ver a mi familia,
ni a mis amigos, ni a Alicia para siempre.
-Perdón, a veces no puedo evitar esa clase de bromas.
-No, tranquilo- le respondí sentándome a su lado mirando al
suelo.
-Te veo bastante tranquilo, me alegro- dijo el dándole una
calada al cigarro.
-Y ¿qué pasa ahora? ¿Dónde estamos?- le pregunté mirando el
lugar.
-Antes de responder a tus preguntas te tengo que hacer una a
ti- dijo él mirándome por primera vez a la cara- ¿Has aceptado tu muerte,
verdad?
-La gente muere, supongo que me tocaba ¿no?
-Ya veo…- dijo él mirando a los troncos de la chimenea, que
cada vez estaban más corroídos por el fuego- ahora entiendo la razón de que
estés aquí.
-No entiendo nada de lo que dices, explícame más.
-Te explicaremos todo en su momento, ahora tienes que
empezar a moverte en tu nueva vida- dijo.
-¿Nueva vida?
-Puedes llamarlo “No vida” si lo deseas- dijo Homer
levantándose y caminando hacia una taquilla que había en una esquina. Lo abrió
y saco una pequeña bolsa de papel.
-¿Qué es eso?- le pregunté.
-Son tus herramientas de trabajo- dijo él dejándolas encima
de la mesa- Yo me tengo que retirar, prometo responder a todas tus preguntas
más adelante.
-¿Y yo que hago?- le pregunte acercándome a la bolsa de
papel.
-Ahora vendrá Marcos a enseñarte el oficio, cuando acabéis
os veré, pero antes necesito que me enseñes tu muñeca- dijo acercándose a mi.
-¿Qué haces?- le dije
intentando alejarme.
-Tengo que ponerte un sello, tienes que estar identificado
en este mundo- dijo sacando un sello de la chaqueta y clavándolo en mi muñeca.
-¿Por qué no he podido resistirme cuando he querido alejar
mi muñeca?- le dije.
-Pues por que en esta habitación soy dios, y tu no- dijo
riendo- tranquilo, no es nada malo, imagina que a partir de ahora tienes el DNI
en la muñeca.
El símbolo era extraño, parecía una brújula antigua con un
ojo en el medio, el sello era de color rojo y se había transformado en un
tatuaje.
-Todo esto pasa demasiado rápido, no entiendo nada- le dije
al ver que caminaba hasta la puerta.
-Te acostumbraras, además, a partir de ahora eres uno de los
miembros importantes de este nuevo mundo- dijo Homer abriendo la puerta- Mira,
aquí esta tu instructor.
Por la puerta apareció un chico rubio con el pelo corto, sin
embargo, el corte de pelo le dejaba un pequeño flequillo. Era delgaducho pero
se le veía fuerte, tenía un cigarro en la oreja y venia liándose uno entre
manos. Se vestía de manera normal, unos pantalones de chándal y una camiseta
algo desgastada y con el cuello abierto
-Hola Marcos ¿Ha ido bien hoy? – le pregunto Homer.
-Le hemos dado bien al curro- dijo sin desconcentrarse del
tabaco que tenia en una mano.
-Hoy tenemos algo para ti, harás de instructor de este chico
–dijo Homer señalándome con el dedo.
-Me queda 1 trabajo por hacer hoy, no hay problema- dijo él
mientras pasaba la lengua por el papel del tabaco para terminar de hacerse el
cigarrillo.
-Si tiene alguna pregunta, respóndele lo que sepas.
-Lo haré Homer.
-Nos vemos luego chicos- dijo él cerrando la puerta y desapareciendo
por el pasillo por el que antes había salido Marcos.
-Bueno, lo dicho, bienvenido chaval- dijo él acercándose y
dándome la mano- Me llamo Marcos ¿Y tu?.
-Me llamo Sergio, encantado- le dije estrechándole la mano-
¿Qué se supone que es lo que tenemos que hacer?
-¿Homer no te ha contado nada? – dijo Marcos encendiéndose
el cigarro, que resulto ser marihuana.
-No.
-Pues tela se nos avecina- dijo mirando la bolsa de papel-
saca todo lo que hay dentro que en nada nos vamos.
-Pero explícame algo- dije vaciando toda la bolsa en la
mesa, había un teléfono móvil, un pequeño dado y un sello- ¿A que te dedicas
aquí?
-Tú y yo somos parte del equipo de ejecutores- dijo Marcos
acercándose a la mesa- Y esto es el material de trabajo.
-¿Esto material de trabajo?- dije observando el teléfono.
-Si hombre- dijo él- el teléfono te servirá para localizar a
la persona indicada, el sello es la manera de volver con el objetivo al más
allá y lo otro es un multi-dado.
Me quedé observando las 3 cosas, parecía que me estaban
tomando el pelo entre todos. Todo parecía corriente y sin ninguna diferencia a
algún objeto que hubiera visto antes. Al encender el teléfono, apareció el
emblema del tatuaje que tenía en la muñeca. Sin duda ese teléfono era mejor que
el que tenía cuando estaba vivo.
-Vamos, hora de irnos- dijo Marcos caminando hasta la
puerta- sígueme.
Le seguí y me quede a sus espaldas, el sacó su teléfono y
empezó a tocar algunos botones, de pronto el contorno de la puerta se empezó a
iluminar y la puerta se abrió automáticamente, era un ascensor.
-¿Dónde esta el pasillo de antes?- le pregunté.
-Yo que se- dijo Marcos- Solo se que cada vez que necesito
ir a un sitio, tengo que usar una aplicación que tengo aquí, entremos.
Nos metimos dentro del ascensor y empezamos a bajar de forma
lenta pero constante. El ascensor parecía
antiguo y tenía muchas firmas de grafitos pasados, algunos ponian
fechas. A mi lado había una inscripción de lo que seguramente era una huella de
un par de enamorados “S&C 1987”.
Marcos le dio una larga calada a su porro y lo miro, dándose
cuenta que le quedaba poco.
-¿Lo matas?
-Perdona, lo deje hace mucho- le respondí.
-Estás muerto ¿qué mas da?
Le mire y me di cuenta que tenia razón, estire la mano y le
di la ultima calada. La sensación era la misma a cuando lo hacia en mi
adolescencia.
Marc saco unos auriculares de su bolsillo y los conecto a su
teléfono. Cerró los ojos un momento y los volvió a abrir.
-Esos auriculares… ¿Son para comunicarte con el más allá
también?
-No- respondió riendo- es para escuchar música, no todo es
tan retorcido Sergio.
-Soy nuevo, no se nada.
-Yo también he estado en tu situación tranquilo- dijo
poniéndome una mano en el hombro- luego nos fumamos un pei y con tranquilidad te explicaré todo.
-¿Cómo llegaste aquí?- le pregunté.
-¿Cómo la palmé?- me dijo mirando al suelo- Pues un
accidente cuando ayudaba a mi padre, era albañil.
-A mi me atropelló un coche- le dije- y no tengo ningún
rasguño.
-Pues claro que no lo tienes, tu cuerpo se ha hecho polvo,
no tu alma- dijo Marcos- Si tuviera que trabajar con el cuerpo aplastado los
mandaría al carajo a todos, a Homer, al Pippo y a todos, a chuparla.
-¿Pippo?- le pregunté.
-Ya te lo explicaré, llegamos- dijo él después de un brusco
movimiento del ascensor.
Se abrieron las puertas y aparecimos en el típico portal de
un edificio corriente, como cualquiera de los miles que te podías encontrar en
España.
-¿Dónde estamos? – le pregunte a Marcos mientras le seguía
por las escaleras.
-Ahora mismo en Italia, Florencia- me respondió.
-¿Qué narices hacemos en Italia?- le pregunté.
-La última misión es aquí, no hay más- respondió- Nos va
tocar ir a distintas partes del mundo, así que acostúmbrate, vamos a currar
como unos negros.
-¿Y que es el objetivo?
-Se llama Erico…-Marcos miro de nuevo su teléfono, busco
algo y prosiguió- Se llama Erico di Santo, 79 años, viudo, 2 hijas, ático
segunda.
-¿Y que tenemos que hacer?
-Pues descubrir su destino- dijo Marcos llegando hasta el
último piso.
-¿No habría sido mas fácil subir con el ascensor hasta aquí?
-El ascensor de esta finca esta estropeado- dijo él mirando
por debajo de la segunda puerta- creo que Erico no esta en casa.
-¿Qué hacemos?- le pregunté.
-Pues usar la lógica- dijo él tocando el timbre de la puerta
de al lado.
-¿Qué haces? ¿No estábamos muertos?
-Ahora mismo no- dijo él.
-¿Quién es?- pregunto una voz femenina.
-Perdone señora, ¿ha visto al señor Erico? – dijo Marcos-
Tenemos una carta que entregarle.
-Si, debe estar en su casa- respondió esa voz- no le he oído
salir, llamad a la puerta más fuerte, esta un poco sordo.
-Eso haré, muchas gracias- respondió Marcos.
-¿Cómo es que habla español?- le dije en voz baja.
-No habla español, habla italiano- dijo él- al igual que tú
y yo. Dependiendo donde estemos, hablaremos distintas lenguas, pero siempre
nosotros hablaremos y escucharemos nuestra lengua natal.
-Entiendo- le respondí.
-Ahora nos quedan dos últimos pasos- dijo Marcos sacando de
nuevo su teléfono- busca la aplicación “phantom”, lo encontraras en la lista de
tu teléfono, tiene el símbolo de un triangulo verde.
Hice lo que me dijo, encontré la aplicación y inicie la
aplicación, de pronto vi como mi cuerpo empezó a transparentarse, al igual que
el de Marcos.
-Ahora eres inmaterial- dijo él- entra por la puerta, ahora
puedes pasar a través.
Marcos pasó con total comodidad y yo intente emular lo que
hizo, con éxito. Nos encontrábamos en una casa vieja. Había retratos en los
distintos cuadros que había colgados en las paredes, parecían hechas al óleo.
La casa estaba a oscuras a excepción de una habitación que estaba al fondo de
un pasillo, parecía ser el baño.
-Ese hombre va a intentar suicidarse- dijo Marcos- y nuestro
trabajo es certificar que su destino ha sido escrito correctamente.
-¿Y eso como se hace?
Marcos saco de su bolsillo un dado parecido al mío y me lo
enseño.
-Esto es un multidado, igual que el tuyo- dijo- dependiendo
el número, dependerá el destino del objetivo, como en los juegos de rol.
-¿Cómo funciona?
-Como un simple dado- respondió- de 1 al 3 muere, del 4 al 6 vive, así de simple.
Caminamos hasta el lavabo y allí encontramos a Erico. Era un
hombre con aspecto muy mayor y cuerpo muy delgado. Estaba desnudo sentado en la
taza del vater con un puñado de pastillas en la mano.
Marcos me miro y dejo el dado en la palma de su mano. Una
luz empezó a emanar del diminuto objeto para luego dejar de brillar. Me pareció
extraño que la luz del dado no iluminase la habitación, pero seguramente se debía
a la invisibilidad que teníamos en ese instante. Marcos lanzo el dado hacia techo
y lo dejo caer en su mano.
-Un 6- dijo él- tiene suerte este hombre.
-¿Y ahora que?- le pregunté.
-Pues en estos casos, se le envía un mensaje a los de arriba
para decirles que a dictaminado el multidado- dijo sacando el teléfono y
escribiendo algo- listo, enviado.
Al instante, Erico tiro las pastillas dentro del vater y se
miro en el espejo. Me acerque para verle mejor, ante la atenta mirada de
Marcos, que no parecía importarle que me acercara.
Erico tenía una cara demacrada, llena de arrugas y con los
ojos rojos, seguramente había llorado antes de plantearse el suicidio. En el
espejo solo aparecía el, mi imagen no se veía reflejada en el. Supuse que era
algo a lo que tenía que acostumbrarme, al fin y al cabo estoy muerto para
siempre.
-Hora de irnos- dijo Marcos caminando hacia la entrada- acabó
mi turno, tu aun debes tener un permiso de 1 semana.
-¿Mi turno?- le pregunte.
-Si, si vienes conmigo es que eres un ejecutor- dijo él.
-Escucha- le dije sujetándole de los hombros- No se hace cuanto
tiempo que estoy muerto, pero en lo que a mi concierne he despertado en un
salón donde había un jodido loco hablándome del más allá y un chico que me
cuenta paranoias sobre ejecutores, dados y hostias. Y por si fuera poco estoy
muerto y no volveré a ver a ninguno de mis seres queridos.
-Quieres callarte ya, payaso- me dijo alejándome con una
mano- nadie escoge ser ejecutor, todos hemos muerto. Ninguno de los ejecutores
murió por que quería. Has muerto, asúmelo y rápido ¿Ahora me dirás que tu
puedes escoger entre ser ejecutor o no?...chupamela cabrón.
-Tienes razón- le dije- es que, creo que llevo alrededor de
1 día muerto y todo es tan confuso, demasiada información a la vez.
-Si yo logré entenderlo tú también- dijo Marcos dándome una
palmada en la espalda- Yo siempre pensé que el mundo funcionaba de otra manera.
Pensé que éramos cachos de carne destinados a podrirse alguna vez y se acabó
¿Te imaginas mi cara cuando un hombre barbudo me cuenta todas esas tonterías
sobre los ejecutores?
-Supongo que te quedarías en shock- dije traspasando la
puerta con Marcos.
-Me quede loquísimo- respondió el caminando hasta las
escaleras- pero aquí estoy.
-¿Cuánto llevas de ejecutor? – le pregunté mientras bajábamos
las escaleras.
-Creo que 6 meses terrestres.
-¿Meses terrestres?
-Si, un día en la tierra son 4 días en el más allá.
-Si, un día en la tierra son 4 días en el más allá.
-Entonces para ti serían 2 años- le dije.
-Si- dijo llegando a la calle-a todo uno se acostumbra.
-¿No vamos al ascensor?
-No, ese portal ya se cerró, tenemos que buscar otro.
-¿Otro portal?
-Es sencillo, solo tienes que encontrar una habitación
pequeña y entrar sin que nadie te vea para que aparezca el ascensor- dijo-
Vamos a un bar, en los baños podremos desaparecer.
Caminamos un largo rato hasta encontrar un bar abierto, a
esas horas la mayoría ya habían cerrado. No era muy grande y solo había una
camarera en la barra y un viejo jugando en una máquina tragaperras. Parecía que
la partida no iba muy bien, ya que el hombre que estaba sentado delante no
dejaba de suspirar. El bar no era lujoso, era el típico bar de barrio pero muy
mal cuidado, uno de los focos no dejaba de parpadear continuamente y los
carteles de coca cola o distintas cervezas tenían un tono amarillento. Pasamos
inadvertidos por la invisibilidad que teníamos y entramos directamente al
lavabo.
-Hay un pequeño dato que se me olvido mencionarte- dijo
Marcos acercándose al espejo- el cuerpo que ocupas ahora mismo no es el tuyo.
-No te entiendo.
-Estás muerto ¿recuerdas? – me dijo- ponte delante del espejo y desactiva
la invisibilidad.
Hice lo que me dicto y me quede mirando al espejo. La imagen
de Marc se hizo nitida al instante, pero no era él. Su reflejo era el de un
hombre robusto de edad media. Tenia un bigote largo y unos enormes mofletes
-Joder, menudo cambio- le dije.
-Pues anda que tu…- dijo señalándome.
Mi imagen no era ni un hombre alto, ni bajo, ni gordo ni
flaco, por no ser no era ni un hombre. El espejo me mostraba una chica joven,
no tendría más de 20 años, morena y de piel canela que se miraba asombrada.
Empecé a tocarme y mirarme directamente, yo me veía como un
chico, pero el espejo reflejaba una delgaducha chica.
-Tengo tetas- dije asombrado y tocándomelas con las dos
manos.
-¿Tu crees?- dijo irónicamente Marcos.
-¿Y siempre seré una chica cuando baje a la tierra.
-No, es aleatorio.
-¿Y quienes son estas personas?
-Son mortales desaparecidos- dijo Marcos- gente dada por
desaparecida en otra época. Las personas que son asesinadas y luego
desaparecidas van directamente al más allá y sus cuerpos nos sirven de
recipientes cuando bajamos.
-¿Y si les reconocen?
-No es posible, hay gente que trabaja estos temas- dijo
Marcos abriendo la puerta del baño y volviéndola a cerrar- hay otra clase de
ejecutores que se encargan de que estos cuerpos no coincidan con las personas que
les conocían ni en lugar ni tiempo.
-Entiendo- dije mientras miraba la cara de esa chica- que lástima,
era una chica muy guapa.
-Estas buena- dijo Marcos- hora de marcharnos.
El abrió de nuevo la puerta y apareció el ascensor de nuevo.
Entramos y automáticamente se puso en marcha.
-Esto no parece muy difícil- le dije mientras bajábamos.
-Esto ha sido una tonterías, las cosas difíciles vienen
luego- dijo Marcos- asesinatos, accidentes de trafico o aeronáuticos. Esto era
un simple intento de suicidio.
-Me esperan muchas cosas ¿verdad?- le pregunté.
-Seguramente- me contestó- debes saber que ser ejecutor
tiene sus ventajas en el más allá.
-¿Cómo cuales?
-Casa, horarios flexibles, paga de 5000 lunas a la semana y
algunas cosas más.
-¿Casa? ¿Lunas?- le pregunté.
-El más allá es una sociedad como cualquier otra Sergio,
pero con la diferencia de que no hay pobreza a menos que tú la elijas.
Saque el teléfono móvil y vi el emblema en la pantalla y lo
compare con el que ahora tenía en la muñeca.
-Yo creo que los ejecutores nacen, los que no tienen madera la cagan y los reencarnan- dijo Marcos.
-¿Qué pasa si te reencarnan?
-Pues te borran todos los recuerdos y se acabó- dijo.
-Todo este mundo me supera- dije sentándome en el suelo.
-No te preocupes, date un par de días y estarás listo.
Me quede mirando la puerta del ascensor, que subía sin parar.
Todo me había venido de golpe y aun tenía muchas preguntas sin responder, pero
supongo que no me queda otra que aceptar mi nueva vida por muy poco que
entienda de la misma. Esto es el principio de una historia con dudoso final, y
dudoso inicio.
Dia1 DDM (Edad: 1 día después de muerto)
Dia1 DDM (Edad: 1 día después de muerto)

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