jueves, 26 de julio de 2012

Algún día seremos viejos.


El primer día que escuché "algún día" fue cuando mi madre lo uso como escusa para no comprarme un helado a la salida de un parque temático. Siempre dijo que fue por prisas, pero yo pensaba que era tacañería.
Un helado sin fresa que me tenía robado el corazón desde que lo vi en el anuncio de la heladería. El típico reclame para mentes pequeñas. Supongo que mi madre pensó que era una cosa más. Que ese día no le venia de gusto, que simplemente prefería perder el tiempo y no poder ver la novela que tanto seguía.

La gente reduce su vida a planes. Puedes planear una vida, un trabajo, un viaje, una relación. Algún día tendrás todo eso que tanto querías. Esta en tus planes hacerlo. No sabes si hoy o mañana, pero algún día lo harás.

Algún día conocerás esa chica especial que tanto soñabas y por las noches te masturbabas. Algún día conocerás al príncipe azul en el que tanto pensabas en aquellas tardes de verano.
En mis planes entran muchísimas cosas. Escribir un libro, plantar un árbol, plantar a una chica en el altar y hacer un libro sobre ello. También probar todas las drogas conocidas para no tener la tentación de lo no conocido, pero no me veo con el valor ni las ganas de hacerlo...ya lo haré algún día.

Conocí una chica especial, sin duda lo era. Una chica agradable con la que me podía pasar largas tardes charlando sobre cosas sin sentido. Siempre había sentido cosas por ella, sobretodo cuando me tocaba. Podía sentir como los pelos de mi brazo reaccionaban como si se tratase de los de un gato. Creo que ella también se daba cuenta y se acercaba a mí a posta. En más de una ocasión tuve la oportunidad de abrirme, pero siempre pensaba que era demasiado pronto, así que me esperaba a un momento mejor.


Mi abuelo me dijo que me enseñaría a usar la antigua maquina de coser que tenía debajo de la escalera. Se podía pasar tardes enteras arreglando pantalones. Por la televisión o el videojuego de turno fui postergando su explicación, tanto así que me fui de esa casa sin aprender a hacerlo del todo. Murió sin que yo aprendiera.


Había una chica especial en mi vida pero no era parte de ella. Tenía la piel canela y estudiaba en otro instituto. Siempre fue agradable conmigo pero yo, por mi timidez, tan solo respondía con un simple hola para evitar profundizar más. Era guapa, no solo por sus grandes ojos si no también por sus grandes pechos, que a esa edad mis hormonas hacían que me fije muchísimo (¿hormonas? puede que no solo por eso las mirase) Con el tiempo nuestros caminos se separaron y nos dejamos de ver. En ocasiones la veo conectada en facebook pero me da pereza hablarle, tengo el miedo de no pasar del Hola ¿que tal? que es el ritual típico. Lo haré, se que lo haré, pero otro día.

Hace años conocí un hombre mayor que viví solo en una casa en la zona alta de Barcelona. En esos barrios todo estaba en subida. Allí, el vivía en un ático pequeño pero arreglado. Solo.
Pasábamos las tardes jugando al ajedrez y charlando sobre cualquier cosa. El había sido científico y le gustaba ceñirse en el sentido lógico de todo.
En Sant Jordi me pidió el favor que le ayudará a enviarle rosas a todas las chicas del mercado que estaba a pocas casas de su casa y donde solía ir a hacer la compra. Con esas personas el se había pasado charlando muchos años de su vida, y le gustaba tener detalles con todas ellas y luego me invito a desayunar requesón con mermelada de fresa. Nunca lo había probado, me gustó. Nos prometimos repetir la experiencia un día en que acabara mis exámenes.

Lo jodido del "Algún día" es que en la vida todo es aleatorio y la mayoría de planes se van al carajo. Unos por dificultad y otros por simple pereza, los planes terminan quedándose en un pedo mental que salió y acabó.

Ese viaje que planeaste nunca ocurrió. Nunca le dije a esa chica que me había enamorado de ella y ahora tiene una relación con otro chico.  No aprendí a coser, mi abuelo murió. Nunca conocí mejor esa chica que ahora esta al otro lado del mundo. Nunca desayuné con aquel señor, al que las lagunas acabaron con su cabeza.
Sin embargo, sigo haciendo esos planes y postergando esa reunión o viaje, me siento mejor así. Por miedo o por falta de recursos, pienso que no esta en mi presente.

De pronto dejas escapar un suspiro de incredulidad en silencio y te das cuentas que los planes no existen, que el destino es cambiante y que sin duda, algún día nos haremos viejos. Tan viejos que esos planes quedarán en un pensamiento y nada más.






















No hay comentarios:

Publicar un comentario